Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 17
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CAPITULO 17

C ae la noche, y todos duermen en casa de los Evans, Anthony como de costumbre al llegar la madrugada, sigilosamente ingresa en la habitación de Alexa.

—Hey… hermosa —susurra él, acostándose detrás de Alexa, mientras que la abraza.

—Oti… ¿qué hora es? —pregunta ella, girándose para quedar frente a él.

—Son las cuatro y cuarenta y cinco amor —responde él, depositando un suave beso en su frente.

Por su parte, Alexa mete las manos por debajo de la sudadera de Anthony e intenta sacársela, causando que este se ría.

—¿Estás apurada?

—Sí… hay que aprovechar el tiempo, solo tenemos una hora. A menos que… ya no quieras —murmura ella, viéndolo a los ojos—. En ese caso…. sigo durmiendo.

Alexa no espera una respuesta, solo se voltea, se cubre de nuevo con la sabana mientras que se ríe, a la vez que Anthony de inmediato se abalanza sobre ella.

—¡Ali! ¡¿Cómo que no quiero?! —cuestiona él, batallando para quitarle la cobija del rostro—. Dame mi masaje. Sabes que no podré concentrarme en nada más, hasta que lo hagas.

Alexa se mantiene riéndose sin descubrirse, por lo que Anthony se mueve a toda velocidad para quedar sobre ella, se arrodilla, y con el cuerpo de ella en medio de sus piernas, él se retira la sudadera, quedando vestido solamente con bóxer.

—Entonces… ¿me vas a dar mi masaje o quieres que te lo de yo a ti? —susurra él, acercando sus labios hacia el rostro cubierto de ella—. Aunque te advierto… yo no soy nada profesional. Lo haré solo por el placer de tocarte.

En ese instante, Alexa lo empuja utilizando sus piernas con fuerza, y lo mueve hacia el otro lado de la cama.

—Sí Ali, así me gusta, rudo —bromea él, causando que ambos empiecen con un ataque de risa.

—Oti basta… nos van a oír —replica Alexa, sentándose encima de él—. No me hagas reír.

—¡Dios! ¡Cómo me gusta tenerte así! —confiesa Anthony, pasándole suavemente las manos por las piernas.

—Oti… ya para —insiste ella, colocándole la almohada sobre la boca—. Van a escucharnos.

Anthony se quita la almohada de la cara, toma las manos de ella y las coloca sobre sus pectorales.

—¿Qué esperas? Nos quedan cincuenta y siete minutos, así que ya tócame.

Alexa se inclina hacia su mesa de noche, toma el aceite, vierte un poco sobre el pecho y los brazos de Anthony para comenzar a masajearlo despacio y con suavidad, disfrutando de tocar cada centímetro de su piel.

Él de inmediato se da cuenta de la diferencia abismal entre el masaje que ella le dio hace unas horas y el actual, la observa con detalle durante unos minutos, viendo el amor que Alexa plasma en cada movimiento.

Anthony cierra los ojos pensativo, dejándose llevar por las emociones que lo embargan, él está sintiendo una conexión emocional y energética tan grande, la cual le genera un tipo de placer que no conocía, las caricias de Alexa disparan nuevas sensaciones en su cuerpo, creando una explosión de serotonina.

«Nunca nadie me había tocado de esta manera… Se siente tan intenso, esto es mucho más que un coqueteo, es diferente… más íntimo. Parece que… Ali está… amándome con sus manos.»

Por su parte, Alexa sigue con el masaje, pero ahora lo hace en su cuello y pecho, manteniendo el ritmo suave mientras que delinea cada superficie con las yemas de sus dedos.

«Esto me encanta, amo tocar todo su cuerpo.

Es que… aunque ya lo he masajeado un montón de veces antes por las lesiones, esto es diferente.

Oti ahora es mío, solo mío y de nadie más, no dejaré de tocarlo nunca.

¡Santo cielo! ¡Me lo comería todo! Es mi chico…

lo amaré toda la vida.» Piensa ella, mientras que aprieta con todas sus fuerzas los bíceps de Anthony, al mismo tiempo que le deposita un beso en el pecho.

Al cabo de unos minutos, ella toma nuevamente el frasco de aceite y vierte un poco sobre el abdomen de él, mientras que ambos hacen contacto visual.

Alexa comienza a acariciarle los abdominales y oblicuos, luego sigue la línea de sus músculos con la yema de su dedo índice, en ese momento, Anthony apoya el mentón en su pecho durante unos segundos, para poder observar con detalle el recorrido que ella está realizando, luego se deja caer con un resoplido.

—Amor… detente —susurra él, tomándole ambos manos y atrayéndola para que se acueste sobre su pecho.

Ali… es que… solo con el roce de tu dedo, estremeces todos mis sentidos.

Esto es nuevo para mí, y te aseguro que me encanta, me vuelves loco y amo esto, pero…

solo déjame calmarme un momento — añade acariciándole los dedos—.

No quiero enloquecer contigo. Bueno… claro que sí quiero, pero no aun.

—Está bien, Oti.

Anthony la toma por la cintura, la levanta y la coloca sobre la cama, cambiando de posición con ella, y quedando arrodillado sobre el cuerpo de Alexa.

—¿Puedo pedirte algo? —inquiere ella, sonriéndole.

—Claro Ali, pídeme lo que quieras.

—Hazme lo que me hiciste en la tina —susurra ella, acercándose a su oído.

Anthony no puede evitar morderse el labio y luego sonreírle con picardía.

—¿A qué parte de lo que hicimos te refieres?

—A esta —responde ella, tomándole la mano derecha y la coloca sobre su boca.

Anthony entiende de inmediato y comienza a delinearle todo el contorno de los labios con el pulgar, nota con satisfacción como Alexa cierra los ojos, disfrutando de su toque, causando en él, una inyección instantánea de adrenalina, producto de la impresión que le causa ver por primera vez, esa sensación de placer en el rostro de ella.

Sintiéndose abrumado por las emociones, él retira lentamente el pulgar, pero es interrumpido cuando Alexa toma nuevamente su mano, la regresa a su boca, le besa el pulgar, lo humedece con la punta de su lengua, luego lo succiona por unos segundos para finalmente darle una suave mordida.

Anthony aleja su mano rápidamente de la boca de Alexa, se quita de encima de ella y se acuesta a su lado boca abajo, con la cara clavada en una de las almohadas mientras que murmura.

—Litio, helio, cloro, oro, plata, sodio, hidrógeno, magnesio, bronce, oxigeno, níquel, paladio, calcio...

Alexa se queda quieta por un segundo, solamente escuchándolo, hasta que empieza a reírse con fuerza, causando que Anthony se incorpore y le coloque una de las almohadas sobre la cara para amortiguar el sonido.

—Ali… basta —murmura él entre risas, mientras que vuelve a acostarse boca abajo a su lado.

Alexa se descubre el rostro, respira profundo y comienza a acariciarle el cabello a Anthony.

—Oti… ¿puedo abrazarte?

Él se coloca de lado, la mira a los ojos y asiente, en ese instante, ella se acerca más y lo abraza, con sus rostros quedando cerca, tanto que sienten la respiración del otro.

—Amor… no seas mala. Eso fue demasiado —confiesa él, con un suspiro—. ¿Cómo me vas a chupar así? Estás loca… me haces sacar voluntad de donde no la tengo para poder aguantarme.

—Lo siento, es que… realmente tenía muchas ganas de hacerlo. Oti… me gusta tanto que me toques la boca así.

—Sí amor, ya me di cuenta que lo disfrutas mucho.

—Aunque es tu culpa —afirma ella, viéndolo a los ojos—. No puedes tocarme así los labios y esperar que no me guste. En mi defensa… te pregunté antes y tú me respondiste que sí podía pedirte cualquier cosa.

—Ya sé, pero sin duda me tomaste desprevenido cuando me chupaste de esa manera —replica él, riéndose—. Entonces… ¿te puedo tocar la boca así siempre? Ahora que sabemos que lo disfrutas tanto.

—Hazlo siempre que puedas Oti. Me encanta, es que… no sé cómo describirte lo que me genera.

—Ali... creo que es placer —explica él, acariciándole la mejilla.

—Puede ser… esa es una buena teoría.

—¿Una teoría? —inquiere él, riéndose—. Ay Ali… amo tanto escucharte.

—Igual que yo —murmura ella, besándole el hombro.

Ambos se quedan en completo silencio durante unos minutos, solo disfrutando de la compañía del otro, hasta que Anthony vuelve a hablar.

—Ali… no pienso que sea una teoría. La verdad es que… creo que es placentero para ti, así como lo fue para mí.

—Oti… ¿sabes lo que pasa con las teorías? —cuestiona ella, apartándose un poco de él.

—No, ¿qué pasa con ellas?

—Que siempre hay que comprobarlas.

Anthony se ríe mientras que se mueve un poco en la cama, y estando boca arriba acomoda unas almohadas bajo su cabeza, a la vez que Alexa, se sube sobre su pecho, e intenta agarrarle la mano derecha para acercarla a sus labios.

Él rápidamente la esconde debajo de su espalda, ambos comienzan a jugar y forcejear durante unos minutos, tratando de no reírse tan fuerte, hasta que se cansan.

—Ya… me rindo. Ganaste. Me queda claro que no quieres comprobar la teoría —declara Alexa, acostándose a su lado.

—Claro que quiero amor, pero no ahora. Te tengo miedo —confiesa él, poniendo la cara de lado en la almohada para poder verla a los ojos.

—¿Miedo? ¿Por qué me tendrías miedo? —cuestiona ella, sonriéndole—. Estás loco.

—Claro… porque te abalanzas sobre mí con un fosforo encendido, mientras que yo estoy impregnado de combustible.

—¿Yo me abalanzo?

—Bueno… no literalmente. Aun —bromea él, guiñándole un ojo—. Hey… igual lo disfruto. De verdad que esto es genial amor, no lo cambiaría por nada.

—Oti… yo realmente lo estoy disfrutando. Muchísimo, creo que… demasiado, así que gracias.

—Sé que lo disfrutas. Ves… yo sabía que en el fondo eras una vampiresa, viste como disfrutas mordiéndome.

—Oti… ya basta. Nos estamos riendo demasiado, alguien va escuchar. Ya mejor duérmete.

—No amor… la verdad es que no creo que pueda hacerlo aun. Me dejaste muy alborotado.

—Yo sé cómo hacerte dormir.

—¿Si? Okey… eso es nuevo.

Alexa le sonríe mientras que le indica que se coloque boca abajo, en cuanto Anthony lo hace, ella se sube a su espalda.

—Ali… basta de jugar con fuego. Ya bájate.

—No bobo, no estoy jugando. Te relajaré para que puedas dormir.

Alexa toma el aceite de su mesa de noche, y le aplica un poco sobre la espalda.

—No Ali —replica él, al sentirlo—. Amor… en serio. No puedo aguantar más.

—Shhhh Oti… solo relájate.

Alexa comienza a darle un masaje para descontracturar todos los músculos de la espalda, cuello y brazos.

—Okey… ya estoy de vuelta con la profesional —declara él, notando la diferencia en su toque—. Esta no me va a chupar la sangre.

Ella continúa como por unos diez minutos, hasta que se inclina para verle el rostro, notando que se ha quedado dormido. Con cuidado, se levanta despacio, se acuesta a su lado, los arropa a ambos y en pocos segundos se queda dormida junto a él.

El sonido de un teléfono despierta a Anthony, en el momento que abre los ojos, entra en pánico al ver la claridad de la habitación.

—¡Ali! ¡Ali! —exclama angustiado—. ¡Me quedé dormido!

Alexa se despierta y se sienta nerviosa mientras que lo observa tomar su teléfono de la mesa de noche.

—¡Es papá que me llama! ¿Será que no me vio en mi habitación?

Anthony se aclara la voz, mientras que intenta inventar en dos segundos, alguna historia para estar listo por si su padre pregunta algo.

—Hola papá.

—¡Cariño! ¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Dejando a los chicos en la preparatoria. Cariño, ¿será que podemos pasar a firmar el contrato con Apop a las once? Creo que no nos vamos a demorar más de una hora.

—Okey, sí, Pá.

—Perfecto, entonces nos vemos allá. Yo voy para el gimnasio y te aviso cuando salga, te mandaré la dirección.

—Está bien, nos vemos ahí. Te quiero.

—Te quiero hijo.

Anthony finaliza la llamada, soltando un suspiro de alivio.

—¿Qué pasó? —inquiere Alexa, acariciándole la espalda.

—Tranquila, él no está acá en la casa, creo que ni siquiera se dio cuenta, está llevando a los chicos a clases —explica él, volteando a verla—. Me dijo que fuera a las once para firmar el contrato con Apop.

—Okey. Oti… ya me iba a dar un ataque de pánico.

—Lo siento amor, es que no sentí la alarma. La verdad es que me dormí muy profundo.

—Oti… de igual manera ve a ver si está tu mamá.

Anthony sale con cuidado de la habitación, revisa en el piso de arriba, luego en el de abajo, incluso abre la puerta de casa y se asoma al porche para ver si se encuentra el automóvil, para luego regresar con Alexa.

—Estamos solos, el coche de mamá tampoco está —dice él, acostándose de nuevo en la cama.

—Qué alivio, pero… esto no nos puede volver a pasar.

—Ya se amor, aunque… todo es tu culpa —afirma él, riéndose.

—Sí claro, seguro —replica ella, sarcásticamente.

—Obvio que sí, no ves que me diste ese masaje y me dejaste noqueado. Es que te apuesto que si el teléfono no hubiese sonado, yo seguiría dormido.

Ambos comienzan a reírse, mientras que Anthony la abraza.

—¿Ya estás lista?

—¿Para qué Oti?

—Para comprobar la teoría —susurra él, acariciándole el labio con el dedo pulgar, provocando que estallen en carcajadas.

—No… Así no se vale Oti, no puedes hacerme reír antes, pierde todo el encanto.

—Bien, entonces te agarraré desprevenida, y vemos que tan placentero es.

—No seas malo… no te burles —dice ella, haciendo puchero.

—Tonta… no me burlo, solo estoy jugando.

—Okey. Solo… no lo hagas en público, creo que no está demás aclararlo.

—¡Qué! Ali… yo no estoy loco. Claro que no lo haré en público. Es como si yo te pidiera que no me mordieras el cuello cuando no estemos solos, sé que no lo harás —aclara él, acariciándole la mejilla.

—Bien, nos entendemos Oti.

—Amor… tengo una pregunta, es acerca de lo que hablamos ayer, lo del contrato.

—Sí, dime —murmura Alexa, jugando con el cabello de él.

—Cooper te explicó, que pagar un porcentaje es normal en este tipo de negocios. Ahora que estamos solos, necesito que me digas la verdad, ¿por qué no aceptas?

—Oti es que… yo no quiero trabajar para ti, y en el momento que me pagues algo, aunque sea solo una vez. Automáticamente, quedará un precedente de que soy tu empleada o de que en algún momento lo fui.

—Amor… pero nadie ajeno a la familia lo sabrá, solo nosotros.

—Lo entiendo, pero… me quedo más tranquila así. Además, yo me siento mejor apoyándote de la manera como lo he venido haciendo, me encanta que te vaya bien y que tengas éxito, te lo mereces. La verdad es que no tengo ningún interés en conocer o saber acerca de tus estados bancarios.

—Ali… ya sé que no estás conmigo por interés, si es a lo que quieres llegar —murmura él, tomándola del mentón para verla a los ojos.

—Obvio que no estoy contigo por eso, si no fueras famoso, ni tuvieras dinero, igual me gustaras. Mis sentimientos no cambiarían en nada.

—Lo sé amor, no me lo tienes que aclarar —afirma él, dándole un beso en la frente.

—Solo no me pidas que reciba ese dinero, porque no me siento bien haciéndolo. Tenlo tú y úsalo como quieras. Perdón por ser tan porfiada en ese tema.

—Está bien, tranquila. No te insistiré más, solo te diré que… lo utilizaré en cosas para hacernos felices a ambos.