CAPITULO 04 #2
—¿Por qué? —inquiere confundida—. Si ya terminaste todo, deberías estar tranquila y relajarte.
Créeme, eres afortunada, porque los demás de tu promoción andan estresados dando carreras.
Ellos están haciéndole correcciones a las correcciones, así, una y otra vez, sin parar.
Algunos no terminarán hasta un día antes de la defensa, eso es seguro.
—Lo entiendo pero… es que de verdad necesito enfocarme en otra cosa.
Usted me conoce, yo no puedo estar estos meses que faltan sin hacer nada.
Tengo otro estudio que comenzar y no puedo hacerlo completamente, si aún tengo la tesis en mis pendientes.
Preciso cerrar este capítulo y dedicarme de lleno a mi próximo paso. Por favor compréndame.
—¿Y ese otro estudio te está quitando el sueño? ¿Así de importante es?
—Sí profesora, es lo más importante en mi vida ahora —declara Alexa, con una sonrisa—. Es por eso que me urge acabar ya con la universidad, perdón que se lo diga de esa manera.
—Pero… ¿si sabes que la graduación es en cuatro meses, verdad? Eso no se puede adelantar.
—Claro, eso lo sé, y no tengo problema con el acto de graduación.
Solo necesito cerrar este capítulo para poder enfocarme al cien por ciento en mi otro estudio.
Yo sé que en esos cuatro meses avanzaré mucho, pero…
si tengo que esperar todo ese tiempo para defender mi tesis, será horrible.
No podré hacer nada teniendo dos cosas a la vez en mi cabeza.
—Bien Elkins, te comprendo... ¿Para qué fecha estabas pensando?
—¿Puedo elegirla? —pregunta sorprendida.
—No, pero yo puedo proponer un par de fechas al consejo —replica ella, sonriéndole—. Tú dime las que te sirvan, así te ayudo un poco con eso. No te garantizo que las elijan, pero hay bastantes posibilidades, sobre todo si les damos dos o tres tentativas.
—Perfecto, déjeme revisar el calendario.
—Toma, acá tengo uno impreso —añade ella, entregándole el que tiene en su carpeta.
—Gracias profesora, pero necesito mirar es el calendario de la NHL.
—¿De hockey dices? —pregunta extrañada.
—Sí, ese mismo.
—¿Por qué? ¿Qué tiene que ver eso contigo? —inquiere entre risas.
—Es que mi chico me pidió venir a la defensa, por eso necesito mirar el calendario de partidos de su equipo —responde Alexa, sonriendo con timidez.
—Debe ser un súper fan, si no puede venir a tu defensa solo por ir a ver un partido.
—No profesora, no es un fanático. Él es un jugador profesional de hockey.
—¡Ah! Eso es diferente, ahora sí comprendo. Oye… no sabía que te gustaba el hockey. ¡Qué emocionante!
—No, la verdad es que no me gustaba, solo me gusta él. Bueno… ya me ha enseñado muchas cosas, ahora sí me gusta un poco el deporte.
—¿Y en qué equipo juega?
—En los Rangers.
—Perfecto, entonces revisa con calma el calendario y luego dame dos o tres fechas, para así mandar formalmente la solicitud al consejo.
Justo en ese momento tocan la puerta de la oficina y la abren lentamente.
—¡No mintieron! ¡Era verdad! —exclama Calvin, desde el marco—.
Hola Doctora, ¿cómo está? Perdone que entre, pero…
tenía que venir a ver con mis propios ojos, si era cierto lo de la aparición que se comenta en los pasillos —añade riéndose, a la vez que entra a la oficina—.
Bueno… por lo visto te olvidaste de todo el mundo.
—No digas tonterías Calvin, es bueno verte —replica Alexa—. ¿Cómo has estado?
—Pues muerto con la tesis, ya no aguanto más —suspira él fuertemente, a la vez que se sienta en la silla junto a la de ella—. ¡Odio todo esto! Perdón profesora, pero es la verdad.
La Doctora Rachell solo se ríe al escucharlo pero se mantiene en silencio.
—¿Por qué estás tan atrasado? —cuestiona Alexa.
—No sé… ya mi cerebro está fundido —comenta él, encogiéndose de hombros—.
Me cansé de hacer correcciones y que me sigan diciendo que debo hacer otra, cuando aún no he terminado la anterior.
Ya mis neuronas no funcionan como hace tres meses.
Estoy cansado y estresado, mira mis ojeras…
es un infierno —añade señalándose la cara.
—Lo siento, la verdad es que no me imaginé que estarías así de estresado.
—Ahora todo es una porquería. En cambio tú… te ves fresca y tranquila.
—Hago lo que puedo —dice Alexa, encogiéndose de hombros y él se ríe.
—Seguro es porque ya tienes todo listo, por eso estás tan radiante.
—O es porque ahora está de novia —bromea la Doctora Rachell.
—¡Qué! ¡¿Tú de novia?! —exclama Calvin, sorprendido—. ¿Qué clase de chiste es ese? ¿Me río ahora o lo hago luego?
—Calvin, no seas idiota —replica Alexa, poniendo los ojos en blanco.
—Profesora… ¿lo dice en serio?
—Sí claro —afirma la Doctora Rachell, con tono serio—. Elkins está saliendo con un jugador profesional de hockey.
—Alex… dime que eso no es cierto.
—¡Ya Calvin! ¡Deja de molestar! Y por si no lo notaste antes… estas interrumpiéndonos. Puedes dejarme terminar de conversar con la profesora y luego hablamos tonterías en el cafetín.
—Está bien… perdón por la interrupción —dice él, levantándose—. Te espero en el cafetín —añade saliendo de la oficina.
Alexa se queda unos segundos observando la puerta, luego suspira y niega con la cabeza.
—Elkins… ¿era un secreto? Perdón, yo no lo sabía. No debí haber comentado nada, lo siento —dice la Doctora Rachell, apenada.
—Tranquila profesora, no es que sea un secreto, solo que… nosotros preferimos no hacerlo público —aclara Alexa, con una sonrisa—. Al menos acá, nadie lo sabe.
—Me siento mal, yo lo comenté pero no fue con mala intención Elkins. En verdad lo siento.
—No hay problema, es solo que ahora será un fastidio —añade ella, con un suspiro—. Usted sabe que Calvin y Luca son como uña y mugre... ¿Aún lo siguen siendo, no?
—Sí, no hay poder humano que separe a esos dos.
—Bueno… al menos hoy traje mi auto, así que me puedo ir rápido antes de cruzarme con mugre.
—¿Te fuiste en malos términos con Luca?
—No profesora, es solo que… no concordamos en muchas cosas. Usted me conoce, sabe cómo es mi trabajo, lo que hago y lo me esfuerzo. Y bueno… también lo conoce a él.
—Lo entiendo Elkins, no soy ciega, pero no te hagas mala sangre. La ley del más fuerte nunca desaparecerá, así que mejor no le des importancia.
—Sí, eso es exactamente lo que hago.
—Aunque, te puedo contar algo. Es lo que se sabe y se escucha por los pasillos... Vittofi te quiere… Apenas te gradúes, ellos vendrán por ti.
—Lo sé profesora —afirma Alexa, sonriendo.
—Por los momentos… es un rumor a voces, pero a mí no me sorprende —declara la Doctora Rachell—. Eres la mejor con muestras de origen vegetal, cualquier multinacional farmacéutica te querría.
—Gracias profesora —replica Alexa, orgullosa—. Sí… lo de Vittofi lo vi venir desde hace varios años.
—Me alegro por ti Elkins, es tremendo. Te mereces ese lugar, te esforzaste mucho.
—Profesora, yo le tengo mucho aprecio y confió en usted, pero… ahora creo que necesito enfocarme en otra cosa. Ya tengo otros asuntos en Vancouver, mi vida está allá, y no la dejaría de lado por ninguna multinacional, sin importar la que sea.
—¿Por amor dices? —pregunta ella, con asombro.
—Por amor y por la ciencia —responde Alexa, entre risas—. Como le comenté antes, ya tengo otro estudio en mente y lo haré allá, si puedo tener ambas cosas en mi vida, entonces no podría ser más feliz. Pero si me pregunta hoy, la respuesta es… que no me interesa ninguna farmacéutica.
—Te escucho muy segura de lo que dices.
—Sí lo estoy, como nunca antes. Ya no soy la misma chica que se fue de acá hace unos meses. Ahora sé lo que quiero y lo que no.
—Me alegra oírte hablar así Elkins, y pensándolo bien…
creo que serás la primera ingeniero que rechace a una multinacional de esa categoría.
No sé qué harán ellos en ese caso, quizás te ofrezcan más dinero, porque no creo que estén acostumbrados a recibir un no como respuesta, mucho menos después de haberte seguido la pista todo este tiempo.
—Pues tendrían que ofrecerme mínimo unos doscientos cincuenta millones de dólares, para que por lo menos me sentara a pensar en su propuesta —replica Alexa, encogiéndome de hombros.
—Elkins… hablas con tanta convicción. Veo que estás muy decidida, me gusta oírte así. Tienes razón, eres otra chica.
—Estoy muy segura profesora, me tengo mucha fe.
—Me alegra verte así de feliz,sin duda te hizo bien Vancouver.
—Me cambio la vida profesora —confiesa ella, con una sonrisa—, fue la mejor decisión irme para allá.
—Elkins, perdona si soy indiscreta, pero… es que te veo demasiado enamorada.
—Lo sé —afirma Alexa, entre risas—. La realidad es que estoy completamente enamorada, no cabe más amor en mi pecho y él también se siente igual. Así que… soy la chica más feliz del mundo en este momento.
—Te felicito, es lindo verte así, aunque… permíteme darte un consejo. No enloquezcas solo por amor y dejes de lado la química.
—¡Nunca profesora! —exclama Alexa, riéndose—. Además, él me está apoyando con todos mis planes, inclusive sé que me montaría un laboratorio completo sin importar el costo, si yo se lo pidiera.
—¡Eso es fantástico Elkins! Entonces, sigue trabajando y cuida a ese chico —añade ella, sonriéndole.
—Lo haré profesora, cuando tenga las fechas elegidas se las envío para que usted se las pueda comunicar al consejo. Hablamos pronto —comenta Alexa estrechando su mano, para luego levantarse de la silla.
—Espero esas fechas, cuídese Elkins.
Alexa sale de la oficina y comienza a caminar por los corredores de la universidad hacia el estacionamiento, justo en ese momento suena su teléfono, al sacarlo del bolso, lee el nombre de Anthony en la pantalla, de inmediato sonríe y atiende.
—Hola amor, me tenías olvidado.
—Perdón Oti, sí vi tus llamadas, pero no te pude atender antes. Es que recién salí de la reunión con la profesora.
—Está bien, tranquila. ¿Cómo te fue?
—Pues… la verdad salió bien. No tuve que arrodillarme, lo cual fue bueno —bromea ella, entre risas—.
Tengo que revisar bien las fechas y enviarle tres posibles, para que ella mande la solicitud al consejo.
Me dijo que, en cuanto tenga la respuesta sobre la nueva fecha de la defensa, me lo hará saber.
—Entonces… ¿si te la adelantarán amor?
—Ella cree que no habrá problema Oti, y como soy una de sus alumnas favoritas, sé que me ayudará.
—Eso suena genial, me alegro mucho por ti. Amor, ya te mandé el boleto de entrada por correo.
—Gracias. ¿En qué parte conseguiste asiento?
—Lo pedí lo más cercano a la pista, pero los mejores asientos ya estaban agotados, así que me consiguieron en la tercera fila, estarás cerca de nuestra banca.
—Es perfecto Oti, porque aún te podré ver de cerca.
—Sí amor... ¿y ahora dónde estás?
—Voy caminando hacia el estacionamiento, voy a pasar a comprar algo de comida y luego voy para la casa.
—¡Ay por Dios! ¡Cargas el jeep! —exclama él, riéndose.
—Sí Oti, cargo tu jeep, prometo que te lo cuido —replica ella, entre risas—. Gracias por dejarme conducirlo, es una belleza. Te llamo en lo que llegue a casa, te mando un beso enorme, te extraño.
—Yo también te extraño un montón, ve con cuidado amor. Poka lyubov’.
—Poka lyubov’.
Alexa finaliza la llamada y continúa caminando, guarda el teléfono en la mochila, mientras que busca las llaves del auto.
—Entonces, la cosa es seria si ya te presta su jeep...
—¡Ay Calvin! ¿Me quieres matar de un susto? ¿Qué es eso de escuchar conversaciones?
—No, yo solo te vi caminando y como no fuiste al cafetín, me acerqué justo cuando hablabas por teléfono… no te iba a interrumpir. Igual solo escuché lo del jeep —aclara él, sonriéndole.
—Está bien… ¿Qué me querías decir? Disculpa por no ir al cafetín, pero es que la reunión con Rachell se alargó y ahora tengo otro compromiso.
—Nada en especial, solo quería ponernos al día. Es que me dejaste sorprendido, solo eso.
—Bueno que te puedo decir —replica ella, encogiéndose de hombros—. Yo sigo trabajando en mis prácticas, la verdad es que me he esforzado mucho, sin parar, todos estos meses. Y aunque tú digas que no se nota en mi cara, yo duermo poco al igual que todos ustedes.
—Claro, yo más que nadie sé lo que te esfuerzas en las prácticas. ¿Allá conseguiste un nuevo grupo o compañero de laboratorio?
—No, en laboratorio siempre trabajo sola.
—A okey… ¿Y cómo te fue con Rachell? ¿Te dio una mano con la tesis?
—No, sabes que ella no es tutora, solo forma parte del consejo. Calvin… yo no recibo trato preferencial por ser más joven, yo no tengo corona.
—Acá no tienes corona, pero sin duda en Vancouver sí... viendo el jeep que te prestó tu jugador de hockey. Pues… en hora buena por ti. Un Sahara último modelo —comenta él, detallando el auto.
—Sí, ese es el que me prestaron —replica Alexa, mientras que sonríe por dentro—. Bueno Calvin… ya tengo que irme, fue bueno verte, solo recuerda… no empieces a mezclar café con bebidas energéticas, son un coctel de muerte y no te ayudará en nada.
—Oye… ¿y no me preguntarás por Luca?
—¿Qué quieres que te pregunte? —inquiere Alexa, confundida.
—No se Alex…. Dime tú, ¿qué quieres saber?
—¿También sufre con la tesis como todos? —replica ella, a la vez que abre la puerta del jeep y se sube al asiento.
—Esa pregunta es muy obvia. Además… ya te la respondiste tú misma. ¿Es que acaso no quieres saber algo más sobre él? —insiste Calvin.
—Quizás luego, solo mándale saludos, la verdad es que ya se me hizo tarde —aclara ella, cerrando la puerta—. Cuídate Calvin, no enloquezcas.
Alexa nota como él se queda sorprendido mientras que ella enciende el jeep, después conduce fuera de la universidad.
Luego de un rato manejando, decide estacionarse al pasar por su heladería favorita, y entrar.
Después de tener su pedido, se sienta en una de las mesas del interior, ella comienza a revisar su teléfono mientras que va comiendo su helado, notando que tiene un mensaje nuevo.
Anthony
Ali, ya vamos saliendo del hotel para el arena.
Alexa
Está bien Oti, recuerda aplicarte el ANTES y DESPUÉS.
Al terminar de comer y salir de la heladería, ella reconoce de inmediato a los dos fotógrafos que están esperando frente al jeep, son los mismos que los abordaron el día anterior.
Alexa se cambia sus lentes por los oscuros, para comenzar a acercarse al auto, en cuanto los paparazis la notan, uno de ellos empieza a tomarle fotos mientras que el otro la graba.
—¡Oye! ¡Este es el auto de Tony! ¿Dónde está Tony? ¿Tú quién eres? ¿Por qué conduces el jeep de Tony Evans? ¿Crees que él piense quedarse acá y por eso compró este auto?
—¿Cómo es tu nombre? ¿Eres su asistente? ¿Su amiga? Esta es su heladería favorita, ¿por eso Tony te envió a comprar acá?
Alexa logra esquivarlos, se monta en el jeep y lo enciende para dirigirse hacia su casa.
—¡Ay por Dios! ¡Qué intensos! De verdad que no sé cómo Oti soporta esto —murmura ella en voz alta, mientras que conduce.