CAPITULO 16
E n la cocina de los Evans, finalmente avanzan con la preparación de la paella, unos minutos más tarde, Alexa y Anthony regresan a la casa para unirse a los demás.
—¡Ay mi Dios! ¡Qué belleza de ramo! —exclama Victoria, emocionada.
—¡Verdad que sí! —afirma Alexa, sonriendo mientras que Anthony se sienta en el comedor.
—Son preciosos mi vida, me encantan. Están divinos —añade Carol.
—¡Están geniales! ¿Te los regaló Tony? —pregunta George, tomando un sorbo de su bebida.
—No… estos no son para mí.
—Entonces… ¿para quién? —indaga Cooper, confundido.
—Son para mi mamá... Es que hoy es su cumpleaños y ella amaba los girasoles —explica Alexa—. Estos sin duda la hubiesen hecho muy feliz.
—Cariño, eso fue hermoso.
—Gracias mamá —murmura Anthony, sonrojándose.
—Sí hijo, fue muy buen detalle —agrega George, sonriéndole.
—Sin duda eso te puso feliz —comenta Cooper—. Estás radiante, es lindo verte así.
—Sí Tío, la verdad es que esto me alegró mucho —confiesa Alexa—. Más tarde, cuando sea de día en Moscú, se los muestro a mi papá, estará encantado.
—Allí en el gabinete de abajo, hay un florero grande por si quieres meterlos en agua —comenta Victoria.
—Claro, gracias.
Alexa entra a la cocina y después de colocar las flores en agua, los deja sobre la mesa del comedor mientras que se sienta junto a Anthony, compartiendo una mirada de complicidad.
—Bueno… ¿y algún día comeremos paella? ¿O tendremos que pedir algo de comer? ¡Ya tengo hambre!
—Tony… no comprarán nada. Comerán paella, estimo que… como en una hora —declara Cooper.
—Está bien Tío, mira que necesito comer bien hoy. Ya me siento sin energía.
—¿Estás muy cansado por la práctica? —pregunta Alexa.
—Sí, hoy estuvo particularmente intensa.
—¿Pero no te duelen los músculos o sí?
—No… ya sabes que no —responde él, sonriéndole—. Pero ya estoy sin combustible, quemé muchas calorías y cuando llegué, no comí nada, creo que por eso estoy cansado.
—Ah Okey, pero… el DESPUÉS bien, ¿no? —murmura ella, acercándose más hacia Anthony.
—Claro, todo perfecto. Hey… tengo que decirte algo, que sé que ya sabes pero entre tantas cosas, intuyo que no lo recuerdas.
—¿De qué hablas? ¿Qué se me olvidó?
—¿Si recuerdas que mañana tengo partido?
—Por supuesto, en la noche, a las siete.
—Y… ¿sabes contra quien jugamos?
—Este.... —dice Alexa, pensando—. No… eso sí que no lo recuerdo, pero no importa contra quien, porque igual iré.
—¡Oigan! ¡Papá! ¡Tío! —exclama Anthony, llamando la atención de los demás—. ¿Ustedes la oyeron verdad?
—Sí, ya dijo que irá —declara George, entre risas.
—Okey… Claro que iré, ¿cuál es el chiste? —cuestiona ella, confundida.
—Ali… es que mañana jugamos contra los Rockies —aclara Anthony.
—Está bien…
—¿No te acuerdas? —inquiere él, aguantando la risa.
—¿De qué? No entiendo —replica ella frunciendo el ceño, mientras que Cooper y George comienzan a reírse desde la cocina.
—Ya jugamos contra los Rockies, ¿no lo recuerdas? —insiste Anthony.
Alexa se queda pensativa durante unos segundos, intentando comprender.
—Es que no me acuerdo los nombres de todos los equipos. ¿De qué color es el uniforme de los Rockies?
—Es negro con blanco, y en la mangas tiene pequeñas franjas blancas —responde Anthony.
—Espera... ¿el que tiene unas montañas en el logo? —pregunta ella, con el ceño fruncido.
—¡Sí! ¡Ese mismo!
—¡Anthony! ¡No! —Alexa se queja, causando que todos los chicos comiencen a reírse de nuevo—. ¡Dime que el idiota de Powell está lesionado o algo así!
—No Ali, no está lesionado.
—¡Anthony! —exclama ella, tocándose la frente, negando y haciendo puchero.
—Ya… no seas boba —murmura Anthony, agarrándole la mano—. Ya sabes que lo tengo que hacer. Será algo rápido, entro, peleo y luego sigo con el juego. No habrá mucho drama, no te preocupes.
—¡Pero te van a reventar la cara otra vez! —replica ella—. Viste lo que te tardó en sanar los golpes anteriores.
—¡Mira quién habla! ¡La que se pasa peleando y con la cara llena de moretones! —interviene Cooper, causando que todos estallen en carcajadas.
—No es lo mismo, Tío.
—Alex… ¿por qué es diferente para ti, que para él? —cuestiona George, entre risas.
—Porque yo entreno y se hacerlo, es mi deporte, y sé cómo evitar salir tan malograda, pero… ese no es el deporte de Anthony. Solo lo hacen por un arrebato y ambos salen jodidos —comenta ella, con un resoplido.
—Ali… no me subestimes tanto. Yo también entreno, y se defenderme —replica Anthony, sonriéndole—. Inclusive, hoy tuve una práctica con el entrenador de boxeo.
—¡Es una locura! ¡Por más que entrenes, igual te pegarán en la cara! No puedes bloquear, si tienes una mano ocupada en la camiseta del otro —insiste Alexa.
—Es cierto pero… él tampoco puede bloquear —añade él—. Bueno… ya sabes que no puedo negarme a pelear, no tengo excusa. Así que es mejor salir de eso, a esperar que me lleguen de sorpresa, sin que esté preparado.
—Okey... Si tú lo dices —murmura ella, encogiéndose de hombros.
—Ten fe en mí, creo que lo haré bien, no saldré perdiendo —afirma Anthony.
—Solo procura que el casco no se te caiga, no me gustan esos golpes cuando tienes la cabeza desprotegida —puntualiza Alexa, en tono serio.
—Está bien, me aseguraré bien el casco.
En ese momento, George y Cooper se acercan al comedor con la laptop, mientras que las chicas terminan de preparar una ensalada en la cocina.
—Revisemos las propuestas que mando Mika —indica George, sentándose al lado de su hijo.
—Sí claro, ya quiero verlas —dice Anthony, apretando la mano de Alexa por debajo de la mesa.
—La primera sería una sesión de fotos, con la publicación de una de esas imágenes publicitarias en tus redes.
La segunda, también es una sesión de fotos, con la publicación de una de esas imágenes en tus redes, además de la realización de un video publicitario de veinte segundos, que igualmente se publicará en tus perfiles —explica George, leyendo los correos.
—Okey papá, eso se oye bien. Es sencillo, no me parece que sea mucho trabajo.
—¿Y cuánto están ofreciendo por cada propuesta? —inquiere Cooper.
—El monto de la primera es de 45.000$, y por la segunda son 75.000$. ¿Qué piensas? —dice George.
—Me parece bastante bien, para ser solo una chupeta —afirma Cooper, tomando un sorbo de su bebida.
—¿Tú que dices, cariño?
—Para mí se oye bien papá. Será algo rápido, no una sesión larga.
—Alex… ¿tú qué opinas? —pregunta George, viéndola.
—¿Yo? Pero… si no tengo nada que ver.
—¿Como que no? Si todo esto fue tu idea
—Sí George, pero… fue solo eso. Ustedes se encargan de revisar las propuestas, contratos y esas cosas, yo de eso no se nada.
—¿Ali, te parece bien o no?
—Es que no se evaluar una propuesta, Anthony. No te voy a mentir, si ustedes creen que te están pagando lo justo, entonces perfecto. Yo solo quería que aprovecharas la oportunidad, y sacaras algún beneficio dentro del caos —explica Alexa.
—Sacaremos, querrás decir —aclara Anthony—. Papá… ¿cuánto le corresponde a Alex, si hacemos la segunda propuesta?
—¡Qué! ¡No Anthony! —exclama ella, sorprendida—. No digas tonterías, a mí no me corresponde nada. Ese es el trabajo de ustedes, es tu imagen, yo no tengo nada que ver.
—Claro que sí, porque tú fuiste la que tuvo la idea, además de que dijiste como podíamos contactarlos. Todo esto se consiguió gracias a ti —puntualiza Anthony.
—Yo no te voy a cobrar, ni espero que me pagues nada por solo darte una idea —replica ella, encogiéndose de hombros.
—Alex… Tony tiene razón —interviene Cooper—. Es más… si esta publicidad la hubiese conseguido el manager por su cuenta, le corresponderían entre el diez y el quince por ciento del monto total.
—Yo entiendo Tío, pero ese sería su trabajo, no el mío. Ese dinero es de Anthony, yo no lo quiero —declara ella, en tono serio.
—Ali basta… no seas boba.
—Anthony… yo espero nunca trabajar para ti. Nunca en la vida.
—Es que esto no significa que trabajaras para mí, no es como que te estuviera colocando un sueldo —comenta él, frunciendo el ceño.
—Yo no tengo ningún interés, en tocar ni un dólar de tu dinero. Ustedes cuentan conmigo, siempre estaré feliz de ayudarlos en todo lo que pueda, pero… yo no espero ningún tipo de remuneración por nada de eso —declara Alexa, viéndolos a los tres.
—Entonces… ¿básicamente te acribillan en la redes y yo me quedo con el dinero? —cuestiona Anthony—. ¡Estás loca en serio! Prefiero no hacer la publicidad, porque siento que te estoy usando o aprovechándome de la situación. No me siento cómodo con eso.
—No… no es así, los que nos usaron fueron los que publicaron esos videos utilizando nuestra imagen. Yo estoy feliz de que lo hagas,si no, no se los hubiese propuesto —afirma ella, tomándole la mano.
—Lo entiendo, pero… ponte en mi lugar. Me siento mal si no te doy lo que te mereces, yo no quiero aprovecharme de la situación y sacar un beneficio para mí, cuando tú te estás viendo perjudicada.
—Chicos… —interrumpe George—. No se estresen por eso ahora. Primero hagamos el comercial y ya después ustedes deciden qué hacer con el dinero. Entonces, ¿cuál propuesta aceptaremos?
—Sí... haremos la segunda —responde Anthony, con la vista fija en el rostro de Alexa.
—Perfecto, yo hablaré con Mika y con el abogado para que coordinen todo —informa Cooper, levantándose de la mesa junto con George.
Anthony espera que los chicos lleguen a la cocina, y se acerca más hacia Alexa para hablar en voz baja.
—Entonces… ¿serás siempre así de porfiada?
—Con respecto a que no quiero que me pagues, sí —declara ella tomándole la mano derecha, la coloca sobre la mesa y comienza a masajearla.
Anthony sorprendido se ríe discretamente, no puede creer que ella decidiera hacerlo delante de todos.
«Esto me gusta, ojalá me tocara así siempre, con esa seguridad y sin temor de que los demás nos vean. Bueno… y después del momento de mierda de hace un rato, sin duda necesito relajarme, fue horrible pensar que nadie apoyaba nuestra relación. ¡Por Dios! ¡Necesito un masaje completo!»