Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 10
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CAPITULO 10

M ás tarde ese día, Anthony y George se reúnen con Cooper y el abogado, donde les muestran los videos para ponerlos al tanto de la situación en las redes.

—Necesito que al nuevo manager, le hagas un contrato muy estricto, bien especificado, sin dar absolutamente nada por sentado —declara Anthony—. Necesito que las cláusulas de confidencialidad sean radicales, y quiero que incluyas a Alexa en ellas.

—¿A qué te refieres? —inquiere Paul, confundido—. No te entiendo.

—No quiero que esta persona nueva, que no conocemos, llegue a divulgar nada de la vida de Alexa, ni siquiera al finalizar el contrato con nosotros —puntualiza Anthony.

—En la cláusula de confidencialidad están involucrados todos los aspectos de tu vida, no hay necesidad de redactar una para cada familiar o allegado —explica Paul.

—Lo sé, pero en este caso, necesito que con Alexa se haga de esta manera.

—Hijo, pero… Paul dice que con ese contrato, el manager no puede divulgar nada de tu vida, eso incluye a Alexa —interviene George.

—No es suficiente papá, yo necesito que exista esa cláusula aparte.

—Okey Tony, lo puedo hacer, aunque será redundante —indica Paul.

—No me importa. Para mi es importante proteger la privacidad de ella —declara Anthony, para luego tomarse la cabeza entre las manos y quedarse pensativo.

«Tengo que protegerla… debo hacer lo que sea para lograrlo. ¡Por Dios! ¡Su padre enloquecerá si ve esa mierda en las redes! ¡Maldición! Primero la hija de puta de Shapiro, y ahora… este acoso público de mierda.»

—Tony… ¿Qué te preocupa específicamente que se sepa o divulguen? —pregunta Cooper

—Todo Tío… Yo no quiero a nadie dando sus datos, ni sus direcciones, o lo que ella hace —explica Anthony, pasándose la mano por el cabello—. Nadie debe saber absolutamente nada de su vida privada.

—Okey… es para que no la acosen, lo entiendo.

—Exactamente Tío, pero no es solo por eso, también es…

por su seguridad. Nosotros tres somos figuras públicas, por lo que la gente sabe casi todo de nuestras vidas, pero con Alex es diferente.

Yo tengo que asegurarme de no exponerla más, por mi culpa se romperán todas las reglas de su padre —declara Anthony, angustiado—.

¡Ay por Dios! ¡Esto me está enloqueciendo!

—Chicos… yo me perdí un poco —interviene Paul, frunciendo el ceño—. ¿Tony de qué hablas? Tienes que ser más claro para yo poder entender que es lo que quieres proteger en el contrato, y así saber a qué atenerme.

—No eres el único. ¿A cuales reglas te refieres hijo? —cuestiona George.

—Paul, perdón por la pregunta, pero… ¿tu contrato conmigo tiene cláusula de confidencialidad, cierto?

—Claro Tony —responde Paul, riéndose—. ¿Por qué? ¿No confías en mí como para decirme?

—No, no es eso, es que… no son mis reglas. Está mal que hable de cosas de la vida de Alex, por eso es que intento proteger su privacidad.

—Mi vida, ya cuéntanos —insiste Cooper, a la vez que comparte una mirada con George.

—Paul, es que Alexa es hija de un político, específicamente de un diplomático importante en Rusia, su padre trabaja en la embajada y maneja temas militares, debido a que es personal de extrema confianza —explica Anthony.

—Okey… entiendo. Entonces, ¿eso es lo que no quieres que se sepa? —cuestiona Paul.

—No, no es que no quiero, es que… su padre tiene todo un sistema de seguridad alrededor de ella, aparte de varias reglas.

¡Las cuales yo estoy rompiendo con esos malditos videos!

—exclama él, frustrado—. La gente está como loca tratando de averiguar quién es la chica que aparece en las redes sociales conmigo, y eso su padre no me lo perdonará.

—Cariño, ¿a qué sistema de seguridad y reglas te refieres?

—¿Ustedes sabían que Alex tenía un casa en la playa? ¿Qué ella vivía en un pent-house en Manhattan? ¿Qué conduce y que tiene un jeep? ¿O que habla ruso? —replica Anthony—. ¿O que nadie nunca la visitó en su casa? La única persona que ha ido fuera de su familia, he sido yo.

—No hijo, ya sabes que ninguno de nosotros sabíamos nada sobre eso —afirma George.

—Exacto papá, esas son las reglas. Su padre no le permite dar esa información por su seguridad, nadie conoce donde están sus casas, y mucho menos el modelo de automóvil que tiene, pero ahora…

los paparazis la grabaron. ¡Ay por Dios!

¡Ezequiel verá ese video y me matara! —exclama angustiado—.

Papá… ¿sabes porque le compró un jeep y no un auto pequeño de chica?

—No lo sé, supuse que lo había hecho porque es una belleza de auto —responde encogiéndose de hombros.

—No papá, fue para poder blindarlo.

—¿El jeep está blindado? —inquiere Cooper, sorprendido.

—Sí tío… Ahora entienden porque me siento tan mal, ahora por mi culpa, ella está en el radar, y hay miles de personas tratando de averiguar cosas de su vida privada, lo cual es todo lo contrario a lo que su papá ha hecho.

Él siempre ha alejado la atención de ella y yo solo la expongo —murmura con tristeza—.

No sé qué mierda hacer… yo estoy comprometiendo su seguridad, no puedo con todo esto, no es justo.

—Bueno… eso sí es un problema —afirma George—. Ahora te entiendo hijo.

—¿Entonces qué hago Paul?

—Pues… legalmente me aseguraré de que el manager, ni nadie que contrates en un futuro, pueda divulgar nada de tu vida y de la de ella en específico —puntualiza Paul—.

Ahora, con respecto al tema de la exposición pública, la verdad es que no hay un claro marco legal, ni una regulación para poder acabar con estos videos. Es casi imposible luchar contra eso.

—Ay Dios —murmura Anthony—. Papá… ¿dime qué hago?

—Cariño… me matas con esa pregunta. Yo no soy experto en leyes, ni en redes, solamente soy un jugador de hockey y papá. Como jugador, estoy en el limbo al igual que tú con este tema, pero como papá, puedo darte mi opinión. Aunque… sé que no te gustará.

—Dime, necesito saber.

—Si yo fuese el padre de Alexa, la realidad es que necesitaría estar al tanto de toda esta nueva situación alrededor de mi hija.

—¿Qué? No papá. No… —replica Anthony, negando—. ¿Estás conscientede lo que me pides? Todo esto me supera.

—Ya lo sé Tony —añade George, en voz baja—. Por eso dije que no te gustaría, pero… sí te puedo asegurar algo. Es que si Alexa fuera mi hija, yo preferiría mil veces enterarme por una llamada tuya, que por un video en las redes sociales.

—En eso tienes razón, yo solo no quiero que Ezequiel me odie sin siquiera haberme conocido antes —confiesa Anthony—. Nada de esto es justo —añade con los ojos aguados.

—Cariño… no creo que te odie, en cambio, me parece que dejarás una buena imagen, porque ante esta situación incómoda, tú hayas salido al frente dándole la cara para ponerlo al tanto de todo, a escuchar su opinión, si no haces nada, quedarás como alguien inmaduro, a quien no le importa nada. ¿Me entiendes?

—Sí papá —susurra Anthony, con la mirada gacha—.Tío… ¿qué piensas?

—Estoy de acuerdo con tu padre. Mi mejor consejo es que seas sincero con él y no tengas miedo.

El mal ya está hecho, pero eso sí, ten claro que nada de esto es culpa tuya —puntualiza Cooper, en tono serio—.

Yo sé cuánto quieres y cuidas a Alex. Si ella fuera mi hija, preferiría enterarme por ti, a que Mimi me muestre los videos mientras tomo café.

—¡Ay no! ¡No me digas eso! —replica Anthony, con sorpresa—. ¿Qué hora es? ¡De seguro Mimi ya los vio! ¡Me voy a volver loco! Son las diez y media de la mañana, por lo que allá son las nueve y media de la noche —resopla angustiado—. No quiero llamarlo para esto.

—Bueno hijo… hazlo de una vez, no quedará bien que lo despiertes más tarde —añade George.

Anthony se levanta y comienza a caminar nervioso alrededor del comedor, mientras que los demás lo ven con preocupación.

—No… ¿Por qué? No quiero, pero… tengo que hacerlo. ¿Qué hice para tener que pasar por esto? Siento que se me va salir el corazón en cualquier momento —murmura para sí mismo, a la vez que no deja de dar vueltas—. Papá… no puedo hacerlo. ¡Esto es una mierda!

—Ya cálmate cariño. Respira profundo y lo llamas. Haz lo que te dijo Cooper —comenta George—. Se sincero, de esa manera él no se enojará porque le dirás la verdad. Se tú mismo, no importa que estés nervioso, pero habla con honestidad.

—Señor… ayúdame a superar esto —susurra Anthony, levantando la vista hacia el techo—. Dame fuerzas para no ser un cobarde, pero… dame una mano. No me tires a los lobos porque no saldré vivo.

—Sí señor, ayuda a mi sobrino. No queremos cobardes en la familia. Es capaz de pelear a puño limpio con tipos de ciento veinte kilos pero tiene miedo de hacer una llamada —bromea Cooper, para aligerar los nervios de todos.

—No seas idiota —replica Anthony, riéndose.

Se acerca a la mesa, toma una respiración profunda a la vez que agarra su teléfono para marcar el número de Ezequiel, dándose cuenta que tiene las manos sudadas.

—Tranquilo cariño, todo saldrá bien —añade George.

—¡Hola Tony! ¿Cómo estás?

Anthony gesticula a los demás para hacerles saber que el padre de Alexa atendió, a la vez que por dentro, grita en silencio.

—Hola Ezequiel, buenas noches para ti —dice mientras que sale de la casa para sentarse frente a la fogata—. Espero no interrumpirte.

—No tranquilo, estaba buscando alguna película interesante. Oye, sé que ya te escribí luego del partido, pero nuevamente felicidades por los cuatro goles. ¡Fue fantástico!

—Gracias, me alegra que hayas visto el juego.

—Claro, además de que fue genial cuando vi que enfocaron a Alex. Mimi gritaba emocionada cuando la vio en la pantalla —añade Ezequiel, riéndose—. No puedo creer que haya visto el juego casi desde la banca.

—Sí… fue una locura... Ezequiel perdona pero… no te voy a mentir. Estoy realmente nervioso por esta llamada —confiesa Anthony con la voz entrecortada.

—¿Por qué? —cuestiona él, entre risas.

—Porque no quiero que me odies.

—Tony… ¿por qué lo haría? No digas eso.