CAPITULO 10 #2
—Es que tengo que contarte algo, y aunque sé que no es mi culpa, no hace que me sienta menos culpable. Realmente estoy tratando de resolverlo, yo te respeto y por eso necesito que escuches la situación directamente de mi boca, es lo mínimo que te mereces.
—Okey… Dime. ¿Alex está bien? —cuestiona Ezequiel, preocupado.
—Sí, ella está bien, no te preocupes. Aun no llega a Vancouver, su vuelo sale como en dos horas, yo la iré a buscar al aeropuerto.
—Está bien. Entonces, te escucho.
Anthony se mantiene en silencio durante unos segundos mientras que mira al cielo en busca de ayuda divina.
—Ezequiel… si yo no fuese jugador profesional de hockey, tendría el mismo aprecio y cariño por Alex.
Ella es mi mejor amiga, de hecho… es la única —confiesa Anthony, con una risa débil—.
Ser una figura pública, no era mi objetivo en la vida, yo crecí esforzándome con la meta de convertirme en profesional, y luego que lo logré me di cuenta que venía acompañado con todo el escarnio público.
Yo me imaginaba que sería como con mi padre, yo sé cómo fue su fama y de qué manera la vivió, pero…
lo que yo estoy pasando, no se compara en nada con eso.
Digamos que la mía tiene esteroides, es surrealista todo el tema de las redes sociales.
—Me imagino, son épocas muy diferentes.
—Sí… Yo mantengo mis pies en la tierra, porque mi familia es mi ancla y ahora también lo es Alex.
Ella no me ve como alguien famoso, para ella solo soy Anthony, y eso siempre se lo agradezco.
Lo que necesito que sepas es que acá en Vancouver llevamos una vida como cualquier chico de nuestra edad, salimos a comer helado, vemos películas, cocinamos, entrenamos, jugamos con mis hermanos y casi todo el tiempo estamos en casa.
Tengo la suerte de contar con muchas áreas en nuestro hogar, lo que ha influido para que la exposición pública que yo tengo, no haya afectado al perfil bajo de Alex.
—Okey, presiento que hay un pero.
—Pues… como sabes, ayer jugué en Los Ángeles, y como ella estaba haciendo tramites en la universidad, coincidieron las fechas, por lo que fue a verme.
Resulta que sin yo saber y tampoco pude prever esa situación, créeme…
que si hubiese sabido que ocurriría, prefería que ella no hubiese ido al juego.
En lo que Alex entró al túnel, varias personas en las tribunas comenzaron a grabar cada vez que ella y yo interactuábamos, cuando celebramos los goles, o riéndonos y tonteando como siempre.
Hoy me levanté con la noticia de que subieron esos videos a las redes, la verdad es que te pido perdón por no anteponerme a esa situación —dice Anthony, con nerviosismo—.
Y aunque no son malos, la gente siempre habla mierda, inventa cosas, ataca, incluso los editan a su criterio, sin ningún contexto real.
Anthony toma una respiración profunda, antes de continuar hablando.
—Alex me contó hace dos días sobre tus reglas.
Por favor no te enojes con ella por decirme, pero…
ahora me siento como una mierda porque por mi culpa está expuesta.
No fue mi intensión, y ahora solo intento solventarlo.
En este momento tengo una reunión con cuatro personas, incluido mi abogado, tratando de arreglar la situación, pero creí necesario que como su padre, debes estar al tanto.
Te pido disculpas, honestamente yo jamás haría nada que dañara o perjudicara a Alex, yo la cuido como parte de mi familia, pero fui un idiota por dejar que se quedara en el túnel a la vista de todos.
Él espera obtener alguna respuesta, pero cuando pasan algunos segundos y el silencio se mantiene, el nudo en su estómago se incrementa y comienza a preocuparse.
—¿Sigues ahí? —inquiere Anthony, angustiado.
—Sí claro, estaba escuchándote —responde Ezequiel, soltando un suspiro—.
Entiendo lo que me dices, y sin duda su seguridad es una de mis principales preocupaciones, créeme que no es fácil tener una hija a miles de kilómetros de distancia y no poder estar para ella al instante, eso es algo que me quitó el sueño desde que entró a la universidad.
No sé qué tanto te contó ella, pero dime, ¿qué es lo que te preocupa? Así buscaremos una forma de resolverlo.
—Alex me dijo que nadie debía conocer la ubicación de sus casas, ni lo que hacía su familia, tampoco el modelo de automóvil que tiene.
La verdad es que me preocupa que por aparecer conmigo en esos videos, la gente ahora se pregunta quién es esa chica, no quiero que la investiguen o que la acosen, ni que averigüen nada de su vida privada.
Acá en casa, estará segura, eso lo sé, pero ahora cada vez que salgamos así sea a la heladería, habrá gente no solo detrás de mí, sino que también la van a fotografiar a ella, te pido disculpas por eso.
—Entiendo… Obviamente me imagino que no es agradable para nadie vivir bajo ese tipo de acoso, donde la gente este grabando o tomando fotos de ti. A mi Alex no me ha dicho aun que eso sea una preocupación o una molestia para ella —aclara Ezequiel.
—Es que eso pasó ayer por primera vez, en realidad yo ni si quiera he podido hablar con ella de todo esto, en lo que llegue, será que pueda ponerla al tanto de la situación.
—En ese caso… háblalo con ella, si se siente insegura o acosada me lo dirá, y yo haré las gestiones necesarias para ayudar a solventar el problema, si es que hay alguno.
—¿No crees que es grave? —cuestiona Anthony—.
Yo estoy angustiado, sé que estando con nosotros estará bien, mi casa tiene un excelente sistema de seguridad y estamos en una zona alejada del tránsito, con calles privadas.
Lo que me preocupa es que sí en un futuro logran averiguar alguna información personal de ella, yo no pueda protegerla por no estar en ese momento.
—Tony, no te angusties por eso —afirma Ezequiel—.
Alex siempre me avisa cuando estará en la casa o en el apartamento, así yo coordino el sistema de seguridad que tengo para protegerla cada vez que sale del campus y nos ha funcionado perfectamente desde que tiene trece años.
Si ella se siente en peligro, no dudes que tendrá ayuda en menos de tres minutos. Así que quédate tranquilo.
—Bueno, esa parte no lo sabía —responde Anthony, con un suspiro largo—. No me lo contó.
—Es porque tiene prohibido hablar de eso, esa es la primera regla antes de las que me dijiste —explica Ezequiel, entre risas.
—Okey. De igual manera, espero que no te enojes conmigo, de verdad no quiero que tengas una mala imagen de mí.
—No Tony, como voy a hacerlo, si Alex no para de hablarme cosas geniales de ti, todos los días me dice algo nuevo.
—Gracias, es bueno saberlo —murmura Anthony, sonrojándose.
—En serio, agradezco que hayas decidido llamarme para ponerme al tanto. Eso habla muy bien de ti y de tu carácter, se nota que eres un buen chico, que te preocupas por mi hija.
—Por supuesto, ella es una de las personas más importantes para mí —confiesa él, con una sonrisa.
Ambos se mantienen conversando unos minutos más hasta que se despiden. Anthony se queda unos minutos observando la fogata para luego levantarse y dirigirse hacia el comedor de la casa donde se encuentran los demás.
—¡Evans míralo! ¡Viene sonriendo! —exclama Cooper, riéndose—. El señor todopoderoso lo dejó salir vivo de los lobos. ¿Parece victorioso no crees?
—¡Sí! ¡Es que yo no críe cobardes! —replica George, entre risas.
—Gracias papá, tenías razón —murmura Anthony, acercándose para abrazarlo—. Lo correcto era llamarlo. Gracias tío, ser sincero ayudó mucho.
—Bueno hijo, para que veas que aun damos buenos consejos.
—Sí, totalmente —añade Anthony, sentándose al lado de su padre.
—¡Estabas aterrado! ¿Es tan temerario?
—No papá, pero es una mierda que justo lo llame para decirle esto. Ezequiel la protege demasiado y vengo yo a exponerla. ¿Cómo quieres que me sienta?
—Entiendo cariño. ¿Y cómo estuvo? ¿Qué tal te fue?
—Bien, le expliqué todo, y al final me dijo que no me odiaba, que estuviera tranquilo.
—Tony pero… ¿en que quedaron? ¿Cómo continuamos con este asunto? —inquiere Paul.
—Me dijo que primero hable con Alex para ver si ella se siente insegura o acosada, y en caso de que sea así, ella se lo comentara a él.
También me aseguró que no debo preocuparme por su seguridad, ya que en el caso de que logren averiguar alguna de sus direcciones, él le tiene un sistema cada vez que ella está en casa.
Justamente, eso era lo que más me angustiaba, cuando ella estuviera sola, porque sé que acá está a salvo.
—Perfecto, aclarado eso, me encargaré de las cláusulas de confidencialidad antes de que lleguen los posibles managers —indica Paul—. Por cierto, tengo que informarte, ya salió la orden de alejamiento de Brittany, con una duración de dos años.
—Bien, una loca menos —bromea Anthony—. ¿Y qué me dices de la otra? ¿Aun sigues hablando con su abogado o como está la cosa?
—Pues la verdad es que la tiene complicada, Shapiro firmó el contrato con su cláusula de confidencialidad, por lo que es ilegal lo que hizo.
Aunque ella alega que no tomó ningún video, sabemos que está mintiendo, pero aun en el supuesto negado de que no haya grabado nada, de igual forma, ese material no puede publicarlo.
Todo eso sin contar de que tenemos evidencia de que al menos grabó un video, así que por donde la vea, ella lleva las de perder, solo estoy esperando respuesta de su abogado.
—Entonces, ¿puedo estar tranquilo que no publicará ese video nunca? —insiste Anthony.
—Sí, porque ella afirma que no existe, que no grabó nada, aunque tenemos prueba que demuestran lo contrario.
En el caso de que alguien lo publique, Shapiro sería la única responsable, ella no se involucraría en una demanda millonaria para perder.
Hasta el más idiota de los abogados, le diría a su cliente que corra a quemar ese video.