Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 16 #2
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CAPITULO 16 #2

—¿Qué tanto entrenaste hoy? —cuestiona ella, aplicando presión en la mano.

—Una hora con el entrenador de boxeo, la mitad fue en la pista y la otra en el gimnasio.

—¡¿En la pista?! —replica ella, riéndose sorprendida—. ¡Ay por Dios! ¿Cómo se entrena boxeo en la pista?

—Bueno… el entrenador se coloca los patines y entra en el hielo conmigo, en el papel del rival. Ambos nos agarramos de la camiseta, pero yo soy el único que da los golpes mientras que él los recibe con el guante en la otra mano.

—Okey… eso sin duda es lo más raro que he oído en mucho tiempo —añade ella, causando que ambos se rían.

Unos segundo más tarde, Alexa le suelta la mano y le levanta un poco la camiseta, tomándolo por completo desprevenido, Anthony se le queda viendo sonrojado y un poco nervioso.

«¡Carajo! Es tan raro que me intente desvestir delante de los demás.

¡Cálmate! Si te sonrojas, todos se darán cuenta que ella te acaba de intimidar…

¡Por Dios! Estyo enloqueciendo, justo hace un momento deseaba que ella no tuviera miedo de tocarme así, pero después de nuestro momento en la tina…

me estremezco con facilidad.» Piensa Anthony inmóvil, mirándola como ciervo asustado.

Por su parte, Alexa nota su reacción, notando que él no sube los brazos para poder removerle la camiseta.

«Esto es raro… antes se la quitaba de inmediato. ¿Por qué se ve tan nervioso?» Piensa ella, entrecerrando los ojos.

—Hey… quiero verte, no puedes pelear con el hombro contracturado, luego de que estuvieras dando golpes por una hora —comenta ella, intentando disimular delante de los demás.

Anthony asiente, y comienza a quitarse la camiseta, intentando no sonrojarse tanto, luego Alexa se levanta y comienza a palparle todo el hombro. Ambos notan que desde la cocina los observan, por lo que ella se mantiene sería, a diferencia de él, que está risueño.

—Déjame buscar el aceite, tienes tensionado el deltoides. Necesitas una descarga —informa ella, caminando hacia las escaleras para subir a su habitación.

Anthony se queda viendo como Alexa se aleja, y luego voltea hacia la cocina cuando escucha la voz de George.

—Hijo… ¿Alex da buenos masajes?

«¡Por Dios que clase de pregutan es esa! Disimula… no seas tan evidente.» Piensa él, mientras que asiente.

—Sí Pá.

—¿Los puedes comparar con los que recibes en el club?

—Pues, son diferentes… Es decir, los que me dan en el club son muchos más intensos, porque los masajistas son hombres. Aunque, Alex combina varias técnicas y no solo se limita a presionar con fuerza, a mí me gustan sus descargas, porque no quedo tan adolorido.

—Bueno, espero te ayuden y que mañana domines a Powell. Oigan… ¿ustedes creen que Alex si resista o se desmaye mañana también? —bromea Cooper, causando que todos se rían.

En ese momento, Alexa baja las escaleras y regresa al comedor, donde le hace el masaje a Anthony, tanto en los hombros como en los brazos, para luego quedarse conversando.

Al cabo de un rato, los adultos anuncian que la paella está lista. Los gemelos se levantan del sofá y comienzan a acomodar la mesa, mientras que Alexa toma el florero para despejar el espacio.

—Hey… ¿dónde lo pondrás?

—Lo llevaré a mi habitación.

—Dame, yo te ayudo —dice Anthony, tomando los girasoles de las manos de ella.

Ambos suben a la habitación de Alexa, mientras que Anthony coloca las flores sobre el escritorio, ella lo abraza por detrás, él sonríe y se voltea para verla a los ojos.

—Oti… ¿vendrás a dormir conmigo en la noche?

—Obvio amor, esa es mi parte favorita del día.

—Cuando vengas… te daré el resto del masaje —murmura ella, sonrojándose.

—¿Estás bromeando? —cuestiona él, tomándola del mentón—. Amor… no juegues con mis emociones.

—No lo hago Oti. En verdad… quiero y me muero por dártelo.

—¿En serio?

Alexa asiente al mismo tiempo que sutilmente humedece sus labios con la lengua y Anthony sonríe.

—¿Lo harás porque te gusta un poquito tocarme? O… ¿por motivos estrictamente profesionales? —murmura él.

—Porque quiero que estés relajado antes del partido, y… también porque me gustas demasiado y disfruto tocándote.

—Ay… por fin. Eso es música para mis oídos —comenta él, dándole varios besos en la mejilla—. Ali… tócame todo lo que quieras. Soy completamente tuyo, no lo olvides.

Luego de horas de espera, finalmente la familia completa se sienta para comer.

—¿Qué es esto? —inquiere Kendall arrugando la frente, a la vez que levanta un trozo de pulpo entre sus dedos.

—Un tentáculo —responde Max.

—¿Un qué?

—Tentáculo —repite Max pausadamente.

—Cómelo cariño, es como una salchicha, pero del mar —comenta George.

—Es una salchicha horrible, y… no está derecha —añade ella—. Mira Leo… tiene como muchos ojos, es un mutante como los que dibujas, ¿verdad?

Los demás en la mesa no pueden evitar reírse mientras que siguen comiendo.

—Sí Kenny, se parece. Ya comételo, verás que es más sabroso que las salchichas —dice Leo.

Kendall lentamente se lleva el trozo a la boca, le pasa la lengua con mucha desconfianza para probarlo, a la vez que el resto de la familia se queda en silencio, mirando su reacción disimuladamente.

—Pues… a mí me gustan mucho —declara Alexa—. En casa, hay un restaurante cerca al que siempre voy, pido camarones scampi y estás mismas salchichas.

—¿Comes muchas de estás en tu casa de la playa? —inquiere Kendall, sonriéndole.

—Sí cariño, muchísimas. Es que son divinas —afirma Alexa, comiendo un trozo de su plato.

—Menos mal que a mí me gustan mucho los tentáculos —acota Anthony—, porque si es lo único que hay para comer cerca de tu casa, eso significa…

que sí podre ir —declara aguantando la risa y voltea la mirada hacia Logan—.

Oye Logui… mejor aprende rápido a comer mariscos, porque si no te gustan… no irás a la playa en vacaciones.

—¡Qué! ¡Claro que iré! ¡Mírenme comer! —replica Carol, dándole un pequeño trozo de camarón a Logan.

—¡Logui! ¡Qué bueno! ¡Sí irás con nosotros! —exclama Kendall, comiéndose el trozo de pulpo que mantenía en los dedos.

En la mesa se quedan expectantes, disimulando las risas mientras que la ven masticar.

—¿Te gustó cariño?

—Sí mami, es muy rico —responde Kendall viendo a Victoria, luego voltea la cara y le sonríe a Alexa.

—Entonces… hablando de mariscos y de playa —comenta Cooper, tras beber un sorbo de su limonada—. Avísenme si voy renovando unos cuantos outfit playeros, porque ni crean que se van a ir exclusivamente los Evans, sin nosotros —añade entrecerrando los ojos.

—Es verdad Alex, no sé qué tan grande sea tu casa, pero… tengan claro que no nos pueden dejar fuera del plan. Yo siempre quise una casa en la playa, así sea en un colchón inflable nos acomodamos —acota Carol, haciendo reír a los demás.

—¡Qué! ¡Claro que irán! ¡Oti! ¡Yo no voy a ir sin Logui! —exclama Kendall, preocupada—. ¡Alex! Viste que Logui se comió sus mariscos, ¿lo viste? A él sí le gustan.

Todos en la mesa se conmueven, mientras que vuelven a reírse de manera disimulada por su preocupación.

—Tranquila mi vida, yo lo vi, obvio que Logui irá, es que todos están invitados —responde Alexa—. Ahí veremos cómo nos acomodamos con las camas que hay, no hay problema.

—Bueno… ya yo lo tengo solucionado —interviene Anthony, y ella voltea a verlo confundida—.

Yo amoblaré las dos habitaciones de invitados, así que todos cabremos sin problemas.

Y señorita Elkins… —agrega señalándola con un trozo de pan que tiene en la mano—, le aviso de una vez, que no puedes decir que no.

Porque si esta multitud acá presente, te invadirá la casa gratuitamente durante el verano, al menos déjame ayudarte con los muebles que te faltan.

—¡Qué! —murmura Alexa, aun sorprendida.

—¡Perfecto! ¡Está decidido! Cariño, ya sabes que tienes prohibido decir que no —interviene George para respaldar a su hijo, al recordar la conversación que tuvo con Anthony en la fogata, sobre que ella no permite que él pague por nada.

—Bueno… no diré que no, porque realmente si quiero que estén cómodos y la verdad es que no me alcanza para amoblar la casa como me gustaría y como ustedes se merecen. No quiero ser una mala anfitriona, menos después de lo bien que me tratan acá.

—Pues Alex… yo no soy exigente, a mí no me importa dormir dentro del Jeep o en el suelo, mientras que sea en la playa. Ya eso es mucho lujo para este chico de cuerpo invernal —bromea Max, causando las risas de todos.

—Tú tranquila, que como huésped… te daré cinco estrellas de calificación.

Aunque… nos tengas comiendo salchichas de mar todos los días, durmiendo en el sofá, obligándonos a jugar voleibol en la arena, hasta altas horas de la noche mientras que tomamos un par de cervezas con la brisa del mar —agrega Leo, entre risas.

Todos se mantienen conversando amenamente, mientras que continúan comiendo y bromeando sobre los planes del verano, cuando son interrumpidos por el sonido del intercomunicador de la casa.

—Yo voy —anuncia Victoria levantándose del comedor y se acerca para ver la pantalla, en cuanto nota al repartidor, sonríe.

—Un momento por favor —dice ella en el intercomunicador, para luego voltearse y llamar a los gemelos—. Leo, Maxi.

Los chicos dejan de comer y se acercan a Victoria, quien les indica algo y luego ellos salen hacia el frente de la casa. Por su parte, Anthony acaricia la pierna de Alexa de manera disimulada por debajo de la mesa.

—¿Estás bien? —murmura él acercándose y ella le asiente—. ¿Segura? Si quieres irte o algo… me dices.

—Sí… estoy bien, no te preocupes —susurra ella, sonriéndole.

En ese momento, Victoria regresa al comedor, y se acerca hacia las sillas de los otros adultos para indicarles que el repartidor llegó, causando que ellos sonrían en complicidad.

—Kenny cariño —murmura George, llamando la atención de su hija—. Cuando entren los gemelos, comienzas a cantar.

—Sí, pero papi… ¿si es una fiesta de no cumpleaños, que nombre digo? —pregunta ella, al oído de su padre.

George se queda unos segundos pensativo, se cerciora de que Alexa y Anthony se encuentran concentrados en su propia conversación y luego se inclina un poco hacia adelante.

—Chicas… ¿Qué nombre tiene que decir Kenny al cantar?

—Cierto —dice Cooper, frunciendo un poco el ceño.

—No puede decir el nombre, porque tendríamos que explicárselo, y eso sería triste para todos —susurra Victoria.

—Pues… —interviene Carol, al darse cuenta que los demás la están viendo, piensa por un momento y luego se inclina hacia adelante con una idea—. Kenny, ven mi vida.

—¿Es un secreto? —cuestiona Kendall, sentándose en las piernas de George, para quedar más cerca del resto de los adultos.

—Sí mi vida… Hoy es el día mundial del girasol, así que no dirás un nombre, sino que en cambio, vas a decir “Girasol” —explica Carol.

—Okey tía —murmura Kendall, tapándose la boca con las manos para tratar de ocultar su risa.

Alexa y Anthony seguían conversando en voz baja, cuando de pronto escuchan la voz de Kendall, cantando a todo pulmón.

—“ Cumpleaños feliz”

Ellos de inmediato dejan de hablar y voltean a verla, dándose cuenta que está de pie sobre una de las sillas, muy emocionada mientras continúa cantando.

—“ Te deseamos a ti.”

En ese momento, ambos detallan como Kendall y los demás en la mesa, dirigen sus miradas hacia la entrada de la casa, cuando ellos voltean en esa dirección, observan a los gemelos acercándose con un pastel y una gelatina con motivo de girasoles en las manos.

En cuanto los chicos los colocan en la mesa, frente a Alexa, Kendall termina la canción.

— “Cumpleaños, querido Girasol, cumpleaños feliz.”

Todos aplauden con fuerza, mientras que los ojos de Alexa y Anthony se aguan de inmediato. Ella levanta la vista y les dedica una sonrisa enorme, a pesar de las lágrimas que ya comienzan a correr por sus mejillas, luego de unos segundos, ella voltea hacia Anthony, quien la abraza con fuerza.

«Esta es la primera vez en trece años, que celebro tu cumpleaños con alegría, en vez de tristeza, mamá.» Piensa Alexa, conelrostrohundidoenelpechodeAnthony.