CAPITULO 15 #3
Todos desde la ventana de la cocina se quedan viendo hacia la fogata, Carol observa como ahora están conversando, después de unos minutos decide salir de la casa y acercarse hasta ellos.
—Chicos perdón —dice ella, sentándose junto a Alexa—. Sé que estoy interrumpiéndolos, pero Alex, te queremos y estamos preocupados. En serio, lo sentimos mucho, solo intento saber, que podemos hacer para ayudarte.
—Gracias Carol, pero… no hay nada que puedan hacer.
—Lo entiendo... Creo que no necesito decírtelo, porque espero que sepas que puedes hablar conmigo siempre que quieras.
—Lo sé, gracias —afirma Alexa, con una sonrisa.
—No voy a preguntar cómo estas, porque sería estúpido hacerlo, pero solo quiero que sepas que está bien que no lo estés. Está bien que llores y que te sientas triste, no hay nada de malo con eso.
Alexa se mantiene en silencio pero asiente, mientras que Anthony continúa acariciándole la mano.
—Adentro todos estamos aún consternados y afligidos. Perdón Tony —comenta Carol, viéndolo—. Por hacértela pasar mal hace un rato, es que nos sentimos tan afectados, que nadie sabía cómo actuar. Por eso es que te miraban con pena cuando hacías los sándwiches.
—Está bien tía, ahora lo entiendo —añade él, viéndola.
—¿Qué piensan hacer? Es que los demás están en ascuas.
—Solo diles que no la agobien y que no la miren de esa manera —indica Anthony—. Eso no la ayuda en nada, ella tenía derecho a no contarlo.
—Entiendo, mi vida, pero... ¿piensas viajar?
—¿A dónde? —cuestiona Alexa, confundida.
—A Moscú —responde Carol.
—Claro, viajaré en cuanto me gradúe y Anthony termine la temporada —aclara Alexa.
—Mi vida pero… ¿estás hablando del próximo año?
—Sí, ¿por qué?
—¿No sería mejor que estuvieras en estos momentos con tu familia? —indaga Carol.
—Ella quiere estar acá, ¿por qué le preguntas eso? —replica Anthony, frunciendo el ceño.
—Carol… yo sí extraño a mi familia pero ahora tengo mucho que hacer acá. Ya dentro de seis meses voy más tranquila —comenta Alexa.
—Perdón que me entrometa, pienso que cuando sucede una tragedia, lo mejor siempre es estar con la familia —añade Carol, en tono suave.
—¿Cuál tragedia? —cuestiona Alexa, compartiendo una mirada con Anthony.
—Alex... sé que no quieres hablar de eso, pero lo de tu mamá, es una tragedia —dice Carol.
—Sí claro… lo sé. Aunque eso no significa que tenga que estar con ellos siempre, yo también tengo que hacer las cosas que quiero. No puedo dejar de vivir mi vida y de ser feliz por esa tragedia —afirma Alexa.
—Tienes toda la razón mi vida, y me encanta que pienses así. A lo que me refiero, es que creo que sería mejor que estuvieses con ellos en este momento tan difícil, y lo más importante, que puedas despedirte de tu madre.
En el instante en el que Carol termina de hablar, Alexa no se puede contener más y comienza a llorar de nuevo.
—Tía no... No entiendes —murmura Anthony, apretando la mano de Alexa—. Ella ya pasó por eso, creo que todos están confundidos. No sé qué carajo fue lo que les dijo Leo, pero… su mamá no está en el cielo desde hoy, ya ha pasado un tiempo.
—¡Qué! —exclama Carol, sorprendida—. Pero... no… Es que… adentro todos pensamos que eso acababa de suceder. Por eso estamos con el corazón en la boca, suponíamos que te acababas de enterar.
—Anthony… vamos adentro —dice Alexa, volteando a verlo—. No quiero que estén pasándola mal, creyendo que mi mamá se acaba de morir.
—¿Estás segura? No estás en la obligación de explicar nada. No quiero verte mal —replica él, limpiándole una lagrima de la mejilla.
—Lo sé, pero es mejor que lo haga —afirma ella, apretándole la mano.
Los tres entran a la casa, Carol se acerca a su esposo en la cocina mientras que Alexa y Anthony se sientan uno al lado del otro en el comedor, él le toma la mano por debajo de la mesa, a la vez que ella mira hacia atrás para cerciorarse de que Kendall no los escuche hablar.
Ella observa como la niña está jugando con Logan en el piso del living, con unos bloques armables mientras que siguen viendo caricaturas en el televisor. El resto de la familia, se mantiene en silencio, viéndolos, completamente preocupados.
—Bueno… no sé qué fue lo que oíste Leo, pero… necesitan saber —dice Alexa, tomando una respiración profunda—. Sí, es cierto que mi mamá murió.
Se escucha un jadeo de Victoria al mismo tiempo que todos comienzan a llorar mirándose entre sí.
—Pero no lloren… ella no falleció hoy, eso pasó hace varios años —explica Alexa.
Anthony le aprieta la mano para demostrarle su apoyo, mientras que los demás están desconcertados.
—Solo les pido que no me tengan lastima, ni pena, ni que me traten diferente.
Yo elijo no hablar de esto y contrario a lo que puedan pensar, no es negación.
Sé muy bien lo que pasó, lo acepto y no me miento al respecto, pero…
es más llevadero para mí no hablar de ese tema —aclara ella, mirando hacia donde esta Carol—.
No es fácil crecer sin una mamá, así que cuando tengo que hablar de mi familia, prefiero no mencionar eso, y como ellos viven en Rusia, es más fácil hablar en plural.
Como si mi madre también estuviera allá, antes que dar explicaciones o contar cosas que prefiero no compartir… ni recordar.
—Ay Dios —murmura Victoria, abrazada con George.
—Quiero que ustedes lo sepan, porque Carol nos dijo que pensaban que eso acababa de suceder. Lo último que quiero es que estén pasándola mal por algo del pasado —aclara Alexa, agachando la mirada en silencio, mientras que algunas lágrimas corren por su rostro.
—Oigan… ya no estén tristes —añade Anthony, viendo hacia la cocina—.
Ella no quiere estar triste, y es difícil tener que verlos así.
Ya Alex sabe que todos lo sienten, lo lamentan y que la apoyan.
Así que, mejor saltemos esa parte y volvamos a donde estamos felices, sin hacerla recordar cosas que no quiere —puntualiza abrazándola.
—Cariño lo entiendo. Tienes razón en no querer hablar de eso, pero… ¿puedo hacerte solo una pregunta?
—Sí Vicky, dime.
—¿Hace cuánto pasó?
—Un poco más de trece años —responde Alexa, levantando la mirada.
—¿Es decir que tenías como cuatro años? —inquiere George, con la voz quebrada.
Alexa solo asiente, a la vez que Anthony aprieta el agarre de su abrazo mientras que los demás intentan disimular el impacto de la noticia.
—Bueno… fin del tema —declara Anthony—. Ali ven, vamos a mostrarte lo que te dije.
Él se levanta, la toma del brazo y ambos salen de la casa nuevamente hacia el porche.
En el instante en el que se escucha la puerta cerrarse, todos en la cocina empiezan a llorar sin poder controlarse.
—Era un bebé… y creció sin su mamá —comenta Victoria contra el pecho de su esposo.
—Creo que era mejor pensar que había muerto hoy, a saber que prácticamente no conoció a su madre —añade Cooper con tristeza.
—Chicos… ella tenía solo cuatro años. La misma edad de Kenny… eso es una mierda —agrega George.
—Es muy triste, pero Alex es una niña realmente especial. Es increíble que sea como es, habiendo pasado por esa tragedia. Tenemos que hacer lo que pidió Tony, ella ya ha lidiado con ese dolor por trece años, así que… no la afectemos nosotros con algo que ya sabe cómo manejar —recalca Carol.
—Tienen razón… mejor hay que hacer la paella, o al menos intentar hacerla —bromea George, golpeando en el brazo a Cooper para aligerar la tensión.
Anthony camina junto con Alexa hasta que se detienen al lado de la puerta del asiento trasero de su camioneta.
—Ali… cierra los ojos, pero no hagas trampa. Prométeme que no los abrirás hasta que te diga.
—Está bien Oti, no haré trampa —dice ella con una sonrisa, cerrando los ojos.
Anthony espera unos segundos, luego abre la puerta y saca un ramo de girasoles gigantes.
—Ali… ya puedes mirar —indica él, parándose frente a ella.
—¡Oti! —exclama ella, sonriendo al ver el enorme ramo—. ¡Gracias!
—¡No! ¡¿Cuál gracias?! ¡Estás no son para ti! —replica él, riéndose—. Recuerdas que te dije que jamás te regalaría flores. ¿O se te olvidó?
—Claro que lo recuerdo. Entonces… ¿no son para mí?
—¡No! ¡Por supuesto que no! Mira la tarjeta.
Alexa se acerca, la toma y la lee en voz alta:
“Para Alice:
¡Feliz cumpleaños!
Cuarenta y siete girasoles, uno por cada año de tu vida.”
—Oti… esto es bellísimo —murmura ella, abrazándolo—. Eres el mejor, mi mamá los amaría. No sé qué decir… esto es lo más hermoso que alguien me ha dado y ni siquiera es para mí —añade, levantando la cara para verlo.
—Alice se merece lo mejor y tú también. Amo verte feliz, Ali, pero… tómalos que están pesados —bromea él—. No imaginé que los girasoles gigantes pesaran tanto.
—Sí, es verdad —afirma ella, agarrando las flores—. Son demasiado hermosos, tengo que mostrárselos a papá, estoy segura que le encantarán. Estoy fascinada Oti… son fantásticos.