12 #4
Los registros llenaban tres estantes. Había listas de origen, destino, edad, oficio y deuda.
Una columna final asignaba cada persona a una necesidad productiva.
Los menores aparecían junto a cocinas, talleres o reclutamiento futuro.
Las mujeres embarazadas recibían una prórroga de seis meses.
Los enfermos se dirigían a casas de trabajo capaces de descontar alojamiento.
Isolde encontró el código de Ordel.
La ruta había sido aprobada cuarenta y nueve días antes de que la oficina local declarara la deuda. El destino inicial era una cantera de Rhyne. La indicación de Meral desviaba a las familias hacia el puesto de reclutamiento y después hacia trabajos diferentes según edad y fuerza.
—Nunca esperaban que llegaran a Meral —susurró.
Teren abrió otro libro.
—Mira esto.
Las tierras vaciadas figuraban como garantía de un préstamo entregado por el Consejo de Reconstrucción a las Casas. Si la aldea pagaba, la oficina habría devuelto una propiedad que ya servía para respaldar dinero ajeno.
—La deuda no podía terminar —dijo Isolde.
El escriba se movió en la sala contigua.
Teren preparó una bolsa.
—Sacamos los libros.
—Notarán el robo y cambiarán los códigos.
—Entonces copiamos rápido.
Había cientos de páginas. Isolde eligió los índices, las autorizaciones y una muestra de cada ruta. Teren copió fechas. Ella reprodujo sellos con carbón y cera blanda. También escribió doce nombres completos de personas asignadas a cada destino.
La puerta de la despensa se abrió.
El escriba levantó la lámpara. Tenía unos cincuenta años y tinta en los puños.
—¿Quiénes sois?
Teren puso una mano sobre el cuchillo.
Isolde cerró el libro.
—Personas de la ruta M-4.
El hombre palideció.
—Debéis estar en Meral.
—El puente está cerrado.
—Eso figura en la instrucción.
—Entonces sabías que las familias quedarían atrapadas.
El escriba dejó la lámpara sobre una caja.
—Copio lo que envían. Mi mujer está enferma y la oficina paga las medicinas.
—¿Quién prepara los destinos?
—Los administradores de Caleryon. Recibimos el paquete antes de cada cuota.
—¿Puedes probarlo?
El hombre señaló una caja cerrada. Teren abrió la cerradura con dos agujas. Dentro había sobres sellados y fechas de recepción. El de Ordel llegó al puesto meses antes del desalojo.
—Llévate uno —dijo el escriba—. Si falta la caja completa, me detienen. Un sobre puede haberse perdido en el traslado.
—¿Por qué ayudas? —preguntó Isolde.
—Mi hijo figura en C-7. Firmó un trabajo de seis meses. Lleva once sin volver.
Isolde anotó su nombre: Ilan Deyr, carpintero, diecinueve años.
—Buscaremos la ruta.
—¿Quiénes?
—Una red que puede preguntar por él en Caleryon. Necesitamos la fecha de su última carta y el nombre de quien se la hizo llegar.
Salieron por la ventana con las copias y un sobre original. El escriba volvió a su mesa. Al amanecer, enviaría la siguiente lista y conservaría una vía para avisar de nuevos códigos.
En el campamento, Isolde cotejó el sobre con las copias. Anotó qué fechas había visto en los libros y cuáles procedían de la declaración del escriba. En el margen escribió: los vivos primero. Ilan Deyr quedó entre los nombres que debían comprobarse en Caleryon.
Teren llevaría una copia por la ruta de tres nudos. Isolde conservó el sobre original junto a las órdenes de Ordel.
Isolde habló con los representantes de las tres caravanas.
Compartió los mapas de pozos abiertos, puestos y sendas.
Cada grupo decidió su destino. Algunos seguirían a Meral por la ruta de pastores.
Otros girarían hacia Vessa. Los jóvenes sin familia viajarían con Neris hasta encontrar trabajo que no los encadenara a una deuda.
—Podrías venir con nosotros —dijo Aren a Isolde.
—Tengo que seguir los carros hacia Arkhe.
—La Guardia te busca.
—Eso mantiene ocupados a algunos de ellos.
—¿Cómo te llamas?
La pregunta apareció otra vez delante de un camino abierto.
Isolde miró a Darel dormido dentro del carro, a Bel con la pierna entablillada y al picaporte azul en la mano de Neris.
—La mujer que caminó con vosotros —dijo.
—Es un nombre largo —respondió Aren.
—Puedes acortarlo cuando lo cuentes.
Neris le entregó una copia de las cifras: ochenta y tres personas al llegar al pozo y ochenta y cuatro después del nacimiento; catorce carros al principio, trece al final; una puerta perdida, una pierna rota y ninguna persona entregada al reclutamiento.
—Ese es el coste de nuestra ruta —dijo—. Lleva la cuenta si vas a seguir otras.
Isolde guardó la hoja junto al mapa de Nydel.
La caravana tomó el camino de Vessa. Los carros avanzaron despacio, cargados con todo lo que una aldea había conseguido rescatar. El primero llevaba un marco vacío donde antes estaba la puerta.
Teren tomó el desvío del relevo con las copias protegidas bajo la ropa. Isolde y Kaoran siguieron hacia el oeste.
En el cruce, encontraron un poste con tres flechas oficiales. Las tres apuntaban hacia puestos de la Guardia.
Isolde arrancó las placas. Dibujó debajo las rutas de los pozos libres y marcó junto al de Meral que el puente seguía cerrado. El puesto cambiaría el poste cuando lo encontrara. Hasta entonces, quienes llegaran al cruce podrían elegir con la noticia delante.