Cazadora Perdida (Serie Kat Drummond 6) 23. En la oscuridad
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23. En la oscuridad

En la oscuridad

—¡No! Bajo ninguna circunstancia te permitiré ir por ahí de picos pardos por las alcantarillas a cazar liches —le gritó Cindy a un Brett que se mostraba muy apurado.

Él estuvo a punto de replicar con su opinión al respecto, pero hizo una mueca de dolor al intentar incorporarse en la cama. No ayudaba mucho a su argumento.

Le habían dado el alta en el hospital, pero seguía postrado.

Cindy y el médico estaban seguros de que, con el tiempo, se recuperaría del todo.

Solo necesitaba dosis diarias de magia de purificación.

No demasiada, ojo. Si te pasabas, el cuerpo no sanaba bien.

Como si te tomaras el triple de la medicación recetada.

Necesitaba una cantidad exacta de curación cada día.

Ni más ni menos. Por suerte, tenía a Cindy allí para proporcionársela, así que no teníamos que preocuparnos por facturas médicas astronómicas.

Sí, nadábamos en billetes tras aquella caza del minotauro, pero hasta un lago termina secándose si no se rellena.

—No te preocupes... —Hammond sonrió con sorna—. Yo cuidaré de la gata loca por ti.

—Sé cuidarme solita —repliqué, y me acerqué a Brett, empujándolo de nuevo hacia abajo para que no se hiciera daño al levantarse—. Podemos encargarnos de esto. He matado montañas de nigromantes yo sola. Y esta vez tengo a una purificadora cubriéndome las espaldas.

—Y a un piromante —añadió Hammond, desesperado por recibir aprobación. O simplemente con ganas de chinchar a Brett.

—Sin especialista en brechas. Sin experto en explosivos —respondió Brett, dejando que le empujara hacia abajo sin oponer resistencia. Mi mano se quedó suspendida sobre su hombro. Por si acaso quería volver a levantarse. En serio. Solo por eso.

—Son zombis. No un drakon o un cártel de vampiros —añadió Guy— personalmente, creo que Kat está siendo generosa dejándonos participar en el botín.

Fruncí el ceño. No era tan sencillo. Los liches, incluso los que solo lo eran a medias, no eran simples muertos vivientes.

Eran manifestaciones físicas poderosas de la nigromancia y la corrupción.

A menudo se parecían a los túmulos, al parecer.

Yo nunca había visto ninguno. Pero eso estaba a punto de cambiar.

Sin embargo, no expresé mi preocupación. No quería que Brett hiciera ninguna estupidez.

—Colega, sé que no es agradable oírlo —dijo Guy—.

Pero no creo que se nos necesite en esta misión.

Kat tiene razón. Y el manco de McGee también.

Con Cindy encargándose de la curación y la purificación, cualquier tipo de magia oscura que nos lancen será mitigada.

Y me fastidia decirlo, pero esta vez el fuego es mejor que las balas. Y, además...

Miró en mi dirección.

—La tenemos a ella.

—¿Eso es un cumplido, señor Ndebe? —solté una risita. Los labios de Brett se curvaron en una sonrisa. ¡Victoria!

—No sé por qué nos molestamos en intentar convencerte —suspiró Cindy—. No te voy a dejar salir de la cama de todos modos.

—¡Está bien! —dijo Brett, pero no percibí ningún tipo de resignación en su voz. Más nos valía cerrar la misión rápido antes de que hiciera alguna estupidez.

—Estupendo. Ahora que podemos ignorar tu machismo, pasemos al plan. Sentíos libres de dar vuestra opinión. Seguís siendo parte del equipo —dijo Cindy, aceptando la aparente rendición de Brett.

El grupo se volvió hacia mí. A pesar de que el nombre de Cindy figuraba en el registro, todos parecían pensar que yo era la líder. Yo prefería considerar a Los Cruzados como un caos organizado. Pero si esperaban que yo sentara las bases, pues que así fuera.

—Cindy, ¿qué sabes de los liches?

Ella negó con la cabeza. —No mucho, Kat. No es mi especialidad. Solo sé que son nigromantes muertos vivientes muy poderosos.

Me resistí a suspirar. Tendríamos que confiar en mis limitados conocimientos. Y en los de Treth. Pero presentía que los conocimientos de Treth quizá no fueran tan limitados. Solo dolorosos.

—Athena afirma que este hombre está en transición para convertirse en un lich.

Eso puede significar muchas cosas. Por prudencia, supongamos lo peor.

Primero, algo de teoría básica. Los liches son muertos vivientes.

En esencia. Lo que significa que la purificación funcionará, hasta cierto punto.

La mayoría de los liches suelen emitir un aura de corrupción lo bastante potente como para repeler la mayoría de los hechizos de purificación. Lo que significa...

—Fuego —intervino Hammond.

Asentí. —Y espadas. Pero puede que no sea tan sencillo. Dependiendo de en qué fase de su transformación se encuentre, es posible que ya tenga una filacteria.

—¿Filacteria? —preguntó Brett.

—Un objeto de cierta importancia mágica.

Puede parecerse a muchas cosas. Un libro de hechizos, un amuleto encantado, un frasco que contiene un alma...

La forma importa menos que la función. El lich utiliza la filacteria para contener su esencia mortal, anclándola a este reino y otorgándose así la inmortalidad.

—Los zombis y los túmulos también son inmortales, Kat. ¿Qué hace especial a un lich? —preguntó Hammond. Uno pensaría que un operativo de Puretide sabría más sobre el emperador oscuro de los no muertos.

—Los zombis y los túmulos están bajo la amenaza constante de la compulsión de un nigromante.

Y aunque no se pudren activamente, tienen problemas para regenerar sus extremidades perdidas.

Si un túmulo pierde un brazo, depende de un nigromante para que se lo cosa y lo vuelva a vincular al cadáver anfitrión.

A los nigromantes y a los túmulos no les gusta esta relación simbiótica.

Los nigromantes quieren el dominio absoluto y los túmulos suelen querer independencia.

Para un nigromante que busca la inmortalidad de la no muerte, la independencia de otro nigromante y el dominio sobre los no muertos, convertirse en lich es el objetivo final.

—¿Por qué no lo hacen más nigromantes, entonces? —preguntó Guy.

—Cuesta demasiado —dijo Treth con severidad. Repetí sus palabras. Guy no pareció satisfecho, pero no insistió.

—Así que, en resumen —continué—: el lich puede tener los siguientes poderes: poderes de corrupción y nigromancia, regeneración de extremidades que ni siquiera la plata puede detener, un campo de fuerza que repele la magia de purificación y la capacidad de tomar el control de cualquier muerto viviente al instante.

Esto incluye reanimarlos a voluntad, sin necesidad de palabras mágicas.

—¿Qué? —Cindy se mostró especialmente sorprendida por la última parte.

Asentí con pesadumbre.

—Las investigaciones demuestran que los liches tienen la capacidad de levantar a los muertos como si fuesen sortílegos. Sin necesidad de canalización. Sin necesidad de palabras mágicas. Es como si obtuvieran una chispa en sintonía con la nigromancia.

Cindy se inclinó hacia delante, entrelazando las manos y reflexionando profundamente .

—Demanzite shot —ofreció Guy—. Tenemos algunas en el arsenal.

—Eso es ilegal —dijo Hammond, entornando los ojos.

—También lo es quemar la casa de tu ex por haberte engañado. Y eso no te detuvo.

Hammond se quedó boquiabierto unos instantes antes de desplomarse de nuevo en su silla. Por lo bajo, susurró:

—Ella se quedó con mi gato...

—Kat —Brett me miró desde su posición horizontal—. ¿Cuál es el plan?

¡Vaya forma de presionar a alguien!

—Para matar al lich de forma segura —dije—, debemos destruir su filacteria.

—Suponiendo que ya tenga una.

—Supongamos lo peor. Así que mi propuesta es atacar su filacteria.

Si es destruida, morirá o se volverá vulnerable a cualquiera de nuestros ataques.

No me asusta su horda, pero cualquiera de nosotros podría cometer un error.

Aconsejo que nos colemos entre tantos cadáveres como podamos, hasta que identifiquemos positivamente la filacteria.

—¿Cómo haremos eso? —preguntó Cindy.

—Duer —respondí—. Los pixies pueden sentir las líneas ley oscuras mejor que cualquier humano. Las filacterias emiten un grueso hilo oscuro de línea ley. Duer lo rastreará y nosotros lo destruiremos.

—¿Qué voy a hacer yo? —chilló Duer, entrando en la habitación. Se había acoplado al apartamento de Brett y Guy, e inmediatamente se puso a arreglar sus descuidadas plantas.

—Vas a ayudar a matar a un lich.

—Mola —respondió y se fue volando de nuevo.

—¿Dónde entro yo en todo esto? —preguntó Hammond, un tanto apesadumbrado porque el peso del plan recayera sobre un fae diminuto.

—Donde entras siempre —respondió Brett—. Escupe fuego hasta que te entre sueño y luego échate la siesta.

—Por mí perfecto —se encogió de hombros, a pesar del intento de provocación de Brett.

Yo sabía que Hammond era un sortílego poderoso.

Nunca había visto que su chispa se agotara.

Él también lo sabía, así que no sentía la necesidad de ponerse a la defensiva.

Para ser un sortílego, era bastante despreocupado.

Jamás pronunciaba la palabra cascarón ni insistía en recibir un trato mejor por el simple hecho de haber nacido con un poco de polvo del vórtice en el alma.

—Cindy —dije, volviéndome hacia ella. Despertó de su ensimismamiento y me miró—. Es posible que te toque el papel difícil. Puede que necesitemos curación y ataques de purificación. Incluso una desanimación masiva si nos vemos superados. ¿Estás lista para ello?

Había visto la boca de Cindy cubierta de vómito tras desanimar hordas de no muertos sin descanso, mientras lanzaba rayo de purificación tras rayo de purificación al enemigo. Ella misma parecía una muerta viviente.

Ella asintió.

Me levanté, y los demás (a excepción de Brett) hicieron lo mismo.

—Tenemos un plazo muy ajustado. Cada hora que esperamos, él puede estar haciéndose más fuerte. Tenemos el lugar. Tenemos un plan.

Miré a mi variopinto equipo. Dispuestos a dar la vida por enterrar a un monstruo y sacar una recompensa más que aceptable de ello.

—¡Vamos a cargarnos a un lich!