Cenicienta perdió un zapato y yo las bragas CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

Tres semanas después.

Los dedos del presidente tamborileaban en la ruda madera, inmerso en sus reflexiones. Tras esa noche nefasta, no pudieron llegar a ninguna resolución, la botella había desaparecido junto al vaso y los demás utensilios. Aun así, estaba seguro de que lo drogaron.

No tenían intención de matarlo, pues no le hubiera sido difícil hacerlo aprovechando esa oportunidad.

Sin embargo, aquello seguía un plan trazado.

¿El motivo? Lo desconocía. No obstante, tras pasar un examen médico exhaustivo, descartaron que su salud corriera peligro.

Así que podía ser que quisieran desestimar su reputación o liderazgo; tal vez socavar su orgullo.

Tendría que averiguarlo, aunque de lo que se hallaba seguro es de que volverían a intentarlo. En cuanto a esa hechicera; aquella que se aprovechó de su estado; la que últimamente había entrado en sus pesadillas sin un aspecto definido con lo que identificarla, se encontraba en el anonimato.

Por más que se afanó en recordar esa noche, no vislumbraba su rostro. Apenas podía encuadrar su voz, solo una fragancia, pero quizás era algo que había asimilado con anterioridad en el ascensor; el olor que desprendía la mujer tímida que viajaba a su espalda .

A diferencia de la zona VIP, que estaba repleta de dispositivos de vigilancia, en esa planta solo se ubicaban unos pocos, situados cerca de las escaleras y los ascensores.

Por eso todo le hacía pensar que no llegó a salir del hotel.

¿Sería una de las trabajadoras de la empresa?

Quizá alguien de la sucursal de Málaga, pues era el ala que le correspondía.

En ese momento tenía sesenta y tres candidatas en su mira.

Aun así, daría con ella, no tenía sitio donde esconderse.

Por ello decidió quedarse en España, situación que en un principio descartaba.

Ahora, tenía dos motivos para ello: primero, debía descubrir quién lo había drogado; quienquiera que fuese, no lo quería allí.

Y segundo, pero no menos importante, encontrar a la mujer que… , que se aprovechó de él.

Un escalofrío recorrió su espalda y sus hombros vibraron como campanas; aquel pensamiento lo llenaba de ira. Además, no podía descartar que ambas opciones estuvieran ligadas. ¿Y si ella era también cómplice?

Sumergido en sus reflexiones no se dio cuenta de que su secretario entraba en el despacho.

—Señor, todo está preparado.

—¿Desde cuándo tienes la costumbre de entrar sin llamar?

—Lo he hecho —dijo elevando una ceja.

—No me lleves la contraria, Ming.

—No, señor —indicó, consciente de que entre ellos existía una relación más cercana que la de un simple empleado y su jefe.

—¿Has revisado lo que te dije?

—Sí, hemos investigado la lista de los empresarios que querían hacerse con la compañía antes de que nosotros interviniéramos. Solo dos de ellos tienen la capacidad suficiente para absorberla y sus cuentas están en orden, no hay nada ilícito .

—Siempre hay algo. Revisadlo todo: cuentas, bancos, incluso familia, antecedentes o enfermedades, quiero saber hasta qué número de zapato calzan. Sea quien sea lo encontraré.

―Sí, señor.

―Desde que me hice cargo de esta fusión, he sido atacado dos veces de muerte, y ahora drogado. No creo en las coincidencias.

—Ya está en marcha, mis hombres están investigando lo que ha pedido.

—Recuérdame que te diga que eres uno de mis mejores secretarios.

—Soy el único, debería pedirle un aumento de sueldo.

—Encuéntrame lo que busco y lo hablaremos.

Ming sonrió, y agachó la cabeza en señal de aprobación.

—Y aprovechando que se encuentra de tan buen humor, ¿puedo recordarle que sería recomendable que contratase a un par de guardaespaldas?

—Conoces mi opinión, si lo hago perderé el anonimato que tanto me gusta. Por el momento, no quiero que los empleados conozcan mi identidad, entre las sombras se averigua información muy importante.

—Lo entiendo, pero si no lo hace, ¿no cree que puede perder algo más que el anonimato?

Quiang lo miró ceñudo, pocos le hablaban de esa manera. Sabía que su fiel secretario lo hacía con toda la buena intención y, en cierto modo, su razonamiento era aceptable.

—Lo pensaré. Vamos, tendrás que hacerte cargo del Departamento de Relaciones y Publicidad; sin un buen marketing no lograremos nuestro objetivo y no puedes llegar tarde a tu investidura, el personal te espera en la sala de conferencia.

—Entonces, me presentaré y empezaremos a trabajar.