CAPITULO 22
F inalmente, los Rangers salen al hielo para calentar, Anthony patina alrededor de la pista, se detiene unos segundos frente a los asientos donde se encuentran sus hermanos y Alexa, luego sigue patinando y comienza a elongar.
—Oye Alex, mira, allá está Powell —comenta Leo, señalándolo.
—¡Ay por Dios! Ya lo vi. En serio que odio esto —dice ella, haciendo puchero mientras que Max le toma la mano—. No sé cómo pueden patinar tan tranquilos, sabiendo que se van a caer a golpes en minutos.
—De la misma manera como tú entras tranquila al ring, sabiendo que te caerás a golpes en minutos —replica Max, riéndose.
—Bueno… en eso tienes razón —añade ella, sonriéndole—, pero igual me cuesta asimilarlo.
Al finalizar los calentamientos, los jugadores regresan a los vestidores para las charlas finales, unos minutos más tarde, ambos equipos saltan al hielo, tanto Anthony como Powell, se encuentran en la alineación inicial, mientras que el árbitro sostiene el puck en la mano.
«¡Ay por Dios! No me gusta esto… ¡No lo soporto! Tengo miedo… no quiero que le peguen.» Piensa Alexa, mientras que se lleva las manos a la cabeza angustiada y su pierna derecha, tiembla sin parar.
—Tranquila… él va a estar bien —murmura Max, acariciándole la espalda.
—No puedo ver esto —susurra ella, con los ojos llenos de lágrimas—. Maxi… no puedo, esto me supera.
—Respira… solo no te vayas a desmayar. Si te sientes mal, mejor no mires, aunque ya es tarde para que subas, porque va a empezar.
—Maxi… tengo miedo —confiesa ella con la voz entrecortada, notando que sus manos comienzan a temblarle rápidamente.
—Hey… ¿por qué tiemblas así? —cuestiona Leo—. Cálmate… es solo un juego.
Alexa se pone de pie y cruza los brazos en un intento de controlar sus emociones, observa el reloj en la pantalla, suelta un suspiro largo y comienza a rezar en silencio.
Justo en ese momento, el árbitro deja caer el puck al hielo, e inmediatamente, ella ve como Anthony tira su palo al suelo, todo el público en el arena comienzan a gritar eufóricos ¡Tony Blue!, incluyendo a Max y Leo quienes se pusieron de pie para apoyar a su hermano.
Anthony y Powell se quitan los guantes, y patinan lentamente, acercándose, en cuanto llegan a la línea central, ambos se agarran de las camisetas y comienzan a golpearse a puño limpio, un golpe tras otro, mientras que el arena se está cayendo debido a los gritos y la algarabía del público, quienes están disfrutando del espectáculo.
Por su parte, Alexa está sufriendo horrores, las lágrimas le corren por el rostro sin que pueda detenerlas, observa como Anthony recibe puñetazos, hasta que llega un punto, en que no se percata cuál de los dos está golpeando más fuerte, o quien va ganando, ella solo se enfoca en contar la cantidad de golpes, e intenta ver en qué parte del rostro los recibe.
Finalmente, después de unos veinticinco segundos interminables, Alexa detalla cómo ambos jugadores se resbalan, y cuando caen al hielo, los árbitros se acercan para separarlos. Ella sigue llorando desconsolada con la vista fija en la pista, al mismo tiempo que todos a su alrededor festejan.
En cuanto Anthony se levanta y comienza a patinar hacia la caja de castigo, Alexa se inquieta al observar la cantidad de sangre que él tiene en el rostro.
«¡Dios! ¡No puede ser! ¡Oti! ¡Mi vida! ¡Ay no!»
Alexa se mantiene pensativa con la mirada clavada en Anthony, ella siente como Max intenta abrazarla, pero decide esquivarlo, ya que no quiere ser reconfortada.
«Solo quiero que se acabe esta mierda… es un infierno. ¡No puedo más!» Piensa ella, mientras que las lágrimas le caen por sus mejillas.
En ese momento, la imagen de Anthony colocándose hielo en la mano, aparece en la pantalla del arena, Alexa observa desesperada, como él tiene la boca ensangrentada y un ojo enrojecido.
Unos segundos más tarde, enfocan a Powell, quien ya tiene un moretón enorme en la frente y el ojo, con la nariz y la boca cubiertas de sangre.
—¡Mira como quedó! ¡Tony ganó! —exclama Leo.
Alexa continúa llorando, a la vez que no aparta sus ojos de la caja de castigo mientras que sus manos tiemblan sin parar.
«Esto es una tortura… No soporto verlo ahí todo golpeado sin que nadie lo ayude. Odio verlo herido.»
—Tranquila… ya se terminó. Él está bien —dice Max, tomándole la mano.
—No sabes eso, Maxi… —murmura ella—. Nadie sabe si él está bien, porque está encerrado ahí.
Finalmente se acaba el castigo, Anthony sale de la caja, patina directamente hacia la banca y luego avanza hacia dentro del túnel en dirección a los vestidores.
—¡Vieron! ¡Les dije que no está bien! —exclama Alexa, llorando de nuevo.
—Es normal que entren, no exageres. Contrólate… ya deja el drama.
—¡Leo basta! ¡No me digas nada! —replica ella, molesta.
—¿Por qué te enojas conmigo? —cuestiona Leo, frunciendo el ceño—. Yo no le pegué.
—Ya… entiéndela, ella solo está nerviosa —explica Max—. Mejor no le digas más nada.
A medida que el juego sigue su curso, Alexa mantiene la vista fija en la banca de los Rangers, esperando para ver si Anthony regresa, lo que sucede alrededor del minuto nueve del encuentro.
—¡Ves! ¡Ya salió! —comenta Leo, señalando hacia donde su hermano se encuentra sentado—. Él está bien, quédate tranquila.
Alexa lo observa detalladamente mientras que intenta calmarse, pero se encuentra tan agitada que los nervios le juegan en contra.
«Por Dios… necesito que este juego se acabe cuanto antes. Oti está todo golpeado, no puedo verlo así.»
En el minuto once, el entrenador Donson mete a Anthony al hielo, a la vez que, Alexa voltea la mirada hacia la pantalla, notando que el juego actualmente se encuentra empatado 1-1, sin que tenga recuerdo alguno de los goles.
El momento en el que el árbitro reanuda el juego, Alexa observa a los jugadores patinando, y unos segundos después, percibe como de pronto, el público comienza a gritar emocionado, incluso Max y Leo están haciéndolo, ahí es cuando ella se da cuenta, que Anthony está festejando junto con Sergei, para luego verlo acercarse hasta sus asientos.
Aun abstraída por los nervios, ella no reacciona de inmediato, en el momento en que lo ve detenerse enfrente de ellos y celebrar el gol, es cuando Alexa entra en razón de lo que está ocurriendo, pero aun así, no hay festejo ni alegría en sus expresiones, porque ahora logra ver por primera vez, las heridas tan de cerca en la cara de Anthony, y una vez más, las lágrimas comienzan a correr por las mejillas de ella.
—¡Estoy bien! ¡Estoy bien! —grita Anthony, al verla tan afectada.
—¿Escuchaste? —inquiere Max, acercándose a ella—. ¡Tony dice que está bien! Mejor sonríe porque se va a preocupar.
En el instante en el que Alexa escucha a Max, se limpia el rostro, se acerca al cristal y coloca la mano sobre este, mientras que le sonríe a Anthony, quien replica el movimiento de ella asintiéndole, para luego regresar con el equipo a seguir festejando el gol.
Alexa se hunde en su asiento, mientras que observa el resto del primer periodo sin poder parar de llorar. Max dándose cuenta de lo afectada que ella se encuentra, va a comprarle un jugo y regresa sentándose a su lado para intentar reconfortarla.
—Tranquila, solo bébelo —dice Max, entregándole la bebida—. Ya no te angusties, todo está bien.
—Gracias —murmura ella, tras tomar un sorbo.
El segundo periodo transcurre de manera similar para Alexa, aunque ya no se encuentra llorando, la verdad es que le cuesta mucho concentrarse, su cuerpo puede estar en el arena, pero su mente se encuentra atrapada en un bucle de repetición de la pelea.
El período termina con un marcador de 4 a 3, a favor de los Rangers, Alexa escucha como los gemelos comentan sobre los goles que marcaron Sergei y Taylor y también las dos asistencias de Anthony, pero la verdad es que no tiene energías para involucrarse en la conversación.
—Maxi… estoy mentalmente agotada —murmura Alexa, en cuanto inicia el último periodo—. Solo quiero que se acabe, mis neuronas ya no hacen sinapsis. Voy a cerrar los ojos, estoy muy cansada.
—¿Sientes que te estás desmayando? —cuestiona Max, preocupado—. Dime la verdad, si es así, nos vamos al palco.
—No, tranquilo. Es solo que mi cerebro está apagándose, de verdad estoy muy cansada, no sé… es que me cuesta mucho concentrarme.
Justo en ese momento, Anthony marca un gol después de recibir un pase de Owen, Alexa se da cuenta ya que Max y Leo saltan de sus sillas y comienzan a gritar eufóricos, ella voltea la mirada hacia la pista, se levanta y sonríe al ver como él se acerca para festejar frente a ellos, antes de regresarse a la banca.
Unos segundos más tarde, Alexa se vuelve a hundir en su silla, sintiendo la boca muy seca, volver a detallarle los moretones, y ver la inflamación que tiene Anthony en el rostro, solo empeoró su malestar.
«Ya faltan un poco menos de cinco minutos para que termine… puedo aguantar. Tengo que hacerlo por Oti…»
Para cuando se reanuda el partido, ella presta menos atención, ya que su vista se queda fija hacia donde Anthony se encuentra sentado, cuando de pronto, hay una entrada fuerte entre tres jugadores, en ese choque, uno de los Rockies es empujado contra la barrera y cae de cabeza dentro de la banca de los Rangers.
De inmediato todos los jugadores se apartan, para luego ayudarlo a levantarse y regresarlo al rink, mientras que Alexa se pone de pie preocupada, ya que está seguro de haber visto como Anthony entraba rápidamente al túnel que lleva a los vestidores.
—¡Chicos! ¡Algo pasó! —exclama ella, angustiada—. ¡Algo le pasó a Anthony!
—No sucedió nada, él ni siquiera estaba jugando —replica Leo—. Cálmate.
—Siéntate Alex… no pasó nada.
—No Maxi… algo está mal. Voy a ir a ver.
—Alex, pero aún no termina el juego, va a salir y tú no te darás cuenta —dice Leo, señalando hacia el hielo.
—¡No importa! ¡Tengo que ir! —declara ella levantándose y comienza a alejarse.
—¡Por Dios! ¡Estás neurótica!
—Ya Leo… déjala. Así se queda tranquila —comenta Max, observándola.