Cenicienta perdió un zapato y yo las bragas CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

Del, no podía dejar de flagelarse, se sentía mal por sus acciones. Unos brazos poderosos la rodearon buscando consolarla.

—Me ha dicho que confía en mí, soy su hermana y la estoy traicionando.

—Has hecho lo mejor —le contestó una voz grave a su espalda.

—¡¿Lo mejor?!  ¡La estoy traicionando! —sollozó.

Ming, que había escuchado toda la conversación desde la habitación, la giró con suavidad sin perder el contacto.

—Y más que vas a tener que hacer si quieres protegerla.

Del levantó la vista, pero no rechazó su cercanía.

—¿Qué quieres decir?

—No es muy difícil de predecir que está embarazada de Quiang, y él tiene muchos enemigos. Si tuvieran conocimiento de ello…

Ming negó con la cabeza y no terminó la frase.

—¡¿Qué?! ¿Me estás diciendo que podrían hacerle daño?

—Corre peligro, Deli. Ella, tú, e incluso su hija Nicole. Su hermanastro y su padrastro están conspirando contra él, tiene muchos recursos e incluso asesinos a sueldo .

—¿Y qué tiene que ver ella en ese problema familiar?

—Quiang, esa noche no estaba borracho, sino drogado.

Hubiera sido fácil matarlo como lo han intentado varias veces.

Aunque, pensamos que no lo hicieron porque ahora su intención va más allá: quieren destruirlo de todas las formas posibles, y qué mejor manera que empezar manchando su apellido, su reputación.

—Ming sabía que no era del todo cierto lo que le revelaba, pero su objetivo en ese momento era hacerla partícipe de lo que ocurría y en última instancia conseguir su apoyo.

—¿Una trampa, su propio hermano? —Del pensó un poco—. ¡¿No será el capullo que la intimidó en la fiesta?!

—Sí, ese es Tai —confirmó Ming con un suspiro cansado—. Su hermanastro. Entre él y su padrastro están intentando socavar la fusión. Quiang se tiene que enfrentar a muchas dificultades y ahora, también a Nora.

—No intentes defenderlo —objetó Del, haciendo pucheros—. Por su culpa, mi amiga está en este problema, como si no tuviera bastante con criar a Nicole. No es que crea que Quiang sea culpable de su embarazo, pero ponerla en peligro es…

—Sí, el tema del niño es complicado —admitió Ming, bajando la mirada—. Por otra parte, no sé si me corresponde a mí decírtelo.

—¡Ming! Acabas de oír los más íntimos secretos de mi mejor amiga. Si no me dices lo que te está carcomiendo por dentro, vamos a tener un problema. Además, ¿lo sabías? —Del, se sintió de nuevo traicionada. ¿Tú sabías que Nora tenía las bragas?

Ming, abrió los ojos de tal forma que Del comprendió al instante que aquel detalle le era desconocido.

—No sabía lo que era —dijo, disculpándose mientras en su mente encajaban de golpe un sinfín de conclusiones que explicaban el extraño comportamiento de Quiang. —Sé que habló con ella, que es la mujer de aquella noche y que se llevó algo consigo. Nada más. Después siguió trabajando como siempre.

—Otra vez no has confiado en mí.

—Confío en ti, Del, más de lo que te imaginas, pero tienes que dejar que las cosas sigan su curso. Era Nora quien debía contártelo cuando estuviera preparada, no yo. Y como habrás visto, ha necesitado unas horas para poder hacerlo.

—¿Por qué Quiang no aceptaría al niño? —preguntó Del, cruzándose de brazos.

Su mirada fue tan contundente que Ming no pudo negarse. Le estaba ofreciendo una salida, a la vez que un ultimátum, o le mostraba la confianza que ella le pedía, o lo que surgía entre ambos terminaría por romperse.

—Quiang salía con una muchacha: Mina. Ella se quedó embarazada y le reclamó atención.

Él se puso muy feliz, deseaba tener ese hijo y la agasajó con todo lo que le fue posible, e incluso le pidió matrimonio, aunque el destino hizo que perdiera al niño cuando le faltaban unas pocas semanas para nacer.

—Eso es horrible, tuvo que pasarlo muy mal.

—Sí, fue un duro golpe para Quiang.

—Me refiero a ella. —Al ver la cara de reproche de Ming, se excusó—. Vale, él también. —Ming suspiró.

—La cuestión es que Quiang necesitaba conocer la verdad sobre aquella muerte pese a la resistencia de Mina. La autopsia reveló que no era el padre biológico. Investigó con empeño hasta que ella confesó: lo había utilizado únicamente para alcanzar su dinero y su posición.

—¡La muy zorra! —Ming se sobresaltó, Del era una caja de sorpresas y cambiaba de opinión con demasiada rapidez.

—No es la primera mujer que intenta embaucarlo con engaños, por eso es un tema difícil de tratar con él .

—¿Crees que podría pensar que es un ardid para aprovecharse de la situación? ¿Y si se enfurece por no informarlo? ¿Y si quiere quitarle al niño? —Cuando Del terminó de hacerse todas esas preguntas en voz alta, lo miró con disgusto—. ¡Nora no es así! —Ming sonrió.

—Lo sé, solo hay que verla para saber que es una buena mujer. Deja de hacerte tantas preguntas a la vez, porque no conseguirás hoy una respuesta. Además, tengo la sensación de que Quiang hará lo correcto, pero los obstáculos hay que enfrentarlos poco a poco.

—¿Sabes algo que yo desconozca? —Ming no le contestó.

—Poco a poco, Deli. Lo que tenga que pasar, pasará. Por ahora no intervengamos, mejor observar y ver a qué atenernos. Protegeremos a Nora, te doy mi palabra. No obstante, necesita tiempo para ordenar sus ideas y solo ella puede hacerlo.

—¡No puedo quedarme sin hacer nada!

—¿Quién ha dicho que no vas a hacer nada? —La cogió en brazos—. ¿Crees que no he escuchado que me llamas «pomposo impotente»? Reconozco que soy pomposo, pero voy a demostrarte que no soy impotente. Pienso hacer que esta noche olvides todas las preocupaciones.

—Vas a tener que esmerarte mucho, mi cabeza está muy inquieta.

—Me esforzaré.