10 #4
—Sava estaba cerca. Los demás siguieron llamándolo. Lo sacamos con todos.
La mujer puso una mano sobre el pecho de Sel.
—Cuidaba un caballo que odiaba a todo el mundo.
—Mella me lo contó.
—El animal lo esperaba esta tarde.
Isolde buscó un carbón y pidió a la hermana que le dijera el nombre del caballo.
La mujer empezó a hablar de él mientras extendía la manta limpia sobre Sel.
Los muchachos la ayudaron a doblar el borde; uno añadió que mordía a quien intentaba ponerle la silla.
Isolde escuchó hasta que estuvieron preparados para llevárselo.
Antes del amanecer, tres guardias salieron por una grieta oriental. Afirmaron que una raíz de piedra caliente había sostenido el techo hasta que alcanzaron la escalera. Cuando el último cruzó, la galería cayó detrás.
Al oírlo, Isolde apoyó los dedos sobre el muro del granero. Sintió calor durante un instante y esperó a que se extinguiera.
Isolde dejó el granero mientras Nydel dormía alrededor de los heridos. Llevaba la copia de la clave, veintisiete nombres y una razón nueva para seguir la ruta de las máquinas.
* * *
El informe oficial atribuyó el rescate a la Guardia y a los ingenieros de la comisión.
Nydel contó otra historia.
Veintiséis personas salieron por una puerta abierta en la roca. Una mujer de capa gris llevó fuego dentro de una mina llena de gas y lo mantuvo en el tamaño de una moneda. Escuchó al dragón, sostuvo la salida y desapareció antes de dar un nombre estable.
La historia viajó con los trabajadores, las lavanderas y los carreteros. Cada versión cambió un detalle. La capa siguió siendo gris. La llama permaneció pequeña.
Isolde escuchó la primera canción desde la ladera.
Había vuelto al puesto para recoger las últimas pertenencias. Kaoran enrollaba mapas. Junto a Bruma esperaban dos alforjas, comida y la correa de Thalyon, recuperada de su escondite. Enna estaba junto al muro con Doven, Teren, Sava y Mella.
—Soren ha pedido cincuenta hombres —dijo Doven—. Llegarán dentro de tres días.
—Soren conoce el camino de la casa —respondió Kaoran—. Tendremos que marcharnos antes.
—Dejaremos las llaves en Nydel —dijo Isolde—. La cámara guarda medicinas y el pozo conecta con el cauce. Cada persona recibirá la ruta que vaya a usar.
Entregó una llave a Enna, otra a Doven y una tercera a Teren. Sava recibió las marcas de las vetas y el registro de la galería. Mella guardaría las listas de familias. Joren reuniría a los testigos de Cendral.
—¿Adónde vais? —preguntó Enna.
Isolde miró el mapa de los vivos. Los carros rojos viajaban hacia Arkhe. Rheskan había sido visto cerca del mar. Las cadenas de Ydrael seguían la misma dirección.
—Primero a los Llanos de Brasa —dijo—. Después al puerto.
Kaoran le entregó el cuchillo de empuñadura clara.
—Cumpliste veintitrés hace nueve días —dijo—. Pensé que esta vez podríamos celebrar cuando nadie sangrara.
Isolde miró las vendas de sus manos.
—Quedan unas horas.
Enna sacó una pequeña torta de avena. La había llevado envuelta en el mismo paño que usaba para las hierbas. Doven aportó una botella. Teren encontró tres vasos sin grietas y uno roto para Kaoran.
Comieron junto al muro mientras el sol bajaba. Isolde cortó la torta en porciones pequeñas para que alcanzara. Enna le devolvió la que había dejado sobre la mesa.
—Esa te toca.
Isolde la sostuvo un momento antes de probarla. Le habría gustado escuchar a Aelyn discutir por el vaso roto, a su padre pedir otro trozo aunque ya tuviera uno. Pudo quedarse junto al muro con aquel deseo mientras Teren servía la bebida.
Sava contó que Pella conservaría el brazo y que Emon había pasado otra noche. Al mencionar el entierro de Sel, bajaron los vasos. Isolde dejó sobre su rodilla la lista que llevaría consigo.
—Debería quedarme —dijo Isolde.
—Estarás en la lista de detenidos antes de que termine el entierro —respondió Enna.
—Puedo asistir desde el bosque.
Mella negó con la cabeza.
—La última tarea de Sel fue cuidar un caballo para otra familia. Ellos lo llevarán detrás del cuerpo. Nosotros diremos que ayudó a abrir la rueda. Tú ya has puesto su nombre en el lugar que corresponde.
Isolde sacó la lista de la mina. Junto a Sel había escrito: salida recuperada; cuerpo entregado; familia informada. Añadió una línea sobre el caballo.
El duelo también formaba parte del mapa.
Al anochecer, Isolde colocó las alforjas sobre Bruma y bajaron a la casa. Kaoran dejó la puerta abierta. Dentro quedaron una mesa, mantas limpias y un mensaje para quien necesitara refugio: toma lo útil, deja una señal.
—¿Volveremos? —preguntó Isolde.
—Los caminos permiten ambas direcciones —dijo Kaoran.
Isolde se detuvo en el umbral. La correa de su bolsa tiraba del costado; aflojó una hebilla antes de seguir a Bruma.
Nydel encendió tres luces en la distancia.
Isolde respondió con una llama pequeña en la palma. La sostuvo durante tres respiraciones y la cerró.
Kaoran tomó el camino del sur. Bruma lo siguió. Isolde fue detrás durante unos pasos y después avanzó a su lado.
La puerta quedó abierta al viento.