CAPITULO 20
S ophia sale de la sala de prensa y se dirige hacia la sala familiar, en cuanto entra, se acerca al sofá donde está sentada la esposa de Donovan.
—Hola Claire, que bueno que estás acá. Te estaba buscando.
—Sophia hola. Sí, dime.
—Es que vi la publicación de Donovan, es la foto más tierna y hermosa que hemos visto en mucho tiempo. Así que, estábamos pensando que podíamos hacer eso mismo pero con todos los niños.
—Claro, eso sin duda es una buena idea. ¡Me parece fantástico!
—Entonces… ¿podrías encargarte de alistar a los niños mientras arreglo la locación para la foto?
—No, yo no puedo. Es decir, no es no pueda, es que yo no sé pintar —aclara Claire, riéndose.
—¿No? —cuestiona Sophia, confundida—. Es que vi a tus hijas en la foto y pensé que lo habías hecho tú.
—No, sin dudas no fui yo. Soy malísima pintando.
—Okey… ¿Y quién las pintó?
—Lo hizo la chica que anda con Kendall Evans.
—Entiendo… —murmura Sophia viendo a su alrededor, buscando a Kendall pero no la consigue—. ¿Sabes dónde están?
—Escuché que ella dijo que subirían a sus asientos.
—Perfecto, entonces las iré a buscar, gracias —dice acercándose a la puerta pero se detiene cuando escucha su nombre.
—¡Oye Sophia! Creo que perderás el tiempo, la chica no quiere pintar a los demás niños —informa la esposa de Anderson.
—¿Por qué lo dices?
—Es que yo le pedí que pintara a mi bebé, y me dijo que no podía. Incluso ofrecí pagarle por ello, pero de igual manera no quiso.
—Está bien, déjame ver que hago.
Sophia se retira de la sala familiar y regresa al palco de prensa.
—Chicos… ¿algunos de ustedes tres de ustedes sabe pintar?
—Yo no —responde uno de ellos.
—¡A mí no me mires! ¡Soy pésimo! —declara otro, riéndose.
—¡Sophia que pregunta es esa! ¡Sabes que no!
—Bueno… entonces ayúdenme a conseguir a alguien que pinte a los niños.
En ese momento, Richard va pasando cerca de ellos y escucha la conversación.
—Sophia… pero ¿quién pinto a las hijas de Donovan?
—Claire me comentó que fue una chica que anda con Kendall Evans, pero no tengo ni idea de quién es. Solo me dijo que ya estaban en las tribunas, lo cual es un dato sin relevancia, es imposible conseguirla entre miles de personas.
—Yo tengo que ir a hablar con el entrenador, cuando baje, le pregunto a Tony.
—Está bien Richard, pero… creo que no quiere pintar a los demás niños —aclara Sophia, encogiéndose de hombros.
—¿Por qué lo dices?
—Es que la esposa de Anderson le ofreció dinero para que pintara a su bebé, y la chica le dijo que no.
—Okey… igual déjame preguntarle a Tony y te aviso —dice Richard, dirigiéndose hacia los vestidores.
De regreso en la sala familiar, las WAGS se mantienen conversando entre ellas y tomándose algunas fotos, hasta que escuchan como se abre la puerta.
—¡Chicas! Les presento a mi hermana, ella es Stacy. ¡Y viene directo desde Toronto, a adueñarse del cuerpo de Tony! —exclama Harper, la novia de Ryan.
—¡Hola! ¡De verdad que eres preciosa! —añade Brooke.
—Stacy… realmente eres hermosa. Te deseamos la mayor de las suertes —comenta Emma.
—¿Suerte? ¿A mí? Tranquilas, no la necesito —declara Stacy, causando que todas se rían.
—Bien, así se habla —agrega Audrey—. Necesitamos tener a Evans de nuestro lado.
—Sí, hay que meterlo en el sendero. Está actuando como una oveja descarriada —recalca Holly.
—¿Descarriada? ¿Por qué? —inquiere Stacy, confundida—. ¿De qué hablan?
—Por la idiota esa de la que te hablé… es la que sale en el video con Tony —explica Harper—. Honestamente… no sé porque ahora todos están bobos con una niñera.
—Pues… ni siendo una diosa en la cama podría competir conmigo —declara Stacy—. Así que no se preocupen, yo sé lo que hago. Espera… pero dijiste están... ¿A quiénes te refieres?
—Es que recién acabamos de ver a Clayton coqueteando duro y sin descaro con ella, los dos estaban a las mil risas, tomados de las manos. Incluso le dijo que lo llamara, que estará disponible para ella las veinticuatro horas del día, esperando su llamada —responde Brooke.
—¡¿Qué?! ¡¿Es una broma?! —exclama Stacy, frunciendo el ceño.
—No… es la verdad. Todas lo vimos —afirma Holly.
—Clayton es una hermosura, entonces… ¿qué hace fijándose en esa tipa? —cuestiona Stacy—. Él no tiene necesidad, le llueven las chicas.
—¡Pues para mí que se enfermó con el mismo mal de Tony! Porque no tiene ni pies ni cabeza, que Tony le preste atención a la niñera, siendo el galán y el jugador más cotizado del momento —comenta Audrey.
—No se preocupen chicas, que de Tony me ocupo yo —indica Stacy, con una sonrisa de suficiencia.
—Bien, entonces ahora hay que buscar a alguien para Clayton. Lo que queremos es deshacernos de la niñera, no que brinque de un jugador a otro —aclara Harper.
—Pero es Clayton… no es como si se fuese a enseriar con ella. Solo sería el juguete de turno y luego pasa a la siguiente —comenta Emma, encogiéndose de hombros.
—Cierto… viéndolo dese ese punto de vista, entonces es mejor que se enrede con Clayton, ya que después no la querrá ver ni en pintura, así que él nos estaría haciendo el trabajo de sacarla de acá —añade Audrey.
En cuanto Richard entra en los vestidores, nota que mucho de los jugadores están vistiéndose, mientras que otros están charlando y jugando entre ellos.
—Entrenador, esto es lo que actualizó el equipo de prensa de los Rockies sobre la alineación.
—Gracias —dice Donson, recibiendo las páginas.
Richard se despide y avanza hacia donde se encuentran los lockers de los jugadores.
—Oye Tony… ¿puedes venir un momento?
—Sí, cuéntame.
—¿Conoces a la chica que pintó la cara de tu hermana?
—Claro, ¿por qué?
—Es que vi la publicación que hizo Donovan con sus hijas y tu hermana. Yo le dije a Sophia que organizara todo para tomar una foto parecida pero con todos los niños.
—Okey… ¿y qué pasa con eso?
—¿Será que ella puede pintarle los números a los otros niños?
—No lo sé Richard… tendría que preguntarle. Aunque ya pintó a las niñas de Donovan, no creo que diga que no.
—Creo que es mejor si se lo pides tú, porque Sophia cree que ella no quiere.
—¿Es que Sophia habló con ella? —pregunta Anthony, confundido.
—No Tony, es que una de las esposas le pidió que pintara a su bebé, incluso le dijo que le pagaría por hacerlo, pero… al parecer no quiso —explica Richard.
—Entiendo… Bueno, déjame escribirle, creo que ella está en la sala familiar.
—Sophia ya la buscó ahí y no está, la esposa de Donovan le comentó que había escuchado que iría a sus asientos.
—Okey, dame un momento para llamarla —indica Anthony, quien se aleja hacia su locker, toma su teléfono y marca el número de Alexa.
—Hola amor, ¿en qué parte andan?
—Estoy comprándole un helado a Kenny.
—¿Puedes venir un momento a los vestidores? Es solo una tontería.
—Sí claro, déjame pagar y ya bajamos.
—Perfecto, gracias.
Anthony finaliza la llamada, guarda su teléfono y luego se acerca a donde está parado el jefe de prensa.
—Oye Richard, me dijo que está comprando un helado y ya viene.
—Bien Tony, yo estaré en la pista —indica Richard, alejándose.
Alexa termina de cancelar los helados y comienza a caminar hacia los vestidores, esta vez cuando llega con el guardia de seguridad, este no les pregunta nada, sino que en cambio, abre la puerta y las deja ingresar de inmediato.
Justo en ese momento, como a tres metros de distancia, se aproximan detrás de ellas, dos novias del grupo de las WAGS, quienes se quedan atónitas al ver cómo le dieron acceso.
—¡La dejó entrar como si nada!
—¡Sí! ¡Este es el colmo del descaro!
Alexa sigue caminando junto con Kendall, quien al pasar frente a la sala familiar, decide entrar corriendo para volver a saludar a las hijas de Donovan, mientras que ella se queda en el pasillo viéndola.
Después de unos segundos, voltea y se da cuenta que las chicas que iban detrás de ellas, se están acercando y la escanean de arriba abajo, sin ningún tipo de disimulo.
«¡Qué idiotas! ¡Por Dios! ¡Solo espero no tener que lidiar con esto en cada juego! Ya es suficiente con que me odien en las redes sociales, como para que también tenga que calarme esta mierda en el arena.»
Alexa piensa, a la vez que pone los ojos en blanco, al ver la mirada de desdén que le dieron las mujeres antes de entrar a la sala familiar.
—Oigan chicas… La arribista acaba de llegar —murmura Sarah.
—No… ella tiene rato acá, no está llegando —aclara Brooke.
—¿Lo dicen en serio? —inquiere Gisel, sorprendida—. ¿Estuvo acá todo ese tiempo?
—Ella llegó antes que nosotras. Es que imagínate que hasta les pintó la cara a las hijas de Donovan —comenta Audrey.
—¡Ah! ¡Es una viva! ¡Intenta ganarse a la capitana! ¡Por Dios, ya sacó los colmillos! —exclama Sarah.
—¿Dónde está? —cuestiona Stacy—. Necesito verla en persona. ¡Me muero por ver su cara cuando me vea con Tony!
—¿Y tú quién eres? —pregunta Gisel, frunciendo el ceño.
—Chicas perdón, ella es Stacy, mi hermana —explica Harper.
—Ah… Okey. Sí, hazlo. ¡Tenemos que tener a Tony en nuestro lado! —recalca Sarah.
—Entonces… ¿dónde está? —insiste Stacy
—Ahí afuera de la puerta, en el pasillo —responde Gisel.
—Okey… Ya vuelvo.
Stacy camina fuera de la sala y ve a Alexa de pie, mirando hacia dentro. Le pasa por un lado, sale al pasillo, voltea y la escanea con la mirada.
—Eres muy fanática... Lo digo por tu camiseta.
Alexa voltea la cabeza para observarla, no le responde nada y regresa la vista hacia Kendall.
—Lo del cabello azul… es tierno, pero en una niña claro. Aunque pensándolo bien… si te ves como una —acota Stacy, en tono burlón.
«Dios… dame paciencia para no golpear a esta maldita bruja.» Piensa Alexa mientras que se contiene, poniendo los ojos en blanco.
—¡Kenny! ¡Vamos! —exclama con fuerza, desde la puerta.
En cuanto la escuchan, todas las mujeres dentro de la habitación voltean a verla, sobre todo el grupo que está con Harper, quienes se quedan al pendiente de lo que ocurre afuera.