CAPITULO 06
H arrison y Anthony se enfurecen por lo sucedido y comienzan a golpear con fuerza el cristal, y a gritarle cosas al grupo de fanáticos. Los jugadores de los Rangers escuchan el alboroto, por lo que empiezan a acercarse para ver qué sucede.
—¿Qué les pasa? ¿No ven que es una niña? ¡Ustedes están muy mal! —reclama Alexa, mientras que intenta calmar a Mary.
Mientras tanto, Harrison y Anthony continúan insultando a los fanáticos desde la pista, a la vez que los jugadores que se han acercado reconocen a Alexa.
—¿Qué pasó Tony? —pregunta Donovan, preocupado.
—¡Qué estos hijos de putas empujaron a las chicas contra el cristal! ¡Le han robado todos los discos a la sobrina de Harrison! —replica Anthony, furioso.
El resto de los Rangers notan que la niña en brazos de Alexa está llorando, por lo que ellos también se unen al alboroto.
—¡Donovan! ¡Donovan! ¿Qué rayos pasa ahí?
—¡Entrenador! ¡Qué unos fanáticos de Los Ángeles empujaron a la sobrina de Harrison y a la de Cooper! ¡La niña está llorando! —explica Donovan.
Alexa aún con Mary en brazos, logra alejarse un par de metros del grupo de fanáticos de Los Ángeles, y se queda de pie junto a la banca de los Rangers.
En cuanto los jugadores la notan, se acercan a ellas patinando, a Harrison se le destroza el corazón al ver a su única sobrina llorando, por lo que toma su palo de hockey y lo levanta para pasárselo.
—Mary… mira lo que te dará Harrison —murmura Alexa.
La niña se seca las lágrimas y sonríe, mientras que Alexa la levanta por encima de sus hombros para que ella pueda tomar el palo de hockey.
Mary lo sostiene muy feliz, pero medio segundo después, uno de los fanáticos de Los Ángeles se lo arranca de las manos con rudeza, por lo que la hoja del palo golpea con fuerza la mejilla de Alexa.
Al ver lo que sucedió, Anthony explota de la ira, a la vez que Harrison está tan furioso, qué casi tumba el cristal que los separa de las chicas.
Mientras que el resto de los jugadores de los Rangers comienzan a hacer un escándalo, causando que el cuerpo técnico, vea toda la escena desde el banquillo.
Alexa aguanta el dolor lo más que puede, para que Anthony no se enfurezca más, con cuidado baja a la niña y la coloca en el piso, justo en la pared que colinda con la banca, dejando junto a ella, la bolsa de papel que colgaba en su brazo, para luego acercarse al fanático que sostiene el palo de hockey.
—Mira… solo devuélvemelo y ya.
El chico se ríe en su cara, a la vez que celebra con los demás que logró quedarse con el palo de Harrison.
—Devuélvemelo por favor —insiste Alexa, en tono serio.
—No, esto es mío —replica el fanático, volteando a verla—. Yo lo agarré. Resulta… que no estamos en Vancouver. ¡Esto se queda acá en Los Ángeles! —exclama, levantando el brazo derecho en alto sosteniendo el palo.
—Bien —dice Alexa y un segundo después, le lanza un solo puñetazo directo al plexo solar, el chico se desequilibra del dolor y cae sentado, por lo que ella aprovecha de quitarle el palo de las manos.
Otro de los chicos del grupo de fanáticos, se apresura y toma el stick de hockey de las manos de Alexa, pero esta vez sin preguntar, ella lanza el mismo golpe corto, directo a la boca del estómago, haciendo que este caiga de inmediato, arrodillado por el dolor y lo suelte.
Alexa toma el palo, se da vuelta, camina hasta la esquina y se lo entrega a Mary, mientras que los Rangers en la pista, se quedan estupefactos, ninguno puede creer lo que acaba de suceder.
Ellos pasaron de estar a punto de matar a esos fanáticos, a ver cómo Alexa se defendió sola y logró derribar de un solo golpe a cada uno de ellos.
Asombrados, los jugadores observan a los dos chicos privados de dolor en el piso.
—¡Espera! ¡No te muevas! —comenta Anthony preocupado, acercándose a Alexa—. ¡Harri! ¡Tenemos que sacarlas de ahí!
Los árbitros se acercan buscando calmar los ánimos en la banca de los Rangers, mientras que los jugadores siguen protestando airosos, porque los fanáticos atacaron a sus familiares. Donovan está intentando explicarles lo que pasó.
—¡Hey Larsoon! —exclama el entrenador Donson, al notar cuando este llega—. ¡Saca a las niñas de ahí!
Él junto con un chico de seguridad del arena, abre la puerta que da a la tribuna, entra y camina entre las filas hasta que llega a las chicas.
—Alexa, ven conmigo.
—Señor Larsoon, cárguela a ella, está sola —explica ella, señalando a Mary.
—Está bien, pero ve adelante de mí —indica Larsoon, a la vez que levanta a la niña en sus brazos.
Luego todos caminan hacia la banca de los Rangers, donde segundos más tarde, Harrison entra y se apresura a recibir en brazos a su sobrina.
—¡Mary! ¡Mary! ¿Estás bien mi amor? —pregunta él preocupado, revisándola.
—Sí tío —responde Mary, en voz baja y abrazándolo.
—¡Amor! —exclama Anthony, acercándose a Alexa—. ¿Estás bien? Voy a matarlos, mira cómo te golpearon la mejilla —añade sacándose los guantes y el casco para agarrarle el rostro con cuidado.
—Tranquilo… yo puedo aguantar —dice Alexa, sonriéndole—. Solo ve a jugar, marca un par de goles y ya. No te preocupes.
Por su parte en la pista, los árbitros mandan a sentar a todos los jugadores para dar inicio al partido, pero aún con ellos sentados, hay querellas y reclamos en la banca.
—Tony… déjame verla —agrega el doctor Wilson, acercándose a Alexa para examinarla.
—Hola Doc… ¿Ya está muy feo? —pregunta ella, apretando un poco los dientes al sentir dolor.
Todos los jugadores desde la banca miran hacia la izquierda, para observar atentos como el doctor la atiende.
—Fue un golpe duro, pero aun no esta tan mal —informa el Doctor Wilson, a la vez que le coloca hielo en la mejilla—. Dime… ¿te duele algo más?
—No Doc, nadie me pegó, fue solo el palo —aclara Alexa—. Aunque… ¿me puede conseguir otro hielo? Es para colocármelo en la mano.
—¡Ay por Dios! Amor… ¿te duele la mano otra vez? —inquiere Anthony preocupado, a la vez que Clayton se acerca a ella para ver cómo se encuentra.
—Solo me molesta un poquito la herida —acota Alexa—, pero no te preocupes.
—¡Como no te va a doler la mano puñaleada si los derribaste de un solo golpe! —interviene Clayton con fuerza—. Todos temiendo por tu seguridad y los que peligraban eran ellos.
Los jugadores y el cuerpo técnico que están en la banca no pueden evitar reírse por ese comentario, logrando así aligerar un poco el ambiente.
—¡Vayan a jugar! ¡Estoy bien! —replica Alexa, entre risas—. ¡Eso sí! ¡Metan unos tres goles más!
—¿Realmente estás bien? —murmura Anthony, abrazándola.
—Sí Oti —susurra ella—. Me duele, pero poco. Además… ya estoy acostumbrada a estos golpes, no es nada del otro mundo. Diviértete y no te preocupes por mí.
—Me asustaste amor —confiesa Anthony, a la vez que toma el rostro de ella y le acaricia el cabello, luego le da un beso en la mejilla.
—Oti ve y mete varios goles.
—¿Cuantos quieres ver? —inquiere él, sonriéndole.
—¡Evans adentro! —indica el entrenador Donson.
—¡Sí entrenador! —replica Anthony, le da un beso en la mano a Alexa, le guiña un ojo y luego camina hacia dentro de la pista.
—Esta es mi sobrina… no la sueltes hasta que termine el partido —indica Harrison, acercándose a Larsoon con Mary en los brazos.
—Juega tranquilo —replica Larsoon, recibiéndola.
Alexa se encuentra concentrada viendo hacia la pista cuando es interrumpida al escuchar una voz.
—Mantén siempre el hielo en la cara, se te va inflamar rápido. Ya conozco esos golpes con el palo.
—Está bien, gracias Doc —afirma ella, riéndose—. Soy un imán de golpes, ya perdí la cuenta cuantas veces me ha visto.
—Bueno… creo que ya estas a la par de Tony, incluso me parece que llevas más peleas que él —bromea el doctor Wilson, causando que ambos se rían.
—Señor Larsoon… siento que estoy atravesada aquí. ¿Desde dónde puedo ver el partido? —pregunta Alexa.
—Quédate ahí mismo en la esquina, contra la pared. No te preocupes, que ahí no vas a interferir.
—Perfecto. Oye Mary… ¿tu tío es Harrison? —inquiere Alexa, viendo a la niña—. Tienes suerte de tener un tío tan genial.
—¡Sí! ¡Mi tío es el mejor del mundo! —exclama Mary, entusiasmada.
Se da inicio al último periodo del partido, Los Rangers salen en busca de venganza por lo ocurrido en las tribunas, mientras que Los Ángeles se hacen con el disco, luego de un par de pases, un atacante recibe el puck, patina por detrás del arco, pero Harrison lo embiste con fuerza, haciendo que el jugador caiga al suelo y todos en la banca festejan eufóricos, como si se tratase de un gol.
Clayton recupera el disco, patina a toda velocidad, hace un pase a Owen, quien evade a un defensa, dispara al arco pero el portero logra bloquear el puck, el cual rebota frente a la arquería, mientras que por detrás de esta, aparece Anthony, rematando el disco y mandándolo al fondo de la red.
De inmediato, él se acerca a la banca con los brazos levantados, festejando, a la vez que Harrison se une a toda velocidad para celebrar también con el resto de los jugadores en el banquillo.
Anthony patina hacia a la esquina de la banca, apoya la punta de su palo contra el cristal señalando a Alexa, y ambos se sonríen, luego él patina de reversa mientras le muestra el número dos con su mano.
Alexa, aun sosteniendo el hielo contra su mejilla, se ríe al ver a Anthony en las nubes, tan feliz celebrando con su equipo.
Solo quedan menos de diez minutos para terminar el partido y el marcador se encuentra 4 a 1, a favor de Los Rangers.
Los jugadores de Los Ángeles comienzan a golpear más fuerte en el hielo, a raíz de la embestida que hizo Harrison, provocando que los ánimos se caldean aún más.