Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 23
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CAPITULO 23

A l escuchar a su hermano, Max piensa rápidamente en cómo ayudar a Anthony.

—No es eso, la verdad es que creo que Alex sufre de los nervios —comenta preocupado—. Ella estaba muy cansada, no se podía concentrar, las manos no le paraban de temblar e incluso tenía la boca seca. Me parece que a veces la superan los nervios y no los sabe controlar, por eso actúa así.

—¿Ella te dijo eso? ¿Qué tenía la boca seca? —cuestiona Carol.

—Sí, yo fui a comprarle jugo en dos oportunidades —afirma Max.

—Bueno… eso es un síntoma de nerviosismo, la realidad es que ya sabemos que ella se preocupa mucho —añade Carol.

Al cabo de unos minutos, la puerta del palco se abre, y todos observan como Alexa camina directo hacia el sofá donde se encuentran sentados los gemelos.

—¿No disque tu hermano estaba bien? ¡Allá abajo me trataste de loca y neurótica!

—¡Porque así actuaste! —dice Leo—. ¡Asúmelo y ya!

—Estaba preocupada por Anthony. Me duele que me digas esas cosas tan feas —replica ella, con algo de tristeza e indignación.

—¡Por Dios Alex! —exclama Leo, a la vez que pone los ojos en blanco—. Es que exageraste demasiado, e innecesariamente.

—¡¿Innecesariamente?! ¡Acabo de verlo en una camilla ensangrentado! ¡Vi como el Doctor tuvo que darle nueve puntos! ¡¿Y tú dices que exagero?! —exclama ella, alterada.

—¿Qué dices? —pregunta Max, preocupado.

—¿Ensangrentado? ¿Por los golpes de la cara? —cuestiona Victoria, angustiada.

—No… esos golpes no sangraban tanto como para requerir sutura —responde ella, volteando a verla.

—Alex… ¿nueve puntos por qué? —inquiere George, tomándola del hombro—. ¿A qué te refieres?

—Anthony tiene una cortada en la mano.

—No entiendo… ¿Cómo pasó eso?

—George… es que se cortó con el patín del jugador de los Rockies, ese que cayó dentro de la banca. Yo vi cuando Anthony salió corriendo para los vestidores, se lo dije a los chicos, pero… ellos no me creyeron. Yo sabía que algo le había pasado.

—¡Carajo! ¿Mi vida fue mucho? ¿En qué mano fue? —interviene Cooper.

—En la izquierda, la herida es en el dorso, de unos seis centímetros, le abarca desde el nudillo del meñique hacia abajo, termina justo antes de llegar a la articulación de la muñeca —explica Alexa.

—¡Ay por Dios! ¿Cómo está él? ¿Cómo lo viste?

—Vicky él me dijo que estaba bien, ya sabes cómo es, pero… estoy segura de que le duele, porque me comentó que estaba cansado. Incluso me pidió que les avisara que solo quería acostarse, no quiere salir a comer hoy, que si pueden compren algo para cenar en la casa.

—Cariño… dentro de lo malo —comenta George, abrazando a su esposa—, al menos fue en la mano izquierda.

—Sí, y que fue en el dorso y no la palma. Entonces en ese caso, voy a pasar primero por los vestidores para saludarlo y luego nos vamos —agrega Cooper, despidiéndose de todos y sale del palco junto con Carol y Logan.

—Entonces pasemos a comprar comida —dice George, acercándose al sofá para cargar a Kendall.

—Chicos… ¿ustedes lo esperan o se van?

—¡No! ¡Yo estoy muriendo de hambre! —responde Leo—. Tony tarda como una hora más en salir, me voy a desmayar si no como algo.

—Maxi entonces quédate con Alex —agrega Victoria.

Max se queda en silencio unos segundos, debatiendo en su mente sobre cómo responder, ya que sabe que su hermano preferiría que él no se fuera con ellos, para tener tiempo a solas.

—Alex… ¿te sientes bien? ¿Te molesta si me voy? Es que la verdad también tengo mucha hambre.

—Ve tranquilo Maxi, yo estoy bien.

—¿Segura Alex? —insiste Victoria.

—Sí, nos vemos en la casa. No se preocupen.

—Oye… al final no estabas tan loca. Aunque, admito que tienes visión de francotirador, sin duda serías buena acosadora —bromea Leo, abrazándola—. Pero… no uses tus habilidades para celarme.

—¡Cállate bobo! —replica Alexa, golpeándole el brazo, mientras que ambos avanzan hacia la puerta del palco, molestándose todo el camino.

Por su parte, Cooper va caminando por los pasillos, junto con su esposa e hijo, quienes se quedan en la sala familiar, mientras que él sigue hacia los vestidores. En cuanto Carol entra en la habitación, el grupo más nuevas de las WAGS, que no la conoce, se le quedan viendo fijamente.

—¡Hola Claire! —dice ella, acercándose a la esposa de Donovan, quien saluda a Logan, mientras que se quedan de pie conversando.

—Ese es el bebé que carga la niñera —comenta Harper, viéndolas.

—Sí, esa debe ser la esposa de Cooper —afirma Brooke.

—¿Pero que hace acá? —inquiere Harper—. Los exjugadores siempre van en el palco.

—Ni idea, pero por lo visto es amiga de Claire —añade Sarah, encogiéndose de hombros.

Claire escucha los comentarios, por lo que toma del brazo a Carol y la lleva hasta uno de los sofás vacíos.

—¿Qué pasa? ¡Estás actuando raro! —dice Carol, confundida.

—Es que intento disimular… Necesito contarte todo lo que pasó hoy.

—¿De qué?

—¿Es que no sabes nada? —cuestiona Claire, frunciendo el ceño—. La chica del otro día, la que cuidaba a tu bebé, vino hoy para acá pero andaba con la hermana de Tony.

—Sí claro, estoy al tanto. ¿Qué pasa con eso?

—Bueno… yo llegué de primera a la sala, y ellas dos ya estaban acá. La chica le estaba pintando la cara a Kendall, luego mis hijas comenzaron a jugar con ella. Al final, las niñas también querían pintarse y la chica fue muy amable y no tuvo ningún problema en hacerlo.

—Sí, eso también lo sé, yo vi la foto de las tres niñas juntas.

—Okey… resulta que en lo que empezaron a llegar las demás, el ambiente cambió por completo. La realidad es que las novias odian verla en la sala —comenta Claire.

—¿Pero por qué? —cuestiona Carol, frunciendo el ceño—. Si ella es la chica más dulce que existe.

—Me di cuenta de eso, pero hay un grupito que se la tiene jurada y no la quieren acá. Perdón que te lo diga, pero… dicen que no tiene el estatus suficiente como para estar aquí.

—¡Ay por Dios! ¡Como pueden ser tan idiotas! —exclama Carol, poniendo los ojos en blanco.

—Yo ya se los advertí, pero tampoco soy su mamá para andar repitiéndoles las cosas —añade Claire, encogiéndose de hombros—.

Ellas verán si se queman solas. Inclusive les comenté que dejaran a la chica en paz, porque al final lograrán un conflicto enorme entre Cooper, Evans y Tony, contra ellas.

Yo sé que la cosa de a poco va a escalar, y solo van a implicar y perjudicar a sus novios, estoy segura que ninguno de los chicos querrá tener un conflicto, y menos por el capricho de su novia de no ver a la chica aquí adentro.

—Claro… es más que obvio. Si yo soy un jugador, no querría involucrarme en un drama de chicas, sobre todo uno que involucre a dos leyendas. Están locas.

—Eso lo entendemos tú y yo, pero… las neuronas en esas cabecitas, no.

—¿Qué tan grave está la situación en este momento? —indaga Carol, preocupada.

—Todas están súper molestas, no solo porque estuvo hoy aquí en la sala, sino porque la vieron entrando a los vestidores. Incluso creo que algunas fueron a reclamarle a Larsoon. Yo no lo vi, pero si escuché que lo hicieron.

—De verdad están locas… —murmura Carol, sorprendida.

—Y ahora están que les sangran los ojos, porque minutos antes de que terminara el partido, la vieron entrando nuevamente a los vestidores.

De inmediato comenzaron a quejarse de que como era posible que ella tuviera acceso, que si pensaba celebrar con los chicos, que los iba a ver cambiarse, y otras estupideces más.

—Por Dios… —replica Carol, riéndose—. Ella entró porque estaba preocupada, es que vio cuando Tony salió herido, solo fue a averiguar qué tan grave había sido.

—¿Cómo que salió herido? ¿Por la pelea? —inquiere Claire, confundida.

—No, fue cuando el de los Rockies cayó dentro de la banca, resulta que cortó a Tony con el patín —explica Carol—. Tuvieron que agarrarle nueve puntos, estaba sangrado mucho, ella solo entró a verlo y luego subió al palco para informarnos.

—Pues imagínate… todo el drama que se arman, piensan cualquier cosa menos eso. Así que, ahora ya sabes cómo está el ambiente por acá... La verdad es que, siento pena por la chica, porque se convirtió en el único tema de conversación, y aun así, pintó a todos los niños. Eso sin duda no fue fácil.

—¿Los pintó a todos? —pregunta Carol.

—Sí, es que Richard quería una foto de todos los niños con los números de sus padres. Creo que él habló con Tony, para que se lo pidiera a ella.

Carol mira hacia los lados y observa a los niños jugando, ahí es cuando les detalla las caras pintadas.

—No me extraña, la verdad es que ella es muy dulce, por eso mi hijo la ama.

¿Verdad Logui? —inquiere ella, meciendo al bebé en sus piernas—.

Además, la conozco, sé que ella no querría socializar y menos aún, formar parte de este nido de víboras.

Claro… con el perdón de la abeja reina —bromea, causando que ambas se rían.

—Ya boba, lo sé —murmura Claire—. Como si yo disfrutara de tener que organizarles futuras despedidas de solteras, o baby showers, a la mayoría de estas arpías, recién llegadas —añade y se vuelven a reír disimuladamente.

Mientras tanto, Cooper entra en los vestidores, saludando y felicitando a todos los jugadores, quienes se están desvistiendo, hasta que se acerca al locker donde se encuentra Anthony.

—Mi vida… te puedo jurar, que ninguno de nosotros vimos cuando te pasó esto —afirma él, tomándole la mano para revisarle la herida.

—Es que todo sucedió muy rápido Tío. Para cuando me di cuenta, ya tenía el chorro de sangre corriendo por el brazo.

—No sé cómo Alex se dio cuenta, los chicos cuentan que ella estaba como loca, diciendo que algo te había pasado, pero ellos no le creían.

—Sí, sin duda no esperaba que viniera hasta aquí abajo —añade Anthony, sonriendo.

—¿Y la cara que tal? —cuestiona Cooper, revisándolo.

—Tengo dolor pero… qué más puedo decir. Aunque, creo que a Powell le duele más que a mí —afirma Anthony, causando que ambos se rían—. Estoy reventado. En serio tío… ya quiero llegar a la casa.

—¡¿Qué dices, Evans?! ¡¿Es que tampoco piensas acompañarnos hoy?! — exclama Donovan—. ¡Ganamos! ¡Tienes que venir con los demás! Tenemos que celebrar, será algo tranquilo, en el mediterráneo, solo comemos y brindamos.

—No Capi, gracias —replica Anthony—. Ni siquiera es porque iré a comer con la familia, hoy solo quiero llegar a la cama y cerrar los ojos.

—¡Cooper! ¿Cómo fue que criaste a tu sobrino?

—cuestiona Donovan—. No quiere festejar nunca con nosotros.

Tony… no tienes idea de las celebraciones que organizaba tu tío, eso sí era un desmadre.

Yo al menos soy un capitán enfocado, padre de familia, un tipo responsable —añade entre risas—.

Pero este loco… era el capitán sin hijos, sin horarios, sin reglas. ¡Eso sí que era una maldita locura!

—¿Qué Don? ¿Extrañando los viejos tiempos? ¡Es que yo sí era un capitán genial! ¡No como los de ahora! —bromea Cooper, haciendo que todos en el vestuario se ría.

—Eso si lo creo —murmura Anthony, mientras que se desviste.

—Bueno, entonces me voy. Nos vemos mañana en la tarde para lo de la chupeta.

—¡Ay tío! ¿Cómo voy a hacer lo de la chupeta con la cara así? ¡No habíamos pensado en eso!

—Para eso hay maquillistas en la sesión, o capaz que no les molesta y quieren la versión ruda de Tony Blue —replica Cooper, encogiéndose de hombros—. Mañana temprano les pregunto, no te preocupes por eso.

—¿Vas a hacer una publicidad de chupeta? —inquiere Donovan, riéndose.

—Sí Capi. ¡Tengo que facturar lo del video viral!

—Eso es una tremenda idea, la verdad es que no se me habría ocurrido. ¡Es genial! —exclama Donovan, riéndose.

—¡Claro que es genial Don! ¡Porque Tony tiene el mejor representante de todos! —bromea Cooper—. Creo que deberías ir pensando en cambiar el tuyo, mira que yo consigo los mejores contratos publicitarios.

—Está bien, lo pensaré. A mis hijas sin duda, les gustaría que hiciera una publicidad de chupetas —declara Donovan.

—Claro… toma todo el crédito —agrega Anthony, riéndose.

—Bueno… fue en parte idea de mi sobrina, pero yo contacté a los de la chupeta —aclara Cooper.

—Tío… ¿en dónde está ella?

—Se quedó en el palco, Vicky le envió un mensaje a Carol diciéndole que se iba con los chicos para comprar la comida, y que ella se quedó esperándote. Así que avísale cuanto estés listo.

—Okey —responde Anthony, levantándose—. Me voy a duchar.

—Entonces tu descansa y no salgas de farra con estos desadaptados —bromea y todos estallan en carcajadas.

Cooper se despide de los jugadores, sale de los vestidores y luego entra en la sala familiar, se acerca a uno de los sofá, saluda a Claire y luego carga a Logan en brazos, para dirigirse con su esposa hacia el estacionamiento del arena.

—Mi vida… ¿cómo está Tony?

—Le vi la cortada y sí fue grande, tenía toda la camiseta ensangrentada, hablé unos segundos con el Doc y me dijo que le va a mandar analgésicos —dice Cooper—.

La verdad es que es mejor que se vaya a descansar, porque mañana no solo le dolerá la cara, sino también la mano. Él estaba tranquilo, solo cansado.

—Sí es cierto —acota Carol—. Oye mi vida… Claire me comentó que las arpías estuvieron alborotadas hoy, por la presencia de Alex.

—¡Pero qué mierda! —murmura él deteniéndose.

—Lo sé… Ella me dijo que ya se los advirtió, y también les aclaró que no se buscaran problemas contigo, ni con George, pero… ya sabes.

—¿Es que no les quedó claro cuando las amenacé? ¿Creen que no hablaba en serio? Por mi hijo, que las hago vetar de todas las arenas de la liga —declara molesto.

—Bueno, mañana en la sesión de fotos de la chupeta, conversas con Alex, ya que ustedes dos quedaron en que ella te contaría si llegaba a tener algún problema con las víboras.

—Okey mi vida —añade Cooper, volviendo a caminar—. Eso haré, porque no permitiré que nadie ataque a mi sobrina, así me tengaqueenemistarconmedioequipo.