Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 06 #2
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CAPITULO 06 #2

En el hielo, Anderson logra desviar un remate a la esquina superior, el disco lo toma Tucson, luego de un par de pases llega a Sergei, quien desde la línea azul dispara al arco, pero el puck es bloqueado por el cuerpo de un defensa.

Unos segundos después, Anthony recupera el disco, remata con potencia y el puck pasa debajo de la pierna derecha del arquero de Los Ángeles.

Con el marcador 5 a 1 para los Rangers, todos los jugadores comienzan a golpear el casco de Anthony cuando este se aproxima a ellos festejando.

A la vez que Alexa, brinca y grita emocionada desde la banca.

Él patina hacia la esquina donde ella se encuentra, mostrándole el número tres con sus dedos, causando que ambos se rían, para luego regresar y tomar asiento en la banca.

En Vancouver, los Evans celebran emocionados por los goles de Anthony y por la actuación de los Rangers durante el partido.

—¡Hat trick! ¡Hat trick! —gritan todos al unísono, pendientes de cada detalle del juego.

—¡El segundo Hat Trick! ¡Vamos carajo! —exclama Cooper.

—¡Así se hace hijo! —añade George, abalanzándose sobre los gemelos en el sofá mientras que festeja con ellos entre risas.

—¡Vamos Oti! ¡Vamos! —agrega Kendall enloquecida, corriendo por el living.

De regreso en el arena, los jugadores de Los Ángeles se encuentran completamente iracundos, saben que necesitan hacer cambios drásticos en sus líneas para poder remontar la diferencia. Por su parte, el entrenador Donson, decide sentar en la banca a Sergei y Anthony.

En el momento que se reanuda el partido, los defensas de Los Rangers detienen todas las jugadas de su rival, quienes no logran hacer más de dos pases consecutivos, hasta que, en una jugada, un angelino embiste con fuerza a Anderson, dejándolo derribado bajo la arquería.

En ese instante el juego se detiene, en la banca de los Rangers todos protestan, mientras que los jugadores en pista se van contra el angelino que derribó a Anderson.

En cuestión de segundos, el hielo se vuelve un caos, todos están dando y recibiendo golpes, exceptuando a los dos porteros, a la vez que los árbitros intentan controlar lo caldeada de la situación.

En medio de las múltiples peleas, el Doctor Wilson y David se acercan a Anderson, quien de inmediato comienza a quejarse de molestias en su rodilla, por lo que es sacado del rink, entrando Miller como el portero de reemplazo.

Para ese momento, los árbitros finalmente calman la situación, y envían a todos los jugadores involucrados en las peleas, a sus respectivas cajas de castigo.

Faltando solo dos minutos para finalizar el partido, el equipo de Los Ángeles se encuentra con un jugador menos en la pista, mientras que Anthony, sentado en la banca, está concentrado mirando hacia donde Alexa, quien se encuentra de pie, como a unos tres metros de él, cuando de repente escucha la voz del entrenador Donson, trayéndolo de vuelta al presente.

—Bien… está es nuestra oportunidad. ¡Donovan y Evans! ¡Adentro!

—¡Sí entrenador! ¡Capi! ¡Vamos por el tiro de gracia! —exclama Anthony, antes de ponerse el protector bucal.

—¡Sí! —replica Donovan asintiendo, a la vez que ambos se levantan de la banca.

—¡Hey! —grita Anthony, llamando la atención de Alexa y le muestra el número cuatro con los dedos, ella le asiente con una sonrisa mientras que lo ve como ingresa al rink.

—Capi… tenemos que meter otro gol. No voy a dejar que mi chica se vaya con la cara golpeada en vano —comenta Anthony—. ¡Esos hijos de puta perderán por goleada!

—¡Estoy contigo! —afirma Donovan, chocando cascos con él—. ¡Oye Harri! ¡Consíguenos el puck! ¡Hay que meterles el sexto a estos malnacidos!

—¡Cuenta con eso! ¡Vamos a darles el golpe de gracia a estos malditos! —añade Harrison, con coraje.

Se reanuda el partido, con ventaja numérica para los Rangers, Los Ángeles comienzan teniendo el disco, Tucson bloquea al atacante quien se gira, buscando evadirlo pero se encuentra de frente con Harrison, este lo intercepta y recupera el puck, haciéndole un pase a Anthony, quien patina a máxima velocidad, evade a un defensa y sobre la línea azul pasa el disco a Donovan, quien intenta disparar pero no consigue un buen ángulo, por lo que da la vuelta por detrás del arco, mandando un pase en corto a Anthony, quien se encuentra justo frente al portero.

Anthony ve venir el puck, remata con fuerza al ras del hielo, marcando el 6 a 1 para su equipo, y su cuarto gol del partido.

En ese instante, todo el banquillo de los Rangers celebra eufórico, mientras que Anthony, Donovan y Harrison se abrazan en la mitad del rink, segundos después se les acercan Tucson y Sergei, para unirse al festejo.

Alexa grita emocionada en la esquina donde se encuentra, viendo hacia la pista de hielo con una sonrisa enorme en el rostro a pesar del dolor por el golpe que recibió.

—¡Oye Cooper! ¡Cooper! ¡Coop! ¡Coop! —grita Taylor a todo pulmón, desde el banquillo de los Rangers.

Alexa escucha que llaman a Cooper y voltea extrañada, porque sabe que él no viajó con el equipo, sino que se encuentra en casa de los Evans con el resto de la familia viendo el partido.

Cuando mira hacia la banca, nota que Clayton y el resto de los jugadores la están observando, luego Taylor la señala y le hace un cuatro con los dedos, ella no puede evitar reírse tontamente mientras que vuelve a enfocar su mirada en la pista, para seguir celebrando.

En el living de casa de los Evans, todos se encuentran festejando con ímpetu, nadie puede creer todo lo que ha sucedido en el partido, aun no lo asimilan mientras que se mantienen gritando y saltando emocionados.

—¡Ay por Dios! —exclaman Victoria y Carol al unísono.

Cooper y George se abrazan exaltados mientras que Kendall hace sonar una trompeta parada sobre el sofá.

—¡Póker! ¡Póker! —grita Leo, saltando.

—¡Póker! ¡Póker! —repite Max.

Todos los chicos se unen en el medio del living saltando emocionados, a la vez que las chicas gritan el apellido Evans, completamente felices.

De regreso en el arena, Anthony y sus compañeros se acercan a la banca, donde todos comienzan a golpearle el casco emocionados, a la vez que le gritan y siguen celebrando.

—¡Bien hecho Evans!

—Gracias entrenador —replica entre risas, mientras que sigue recibiendo una lluvia de manotazos.

—¡Muy bien chicos! ¡Nos quedan veintitrés segundos y nos vamos a casa! —exclama el entrenador Donson.

En ese momento, Anthony sube la pierna para entrar al banquillo cuando es interrumpido.

—¡Evans! ¿Qué haces? —inquiere el entrenador Donson—. ¡Sal y termina!

Anthony sonríe y se regresa a la pista, patina un par de metros hasta que se acerca a Alexa, ella le muestra un cuatro con los dedos, ambos se sonríen, mientras que él repite el mismo saludo.

Luego le indica que lo espere, tras el asentimiento de ella, comienza a patinar de reversa sin dejar de observarla y de sonreírle.

El partido se reanuda para los últimos segundos que quedan, donde solo se realizan tres pases hasta que el pitazo indica que ha finalizado, con victoria para los Rangers.

En ese instante, todos los chicos saltan al hielo para festejar, mientras que Anthony rápidamente choca cascos con Miller, y se regresa a toda velocidad hacia el banquillo, desesperado por celebrar junto a Alexa, los jugadores que le pasan por un lado, notan hacia donde se dirige, y le dan varios manotazos riéndose.

Anthony entra, se saca los guantes, el casco, y de inmediato corre hacia Alexa, se inclina, a la vez que ella se pone de puntillas, para abrazarlo con fuerza mientras que ambos se sonríen.

—Oti… estuviste fantástico.

—Gracias, amor.

—¿Es la primera vez que lo haces?

—¡Sí! —exclama él, dándole un beso en la mejilla.

—¡Cuatro goles! ¡Estás loco! —comenta ella, brincando emocionada—. ¡Eso es increíble! ¡Estoy muy orgullosa de ti!

—Gracias amor, yo estoy feliz de que estés acá. Aunque… lamento lo de tu cara —añade él, pasándole los dedos por la mejilla—. Pero de verdad estoy jodidamente feliz de poder tenerte conmigo en este momento.

—¡Ay por Dios! ¡Se me va a salir el corazón de la emoción! ¡Me encantas! ¡Eres increíble! ¡El mejor chico y eres mío!

—Qué bueno amor, porque tú también me encantas. Ali… eres mía, toda mía y de nadie más —susurra Anthony, en el oído de ella.

Los jugadores de los Rangers empiezan a regresar al banquillo y pasan junto a ellos para ir rumbo a los vestidores, entre gritos y vítores le tocan la cabeza mientras que Anthony continúa abrazando a Alexa.

—¡Eso Evans! —exclama Donovan, sonriendo.

—¡Dale Coop! —añade Clayton, riéndose.

—¡Así se hace Tony! —celebra Harrison, al pasar al lado de ellos.

—¡Un jodido póker y dos nocaut! —agrega Ryan, brincando—. ¡Es la mejor noche para ustedes!

—¡Vamos Cooper! —comenta Miller.

—¡Póker de goles bebé! —grita Taylor, entusiasmado.

—¡Eso Coop! ¡Festéjalo! —dice Sergei,

—¡Póker de besos! —bromea Owen, haciendo muecas.

—Coop… no me lo malogres mucho —añade Tucson, riéndose.

Los jugadores siguen festejando a medida que pasan, mientras que Alexa se ríe al escuchar todo lo que dicen

—¿Qué pasa amor? —pregunta Anthony, mirándola.

—No escuchaste que me dicen Cooper… eso es raro. Cuando estabas en la pista, yo oí que llamaban a Cooper desde la banca, pero solo pensaba en que él no estaba acá. Entonces, no entendía porque lo llamaban, después fue que me di cuenta que se referían a mí —comenta ella, entre risas.

—Sí me di cuenta amor, es que para ellos, tú eres su sobrina, pero… tienes razón, sin duda se oye raro.

—¡Viste! ¡Es súper raro! Yo jamás pensaría que se refieren a mí si escucho que llaman a Cooper.

—Pues… si te van a cambiar el apellido, sería mejor que te dijeran Evans. ¿A fin de cuenta eres mía o no? —murmura él, sonriéndole.

—Sí Oti… soy tuya.

—¿Toda mía? —inquiere él, guiñándole el ojo.

—Completamente —declara ella, abrazándola con fuerza durante unos segundos.

—Lo siento por eso —susurra él, acariciándole la mejilla notando que la tiene enrojecida e inflamada.

—No duele tanto Oti, no te preocupes.

—No puedo dejar de hacerlo amor, tú eres mi razón de ser.

—Oti… —murmura ella sonrojándose, mientras que él deposita un beso en su frente y se acerca a su oído.

—Ali… te adoro con toda mi alma —añade dándole un beso en la mejilla—. Tengo que irme a los vestidores, ¿si me esperarás verdad? No quiero que te vayas aun.

—Sí, yo te espero acá, Oti.

Anthony le sonríe y se da vuelta para irse con sus compañeros, pero es interrumpido cuando escucha su voz.

—¡Oti!

—¿Si amor? —pregunta él, volteando a verla.

—Yo te traje algo para celebrar.

—Ah… ¿es que ya sabias que ganaríamos? —cuestiona él, sonriéndole.

—Claro Oti.

—Ali… nosotros celebramos con helado, así que ya se debe haber derretido —bromea él, acercándose de nuevo a ella.

—Pues sí, por eso es que te traje una variante. Pastel de chocolate de la heladería a la que fuimos ayer. Es uno de mis favoritos —comenta Alexa abriendo la bolsa de papel, mostrándole el recipiente plástico redondo que está en el interior.

—¿Compraste un pastel completo? —inquiere él sorprendido, a la vez que recibe la bolsa—. Menos mal que ganamos, amor.

—Claro Oti, es que yo no lo dudé. Aunque… sí fue una sorpresa lo de los cuatro goles, pensé que lo máximo serían tres. Estás saliéndote de los límites, si estuviera en Vancouver… te aseguro que estaría contratando en este momento una banda marcial, para recibirte junto a los fuegos artificiales.

—Ali en serio, estás loca —comenta él, riéndose.

—Sí Oti, pero por ti. ¡Ay por Dios! ¡Estoy tan feliz! ¡Metiste cuatro goles Oti! ¡Eres increíble!

—Gracias, amor.

—Bueno… te debo una gran celebración, pero el pastel es un adelanto en amortización de mi deuda.

—Es perfecto amor, de verdad gracias... Luego de que me duche lo probamos —dice Anthony, dándole un beso en la mejilla, para luegodirigirsehaciaeltúnel.