Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 08 #2
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CAPITULO 08 #2

—No me gustó como me sentí —confiesa de nuevo con los ojos aguados, a la vez que suelta un suspiro largo.

—Cariño… ¿qué fue lo que sentiste? —insiste George, apretándole la mano.

—Como si armaras un rompecabezas de miles de piezas y que te falte una.

.. aunque es hermoso y majestuoso, solo puedes fijarte en eso que no tienes.

Solo miras ese maldito espacio vacío, ese…

que te roba la satisfacción y la felicidad de ver todo finalmente terminado —expresa Anthony, agarrándose el cabello angustiado—.

Fue raro verlos a todos y que ella no estuviera acá, se siente…

como un vacío horrible —añade con un sollozo.

A George se le aguan los ojos, ahora entiende la razón de los sentimientos de Anthony, sabe que él extraña demasiado a Alexa. Finalmente cae en cuenta, y esta vez por voz propia de su hijo, lo muerto de amor que está por ella, aunque es evidente que no quiere dar muchos detalles al respecto.

George no quiere incomodarlo, así que trata de enfocar el problema desde otra perspectiva. para no dejarlo en evidencia y que se cierre.

—Comprendo cariño… tienes razón, ya mañana no estarás triste. Ella me dijo que su vuelo salía al mediodía, Leo y Kenny la pasaron mal hoy con ese asunto, él lo entiende pero no lo acepta, en cambio Kenny… ella sí que no lo procesa, pasó todo el día llorando.

—Es un maldito vacío de mierda que se siente aquí dentro en las entrañas. Papá… no soy capaz de lidiar con esto.

A George se le estremece el cuerpo al escuchar a su hijo así, traga grueso y le acaricia el hombro.

—¿Pero no estarán peleados o sí? Porque Alex me dijo que llega mañana.

—No Pá, no peleamos así como crees. Nosotros la pasamos genial en Los Ángeles, fue muy entretenido, yo tenía tiempo que no me divertía tanto en un viaje.

No sabes lo hermosa que es su casa, tiene dos pisos, en la parte superior hay dos habitaciones, dos baños, la cocina, comedor y el living con un televisor enorme —explica Anthony, riéndose—.

El balcón es un espectáculo por la vista, en la parte inferior hay otro baño, el garaje, también hay una habitación que usaban como depósito para el equipo deportivo.

Inclusive dejaron puestas en las paredes, unas especies de soportes donde se ve que colocaban las tablas de surf, frente a la casa, hay varias canchas de voleibol y la playa es hermosa Pá, imagínate…

despertarte y salir descalzo, caminar unos metros y entrar al agua.

Es todo un sueño… Ya estoy pensando en comprar unas tablas de surf y alguna de windsurf.

En ese momento, George nota como el rostro de Anthony cambia solamente al contarle como se sintió en el viaje con Alexa.

—Eso suena fantástico cariño, los chicos desde ayer no paran de hablar de eso, ahora dicen que tienen casa en la playa —comenta George y ambos se ríen—. ¿Pero Alex si tiene lugar para todos ustedes?

—Sí Pá, porque la habitación de visitas tiene dos camas matrimoniales, también hay un sofá enorme en el living.

De igual manera, creo que sería mejor sacar las que hay y cambiarlas por un par de literas de tres niveles.

.. ya vi unas que son con cama matrimonial abajo y en la parte superior individuales.

Así cabrían varias personas por litera, creo que si compro dos, serían suficientes camas de huéspedes.

—Cariño, eso se oye bien, ya veo que lo tienes todo muy bien planificado.

—Sí Pá, es que en vacaciones no me van a poder sacar de allá. Creo que si mamá y tú quieren ver a algunos de sus hijos, tendrán que ir a visitarnos —bromea Anthony.

—Bueno cariño, para mí eso suena genial, yo amo la playa. Eso sí… tendrás que hacer lugar para Cooper, porque se morirá si sabe que no lo invitamos.

—Tranquilo, que eso también lo pensé —aclara él, riéndose—.

Nosotros somos seis y ellos tres, pero como Logui duerme con ellos, entonces seriamos ocho personas, las camas estarían completas.

Además del sofá del living y Alex mencionó que quiere comprar algo para acostarse en el balcón.

Para mí, ese es el mejor sitio en toda la casa para dormir, imagínate poder hacerlo escuchando las olas, mirando las estrellas y sintiendo la brisa del mar, es una locura Pá.

—¡Sí! ¡Tienes razón! —exclama George, riéndose—. ¿Alex ya sabe?

—¿Qué cosa?

—Sobre todo esto que estás planificando.

—No, es que aún no hemos tenido tiempo de hablar, pero… ella sí me dijo que estaba loca porque todos fueran.

—Porque fuéramos para su casa, pero… no porque le remodelaras todo cariño —bromea George.

—Tranquilo, eso no es problema.

—Okey… pareces muy seguro. Aunque con las chicas, nunca se sabe —añade George.

—Papá… te aseguro que no será un problema —afirma él sonriendo—. Alex me dijo que esa era mi casa, que hiciera lo que quisiera, que no tengo que pedirle permiso de nada, pero… de todas maneras mañana le contaré.

—¡Ah! Eso se oye genial. Cariño… el padre de Alex debe tener mucho dinero, porque tener una casa en la playa no es barato, además de un pent-house.

—Claro Pá, sé que es muy costosa, pero él se la regaló porque era la casa de sus sueños.

Alex me dijo que cómo ella recibió la beca, entonces su papá invirtió el dinero que tenía destinado para pagar su universidad en comprarle la casa, y la otra parte, fue de sus propios ahorros.

Ahora… no sé qué tanto dinero tienen o no, pero Pá, la verdad no creo que sean millonarios, porque estoy seguro que Alex no tiene dinero.

—¿Cómo que no? —pregunta George, confundido.

—Pues ella tiene lo que su papá le envía para cubrir sus gastos mensuales, como comida, teléfono y para cancelar los servicios de la casa de la playa, pero…

no se acerca a lo que tú me dabas a mí a esa edad —aclara Anthony—.

Y los ahorros que ella tiene, es porque trabajó de tutora en la universidad.

—¿Fue tutora? ¿A esa edad? —inquiere George, sorprendido.

—Sí, Alex tenia veinte alumnos, ella trabajó todo un año dándoles clases para poder ahorrar y venirse a Vancouver, pensaba alquilar un mono ambiente, pero todo lo que ganó durante ese año, solo le alcanzaría para tres meses.

Por eso es que no pudo venir antes y al final, el rector la convenció de meterse en el programa de intercambio.

—Yo no sabía nada de eso Tony, pero… ¿por qué su papá no la ayudaría para venir a estudiar acá? Eso no lo entiendo.

—Pues porque Alex es así… ella no le dijo nada a su padre para que él no le enviara dinero. No le gusta pedirle cosas, quería hacerlo por sus propios medios. No quiere sentir que depende de su papá, es muy independiente.

—Hijo, pero… ¿Cómo hace Alex para sus gastos grandes? Especialmente los boletos aéreos, yo pensé que su papá le pagaba eso.

—No Pá, eso lo costea ella misma de sus ahorros, de lo que ganó dando clases.

De hecho… la última vez que vi su cuenta bancaria, había un poco más de diez mil dólares, pero sé que gastó más de dos mil en mis vitrinas.

Ella no me lo dijo, pero lo averigüe cuando pagué las de los gemelos, restando esos gastos, más los pasajes aéreos, pues…

calculo que le deben quedar quizás unos seis mil.

—Espera… ¿cómo viste su cuenta bancaria? —cuestiona George, frunciendo el ceño.

—Es que yo iba a comprar algo por internet y solo bromeaba con que ella comprara algo que valía doce mil dólares, ahí fue cuando Alex me mencionó que no le alcanzaba y me mostró el saldo en su cuenta.

—Y teniendo tan poco ahorrado… ¿por qué gastó tanto en las vitrinas?

—Qué puedo decirte Pá… Alex es así. Ella es feliz dando, pero no le gusta recibir.

Mejor dicho… no está acostumbrada a recibir, se siente mal si alguien gasta dinero en ella —añade Anthony, encogiéndose de hombros—.

Incluso cuando comemos helados, ella no me deja pagar, a ese nivel llega.

Yo ya me acostumbré un poco, porque la verdad, me cansé de insistir y tener siempre la misma conversación en donde yo digo que pago y ella me da mil argumentos para que no lo haga, simplemente no quiere que le compre o le pague nada.

—¿En serio tú no pagas los helados que traen a casa? —pregunta George, riéndose.

—No, ella no me deja —responde Anthony, entre risas—. Y no es por falta de caballerosidad, es que en serio está decidida con la idea de que no gaste mi dinero en ella.

—¿Pero ella si puede gastarlo en ti?

—Eso mismo le dije —replica Anthony, aun riéndose—.

No puedo hacer nada, ella es feliz dando y ya yo me acostumbré.

Es más… cuando vamos a comer pizza con los chicos es básicamente lo mismo, Alex no me deja pagar, pero los chicos no están al tanto de esto, ellos creen que soy yo quien los invita, cuando en realidad es ella.

—¿Por qué no sabía nada de esto? Bueno… eso es muy dulce y desinteresado de su parte. Tienes razón cariño, en cuanto a que ella es del tipo de persona que da mucho, sin esperar recibir nada a cambio. Sin duda somos muy afortunados.

—Lo somos Pá —afirma Anthony, sonriendo.

—Jamás ninguno de ustedes conseguirá una amiga mejor que ella, aunque… decir amiga, es quedarme corto —declara George levantándose y lo toma del brazo—. Vamos a dormir cariño, fue un día genial, pero tienes que descansar.

—Está bien, Pá —murmura él, mientras que lo sigue hacia el interior de la casa, una vez dentro, ambos suben de inmediato las escaleras.

—Oye… en la mañana viene Cooper con el abogado, haremos las dos entrevistas para que elijas el manager que te gusta.

—Perfecto Pá, descansa —dice Anthony, caminando por el pasillo para ir a acostarse, mientras que su papá sigue subiendo las escaleras hasta el otro piso.

—Cariño… —murmura George, entrando a su habitación y encendiendo la luz de su mesa de noche—. ¿Estás dormida?

—Sí… lo estaba —replica Victoria, con voz somnolienta.

—Mi amor, es que… a tu hijo no le gusta Alex, ni tiene algo de interés en ella —comenta él, sentándose en la cama—. Él está completamente enamorado. Mejor dicho, perdidamente, locamente enamorado, no sabe cómo estar sin ella.

—¿Qué?... ¿De qué hablas? Espera un segundo… ¿él te lo confesó? —cuestiona ella, sentándose rápidamente en la cama.

—No hubo necesidad de que lo hiciera... yo recogía las cosas del jardín cuando lo noté triste sentado en la fogata y me preocupé.

En cuanto le pregunté que tenía, él solo me dijo que no le pasaba nada.

Insistí varias veces, hasta que empecé a cuestionarlo sobre si la razón por la que estaba así era por la presión del partido, o si tenía algún problema, que me dijera y yo lo ayudaría, ahí empezó a llorar con más fuerza sin parar, como cuando era un niño, me asusté cariño… yo pensé que tenía problemas graves.

—¿Y por qué lloraba? ¿Qué pasó? —inquiere Victoria, preocupada—. ¿Es que se peleó con Alex?

—No cariño, nada de eso —afirma él, tomándole la mano—.

Después de insistirle como veinte veces, me contó que estaba triste, porque cuando llegó a la casa y nos vio a todos esperándolo, se sintió raro, no le gusto que “ella” no estuviera.

Tony me dijo que su ausencia se sentía como un maldito espacio vacío, que le dolía en las entrañas.

—¿Usó esas palabras? —pregunta Victoria, haciendo puchero y George asiente—. ¡Ay por Dios! ¡Mi hijo está perdidamenteenamorado!Estanlindo.