CAPITULO 11 #2
Durante el trayecto, este no deja de pensar en la conversación que tuvo con Ezequiel y en las recomendaciones que le dio su nuevo manager, para manejar el asunto de sus fanáticas.
«Solo recuerda… se aburrido, camina y no hagas nada más.
Solo se muy aburrido. ¡Por Dios! Tengo tantas ganas de verte Ali, te necesité tanto anoche…
Ahora no puedo dejar de pensar en lo de la tina.
¡Maldición! ¡Estaba tan excitado! Qué llegue el verano cuanto antes, quiero meterme de nuevo en esa tina contigo.
» Él se ríe de sus pensamientos mientras que conduce.
Para cuando se estaciona en el aeropuerto y camina hasta la terminal adecuada, Anthony se siente un poco más tranquilo con la situación, está emocionado por verla.
Por su parte, Alexa pasa por la puerta, vestida con la chaqueta negra de los Rangers que él le compró, lleva lentes oscuros, el cabello suelto, luciendo nuevamente las mechas azules.
En el instante que se ven, Alexa sale corriendo a abrazarlo, a la vez que ambos se sonríen.
—Ali… estás demasiado hermosa.
—Gracias Oti, tú también estás precioso. Te extrañé.
—¡Ay por Dios! Amor, en serio me encanta, las mechas te quedan tan bien —declara él, acariciándole el cabello.
—Sí, ya sabes… solo intento marcar mi territorio —bromea y ambos se ríen.
—Pobrecita… ¿te duele? —inquiere él, pasándole la yema de los dedos con suavidad por la mejilla—. Ya se te puso morado el golpe.
—Solo un poco, aunque… si me abrazas, disminuye el dolor.
Sin pensarlo mucho, Anthony le sonríe y vuelve a abrazarla con fuerza, luego de unos segundos, él levanta la vista por encima de su hombro, cuando nota que un par de personas los están grabando, la suelta rápidamente.
«Solo camina… se aburrido y sigue avanzando. Solo actúa aburrido.»
—Hey amor, vamos. Seguimos hablando en la camioneta.
—Sí claro —dice Alexa, sonriéndole.
Anthony toma su maleta, a la vez que se coloca la mochila de ella en su espalda, y ambos empiezan a avanzar hacia su camioneta. Alexa lo toma de la mano, pero en vez de agarrarla la evade, por lo que ella lo mira extrañada.
—Ahora no, Ali —susurra él, viéndola a los ojos.
—Okey... Eso fue raro.
—Ya sé, perdón, pero es que… nos están grabando.
—¿Bromeas? Nunca te importó que te grabaran —replica ella, sonriéndole.
Anthony intenta aguantar la risa mientras que baja la cara, dándose cuenta de que varias personas están apuntándolos con sus teléfonos. Por su parte, Alexa toma del bolsillo de su chaqueta una chupeta, la destapa, y se la mete en la boca, él sonríe disimuladamente cuando la ve.
—¿Quieres? —murmura ella, saboreando la chupeta.
—Sabes que sí —replica él, causando que ambos se ríen.
A medida que caminan hacia la puerta de salida, más personas siguen grabándolos, de repente, el celular de Alexa suena con la notificación de un mensaje entrante, ella lo saca para revisarlo.
—¡Oti mira! —dice ella deteniéndose, y voltea la pantalla hacia Anthony.
—¡Ay por Dios! ¡Es fantástico! ¡Mira esa escultura! —exclama él, riéndose—. ¡Papá se va a volver loco cuando la vea! Ali… los chicos estaban entusiasmados, Maxi me dijo que ni durmió de la emoción.
—¡Sí! ¡Está genial! Oti, ve lo que está haciendo Leo.
—¡Vaya! ¡Son armas medievales! —comenta él detallando la imagen—. ¡Eso es increíble!
—Mira lo feliz que se ve su cara —añade Alexa, sonriendo.
Sin pensarlo mucho, Anthony acerca la mano hacia el rostro de ella, le saca a chupeta para luego meterla a su boca.
—¡Ali es genial! Esto sin duda fue lo mejor que has podido hacer por ellos.
Alexa le sonríe, mientras que levanta su mano intentando quitarle la chupeta pero él la evita, se mantienen tonteando y riéndose hasta que llegan a la camioneta. Anthony guarda las maletas en el asiento trasero a la vez que ella se sube al asiento del copiloto.
Una vez que él comienza a conducir, ella se inclina acercándose lo más que puede a su rostro, le arrebata la chupeta y se la mete a la boca acomodándose de nuevo.
—¡Hey! ¡No se vale! Estaba concentrado en la vía —replica él, riéndose.
Dos segundos más tarde, Anthony, quien aún conduce por el estacionamiento del aeropuerto, cae en cuenta de lo que hizo y rápidamente orilla la camioneta a un lado, apagándola.
—¡Ay no! ¡Soy un idiota! —exclama poniendo la frente sobre el volante.
—¿Qué pasa? ¿Qué tienes? —pregunta ella, preocupada.
—¡Es que yo no tenía que hacer nada! ¡Por Dios! Es que no puedo fingir ser como no soy
—No te entiendo Oti. Mejor ten… yo creo que se te bajo el azúcar —bromea ella, devolviéndole la chupeta a la boca de él.
—No Ali, ya en serio... la cagué.
—¿Por qué? No entiendo nada —dice ella, frunciendo el ceño.
—Amor… es que tengo que contarte algo, pero no te va a gustar. Me enteré hoy en la mañana y no quise decirte para no amargarte el viaje, preferí mostrártelo cuando llegaras.
—Me pones nerviosa Oti. ¿Qué pasó?
—Tienes que ver esto —indica él, entregándole su teléfono con el video editado donde abraza a varias chicas reproduciéndose.
Alexa se queda en silencio observando la pantalla mientras que niega con la cabeza.
—Hey… dime que no te enojaste conmigo, por favor —susurra él, viéndola preocupado—. Hay más videos, y… uno es peor que este.
—¿El de los besos? —cuestiona ella, en voz suave.
—¿Lo viste? ¿Ya sabes de los videos? —inquiere él, sorprendido.
—Oti claro, no vivo en una cueva —replica ella, entre risas—. Todos los días estoy pendiente de tus redes sociales y de lo que la gente sube de ti.
—Ali perdón —dice Anthony tocándose la frente con los ojos cerrados—.
Amor… en serio perdóname, no estaba ocultándotelo, es solo que quería hablarlo en persona.
Te juro que odié ese video, siento mucho que hayas tenido que verlo.
La verdad es que me odio por haber sido tan idiota, por dejar besarme por cualquiera, ahora son estupideces que me persiguen.
Yo no quería que tú vieras esos videos, pero parece que nunca los voy a dejar atrás, porque pasa el tiempo y los vuelven a revivir editándolos de nuevo.
—Oti… ya había visto esos videos de los besos —aclara ella, tomándole la mano—. No es como que me acabo de enterar.
—¡Qué! ¡¿Los habías visto antes?! —pregunta él, sorprendido, viéndola a los ojos—. ¿Por qué? ¿Cuándo?
—¿Tú has visto mis redes?
—Claro amor.
—Bueno, yo también lo hago con las tuyas, la diferencia es que en las mías, no hay mucho que ver, pero hay demasiado contenido sobre ti en las redes. ¿Creías que nunca me enteraría de esos videos?
—Tenía la esperanza de que así fuera —susurra él, con voz entrecortada—. Ali… lo lamento, sé que es una mierda para ti ver eso.
—Claro que lo es, la realidad es que lo detesto, pero no puedo hacer nada al respecto y tampoco tú —declara ella, apretándole la mano—. Ya está, ya pasó, ahora dime, ¿me echo a morir o dejo que me hagas feliz?
—No amor, solo deja que te haga feliz —responde él, acariciándole la mejilla.
—Ahí está la respuesta. Oti, a mí no me importan esos videos, ni los viejos o los nuevos, así que no te amargues la existencia por eso.
—¿Estás segura? Yo necesito saber la verdad amor. Espero que no hayas leído los comentarios, porque esos están llenos de mucha basura, me daba miedo que te hicieran daño.
—Oye, no soy boba. Claro que sé que me están atacando, no les gusto para ti, piensan que no soy lo suficientemente hegemónica, ni platinada para los estándares de tu fama.
—No digas eso —ordena él, sosteniéndole el mentón para verla fijamente a los ojos.
—Es la verdad Oti, eso es lo que todos creen. Yo no me voy a mentir a mí misma, si fuese rubia, alta, con labios y mejillas prominentes, de ojos claros y con buen cuerpo, pues… no habría este revuelo, pero no soy lo suficientemente linda como para merecerte.
—Ali… yo no pienso eso. Para mi eres hermosa —susurra él, depositándole un beso en la comisura de los labios.
—Lo sé Oti, pero no estoy hablando de lo que tú piensas.
Toda esa basura a la que haces referencia, no me importa, ya recibí mucha mierda antes, y sabes que hizo eso, que me quemara.
¿Crees que me voy a dejar afectar por eso luego de incinerarme hasta las cenizas?
Si permitiera que algo así me volviera afectar, entonces no sería ni más inteligente, astuta, o sabia.
—Tienes razón amor. Es solo que… yo necesito protegerte. Tenía miedo de que te todo esto te pusiera mal y fueras vulnerable.
—Valoro que lo hagas Oti, en serio, es lindo. Nunca antes alguien se había preocupado por mí de esa manera.
—Ali, dime la verdad… —insiste él tomándola del mentón con suavidad—. ¿No te molesta, ni te preocupa nada de esos videos?
—Solo me preocupa que lo vea tu familia y saquen conjeturas, que piensen cosas que no quiero. La realidad es que eso sí me estresa, me causa dolor de cabeza —confiesa ella, nerviosa.
—Bueno amor, ya ellos lo saben, pero no te preocupes, que no piensan nada de nosotros —afirma él acariciándole la mejilla de nuevo—. Más bien están preocupados por el odio y el acoso hacia ti, todos entienden que la gente le pone cualquier contexto a esos videos editados.
—Aun así es incómodo Oti, saber que los vieron, eso sí me preocupa un poco.
—Créeme, puedes estar tranquila, no sospechan de nada. Todos estábamos preocupados por ti. Ali… hay otra cosa que tengo que contarte.
—Claro dime.
—Cuando vi todo esto de las redes, no hice más que preocuparme por tu seguridad, sobre todo porque apenas hace dos días me contaste todo lo que tu padre ha hecho por cuidarte, me sentí terrible al saber que yo te estaba exponiendo públicamente —dice él, bajando la mirada por unos segundos, toma una respiración profunda y luego levanta la vista hacia los ojos de Alexa—.
Llamé a Ezequiel para contarle antes de que Mimi le mostrara los videos.
—¿Hablaste con él? —inquiere ella, sorprendida.
—Sí amor, nunca había sentido tanto miedo en mi vida, ha sido lo peor que he tenido que hacer en muchos años. Es que me acuerdo y me pongo nervioso de nuevo.
—¿Por qué lo llamaste? Estás loco… no me dijiste nada.
—No te podía decir amor, porque en mi cabeza yo suponía que tú no sabías nada de los videos, te lo diría cuando llegaras, pero con Ezequiel no podía esperar para llamarlo, por la diferencia de horario, de seguro Mimi se adelantaría y le mostraría las redes.
Yo no quería quedar mal parado delante de tu padre.
Me siento responsable por todo esto, así que di la cara por lo que pasó, es por mi culpa que estás expuesta y que te están odiando.
—Entiendo Oti —dice ella, acariciándole la mano—. ¿Y qué te dijo mi papá?
—Bueno… me escuchó y al final me dijo que me quedara tranquilo, que primero lo conversara contigo, que en caso de que tú te sintieras insegura o acosada, se lo dirías a él, pero que hasta este momento no le has comentado que te sientas así.
También le dije que me preocupaba de que en algún momento se conocieran tus direcciones, es que Ali…
eso en realidad me angustia mucho —confiesa él—.
Que te encuentres sola en la casa o en el apartamento, que me necesites y yo no esté para protegerte.
—Oti… eso no pasará, quédate tranquilo —murmura ella, con ternura—. Mi papá está pendiente de que yo siempre esté segura cuando estoy en casa.
—Sí, eso me informó él, pero yo no lo sabía. Aun así, me siento más tranquilo si estamos juntos o en casa.
—No te angusties, continuemos como estamos. No me va a pasar nada y te aseguro que tampoco me afecta nada de esto en las redes.
—Menos mal amor, porque yo solo tenía que fingir y no ser como soy contigo cuando estamos en público, pero… no pude hacerlo por más de cinco minutos —dice él, entre risas.
—¿Cómo que fingir? —cuestiona ella, confundida—. ¡Ah! ¿Por eso actuabas tan raro ahí dentro?
—Sí, es que… se suponía que solo debía caminar y no hacer nada llamativo, de ese modo si me grababan, todos los videos fueran aburridos.
—¡Ay Dios Oti! —exclama ella, sonriéndole.
—Bueno amor, mejor continuemos, porque me están esperando en casa —indica él, volviendo a conducir.
—¿Quien?
—Papá, Cooper y el nuevo manager que se llama Mika, lo contratamos esta mañana.
—Qué bueno, finalmente te decidiste por uno.
—Sí, maneja a un futbolista que tiene contratos con buenas marcas, tiene buenas referencias y experiencia manejando redes sociales. La verdad es que papá y Cooper necesitan mucha ayuda con eso.
—Lo sé, me alegro mucho Oti. Además, que bueno que Cooper está en casa, porque tengo que hablar con él.
—¿De qué cosa? —inquiere él, con la vista enfocada en la vía.
—De esto —responde ella, señalándole la chupeta que Anthony tiene en la boca.
—Okey, pero… ¿a qué te refieres?
—Pues que a mí no me afecta el odio en la redes, pero tampoco me quedaré inerte mientras me acribillan y nos utilizan a ambos de esa manera. Tengo una idea, después me dices si te gusta.
—¿Y no me darás una pista? —cuestiona él, volteando a verla por un segundo con una sonrisa.
—Sí… una sola. Oti… ¿si la vida te da limones?
—Haz limonada —replica él, riéndose