7 #3
Neral cerró el libro. La ficha había desaparecido.
El acuerdo estuvo listo al amanecer.
Neral había redactado cada condición con una precisión incómoda para Varek.
Aelyn recibiría acceso durante tres semanas, podría conservar copias de los documentos revisados y registraría su voto en las actas.
Los traslados laborales figuraban dentro de las rutas civiles.
Darian firmó primero. Varek leyó el texto durante tanto tiempo que la cera del sello empezó a enfriarse.
—Una observadora carece de autoridad para conservar copias —dijo.
—Entonces seguiré observando desde mis habitaciones —respondió Aelyn.
La primera sesión incluía representantes de ocho Casas, tres mandos de la Guardia y dos administradores de grano. La silla reservada para Aelyn quedaba al final de la mesa, lejos del sello y cerca de la puerta. Orla habría dicho que era el lugar más útil para escapar.
Varek aceptó el acuerdo.
El primer asunto fue Nydel.
El recaudador herido pedía refuerzos, nuevas listas y permiso para detener a las familias que difundieron las cuentas. El capitán recomendaba trasladar de inmediato a los trabajadores destinados a la galería roja. Su informe mencionaba a Iria Thennar como agitadora y posible usuaria de fuego.
Aelyn mantuvo las manos sobre la mesa.
—Las deudas originales suman ciento ochenta coronas —dijo—. Con los recargos ascienden a más de setecientas. ¿Qué parte financia la reconstrucción?
El administrador de grano buscó una hoja.
—Las tarifas cubren vigilancia, transporte y pérdidas.
—El carro de los registros cayó por falta de mantenimiento. La oficina carga la pérdida a una joven que conducía por orden del recaudador.
—La muchacha abandonó la jurisdicción.
—Con una herida que vuestro hombre pretendía trasladar al amanecer.
Varek juntó las manos.
—Lady Aelyn ha recibido acceso para comprender la complejidad del gobierno. Las cifras aisladas producen juicios rápidos.
—He leído el expediente completo.
—Entonces sabréis que Nydel debe cubrir una cuota de piedra.
—Sé que la cuota aumentó después de que la mina cumpliera el primer objetivo.
Darian miró al administrador.
—¿Quién autorizó el aumento?
—La comisión de confluencias.
—¿Con mi firma?
El hombre volvió las páginas. La respuesta estaba ausente y todos lo comprendieron.
Varek cambió el asunto hacia la seguridad. La piedra roja reforzaría Cendral, sostuvo, y el retraso podía abrir una ruta al Hielo. Aelyn pidió los informes que demostraban esa necesidad. Solo existían resúmenes firmados por la propia comisión.
—Propongo suspender el traslado hasta que un inspector independiente visite la galería —dijo.
Un consejero de Rhyne soltó una risa breve.
—La observadora propone.
—Mi voto quedará en el acta. El vuestro también.
La risa desapareció.
Darian leyó la lista de trabajadores. Había tres menores de dieciséis años y seis personas con familiares dependientes.
—Los menores quedan fuera —dijo—. También quienes tengan una herida certificada. El resto recibirá salario descontado de la deuda a una tasa fija por el Consejo.
—Eso reduce la extracción —advirtió Varek.
—La extracción se retrasará más si Nydel se rebela.
—Una rebelión se controla.
—También consume soldados que necesitamos en los pasos.
Aelyn anotó la tasa antes de que Varek pudiera devolver la discusión a la frontera. La pluma del escriba aguardaba junto a la casilla de los menores. Señaló el espacio hasta que el hombre escribió la exención.
Aelyn pidió que la tasa, el salario y cada exención fueran públicos, y exigió una inspección civil cuando una instalación sufriera un accidente grave. Darian aceptó. Varek añadió una condición: la medida llevaría la firma conjunta del regente y de la nueva observadora civil.
La trampa era clara. Las familias recordarían que Aelyn participaba en un sistema que todavía convertía deuda en trabajo.
—Mi firma irá acompañada de la propuesta original y mi voto a favor de suspender el traslado —dijo—. La inspección incluirá a trabajadores elegidos por el turno afectado.
—Eso confundirá el decreto —respondió Varek.
—Las cifras aisladas producen juicios rápidos.
Darian ocultó una sonrisa. Varek la vio.
El acuerdo quedó aprobado. Aelyn consiguió retirar a los menores, proteger a los heridos y hacer públicas las tasas. Los adultos siguieron sujetos a un trabajo impuesto. La mitad de una injusticia permanecía en pie, ahora con su nombre en el margen.
Cuando los consejeros salieron, Aelyn copió el código del transporte: RO-3/CENDRAL. El mismo código aparecía en las listas reservadas que Neral había logrado ver. La piedra roja y las personas viajaban juntas hacia una entrada occidental de la montaña.
Darian esperó junto a la ventana.
—Has ganado más en una mañana que las protestas de Nydel en un mes —dijo.
—Las protestas obligaron a que el asunto llegara a esta mesa.
—También llevaron a soldados y registros quemados.
—Los registros fueron copiados. La oficina sigue entera.
Darian recogió el informe de Iria.
—¿Conoces ese nombre?
—Aparece en el expediente.
—La descripción se parece a alguien.
Aelyn sintió la pieza de obsidiana contra la muñeca.
—Hay miles de mujeres con fuego en este reino.
—Pocas se enfrentan a un recaudador, preguntan por las tasas y se llevan las cuentas en lugar del dinero.
—Quizá la regencia esté enseñando estrategia a sus víctimas.
Darian dobló el informe.
—El oficial de Cendral vio a una mujer herida con Kaoran Thennar. Después Iria apareció cerca de su casa.
—Entonces tus hombres ya tienen una dirección.
—Registraron la ladera. La sobrina había desaparecido.
—Una administración eficaz.
Darian dejó el papel sobre la mesa. El pulgar cubrió el nombre.
—Si fuera ella, Varek intentaría terminar lo que empezó.
—Tú estabas allí cuando empezó.
—Podría protegerla.
Aelyn se levantó.
—Isolde ya conoció tu protección.
—Aelyn.
—Si tienes una prueba, tráela. Mientras tanto, una mujer de Nydel ha conseguido que preguntes por las personas a las que cobras. Eso debería preocuparte aunque se llame Iria.
Salió con la copia autorizada bajo el brazo. En el pasillo, marcó tres veces el borde del papel con la uña. Orla reconocería que aquella hoja debía viajar fuera del palacio antes de que Darian cambiara de opinión.
La primera sesión había abierto un archivo y una sospecha. También había colocado a Aelyn en un acta de la regencia. Tendría que responder ante las familias por cada decisión firmada. Esa responsabilidad formaba parte del acceso que eligió.
Antes de volver a sus habitaciones, Aelyn se detuvo en el puente iluminado. La fiesta seguía abajo. Las familias registradas comían pan marcado mientras los guardias anotaban quién había asistido. Los músicos tocaban canciones aprobadas por la comisión.
En la orilla opuesta, una ventana mostró tres luces breves.
Aelyn respondió apoyando tres dedos sobre la barandilla.
Antes de apartarse de la barandilla, Aelyn contó a los guardias que vigilaban ambas orillas. Dos habían seguido su movimiento de respuesta. La próxima señal tendría que viajar de otra forma.
Guardó la copia de Nydel junto a la pieza de obsidiana y regresó a las habitaciones. En una tira destinada a Neral escribió que las comprobaciones debían empezar por la mujer herida y las familias de la mina. Excluyó el nombre de Isolde.
Por primera vez en un año, la pregunta sobre la supervivencia de su amiga tenía una dirección. Aelyn apagó la lámpara después de copiar la ruta de salida.