Cazadora Perdida (Serie Kat Drummond 6) 17. Emprendimiento #2
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17. Emprendimiento #2

Los agentes de Puretide miraron a cualquier parte menos a nosotros.

Algunos tenían la cara roja. Me fijé en Hammond, de pie y apartado al fondo con un cigarrillo en la boca.

Parecía avergonzado. Una mirada extraña en el cazador que suele ser tan arrogante como un cocatriz.

También me di cuenta de que estaba apartado del grupo principal.

Como un extraño. Sentí una punzada de culpa al pensar que el motivo de su distanciamiento era que no le quedaban amigos tras lo de la mansión Garce.

Chet señaló a Guy, a quien Cindy estaba ayudando a levantarse, pasando el brazo de él sobre sus hombros.

—Deberías agenciarte una armadura. ¿O es que...?

Un agente puso la mano en el hombro de Chet, deteniéndolo. Sacudió la cabeza y Chet pareció decepcionado.

—Vámonos, tíos. Tenemos recompensas de verdad que recoger.

Todos salieron por donde habían venido. Todos excepto Hammond, que caminó hacia nosotros, atrayendo la mirada de uno de los agentes de Puretide, pero poco más. Hammond forzó una sonrisa.

—Qué pandilla tan encantadora —dije.

—Tiene razón en una cosa: oléis que apestáis.

—Porque estamos forrados hasta las cejas —bromeó Brett, malamente.

Hammond bajó la vista, dando una calada a su cigarrillo. Parecía estar examinando las salpicaduras de necrosangre.

—No creo que Puretide pudiera con esto.

Sonaba triste. Puse mi mano sobre su hombro sin brazo. Yo le había cortado el brazo el año pasado para salvarlo de una infección zombi. Como resultado, parecía considerarse permanentemente en deuda conmigo.

—Un piromante como tú podría haber dejado a esta abominación bien crujiente. Probablemente ni habrías necesitado explosivos improvisados.

Él suspiró.

—Sé que mi chispa es infinita y hermosa, pero esto es material de otro nivel. Puretide ha ido cuesta abajo. Cada vez aceptan casos más insignificantes.

Se acercó, susurrando.

—El otro día nos pagaron por matar a una dríade. ¡A una puta dríade! Colins se negó. Lo despidieron en el acto. Yo tuve la suerte de tener una tos fingida muy convincente.

—Las dríades están protegidas —dijo Cindy, cargando con Guy y uniéndose al círculo.

—Eso es lo que dijo Colins. Pero es de locos. Los peces gordos ya no nos ponen a cazar no muertos ni vampiros. Como si el caso del Necroseñor los hubiera dejado agotados. Ya no hay desafíos. Solo trabajos razonablemente pagados por casi nada de esfuerzo. ¡Es como si fuéramos garrapatas!

—Oye, siempre podrías unirte a los Cruzados —dije, sin esperar realmente que aceptara.

Levantó la vista y su expresión antes sombría mostró de inmediato una sonrisa contagiosa. Se giró hacia Brett y Guy.

—¿Qué decís vosotros? ¿Debería empezar a trabajar junto a esta loca?

La cara de Brett se enrojeció.

—¡Kat no está loca!

—Un poco sí.

—Un piro... —jadeó Guy por el dolor—. Sería útil.

Cindy asintió dando su aprobación. Nos giramos hacia Brett.

Él se cruzó de brazos y suspiró.

—Sí. Supongo... si quieres.

Hammond sonrió de par en par y ofreció su única mano. Yo se la estreché primero. Luego Guy, con esfuerzo. Y Cindy, también esforzándose bajo el peso de Guy. Brett se lo pensó y luego se la estrechó.

—¿Qué le pasa a este? —preguntó Treth, mirando de reojo a Brett, que se comportaba como un adolescente.

Tenía una idea. Y me dieron ganas de poner los ojos en blanco con tanta fuerza que podría acabar pareciendo un túmulo.

—Me quedan cuatro días de contrato y luego seré un hombre libre. ¿Me esperáis?

Asentí.

—Te guardaríamos el asiento caliente, pero eso ya puedes hacerlo tú solo.

Nos dio la espalda y saludó con su única mano, reuniéndose con sus pronto excompañeros fuera.

—Ahora —dijo Cindy—. Vamos a llevarte a casa para quitarte los huesos.

—Deja los que necesito, por favor —respondió Guy.

—¿Hablas de alguno en particular? —Brett sonrió como un niño. Le di un codazo en las costillas.

Murmuró: —Ha valido la pena.

***

—¿Estás segura de ese tal Hammond? —preguntó Treth cuando estuvimos solos.

Cindy estaba vigilando a Guy en la clínica.

Su equipo de cirugía carecía del instrumental necesario.

Brett se había ido a por suministros nuevos para reponer los explosivos que habíamos usado.

Teníamos dinero de sobra tras lo de esa abominación, así que ir de compras era ahora un placer en lugar de una necesidad dolorosa.

—Le he salvado la vida y él me ha salvado la mía —respondí.

—¿Qué dice tu locura? —preguntó Duer. Ah, sí. No estaba sola. Pero Duer no contaba.

—Ssshhh, Duer. Estoy hablando.

Él puso los ojos en blanco y luego llamó a Alex para jugar con un trozo de cuerda.

—Me recuerda a un pícaro que se unió a mi orden —dijo Treth—. Aguantó dos semanas de entrenamiento antes de que lo pillaran con la mitad de la plata.

—¿No eras tú un pícaro antes de unirte a la orden?

Treth se ruborizó.

—¿Sabes? —continué—. Te pareces mucho a Brett.

—¿En qué sentido? —sonó ofendido—. Yo no soy tan infantil como él.

—A ninguno de los dos os gusta Hammond por motivos insignificantes. Estoy segura de que a Brett no le gusta que haya otro hombre en el círculo. Con Guy no hay problema porque son prácticamente hermanos, pero Hammond... es competencia.

—¿Competencia para qué... oh...?

Treth emanó una profunda incomodidad. Me reí.

—Es malditamente obvio que le gusto a Brett.

—Y... ¿te... gusta él? —preguntó Treth, cohibido. Demasiado cohibido.

—Pareces un escolar reprendido.

—No sé cómo se supone que es un escolar reprendido.

Consideré la pregunta.

—Cierto. Me gusta. Como amigo. Como colega. Si es algo más... bueno, es atractivo.

—Lamento haber preguntado.

—Pero has preguntado de todos modos.

Sonreí pero sentí un deje de tristeza por parte de mi compañero espiritual.

—Treth, sé que has tenido problemas con Brett en el pasado, pero con todo lo que hemos pasado con él, ya deberías haberlo superado.

Fruncí el ceño. —Y no es que me interese ni de lejos salir con él...

Había un "todavía" tácito.

—Colin es...

Treth asintió. Lo entendía. Pero seguía sintiendo su humor melancólico.

—Treth —pregunté en voz baja—. ¿Te sientes solo?

—¿Solo? —preguntó, intentando añadir algo de humor a su voz; falló—. ¿Cómo voy a estarlo? Esto está lleno de gente. Nunca tengo paz.

—Sé que es injusto...

—¿Que tú tengas un cuerpo y yo no? ¿Que tú puedas enamorarte, pero yo no deba? Sí... es injusto.

—Treth...

—No, Kat... está bien. Lo siento. No es culpa tuya. Lo sé. Pero... pero...

—Treth, encontraremos la forma de conseguirte un cuerpo.

Eso lo detuvo.

Sonreí débilmente. —He estado haciendo muchas promesas últimamente. Podría añadir otra más.

—¿Estás segura, Kat?

—Tienes razón... se está empezando a llenar esto. Y además de eso, deberías tener permiso para ser tu propia persona.

—¿En la Tierra?

—¿Dónde si no?

Sentí tanto tristeza como alivio. Una combinación confusa. Supuse que Treth echaba de menos Avathor, pero también tenía motivos para querer quedarse. ¿Era yo ese motivo?

—Kat... yo amaba a Gorgo. ¿Lo sabes?

—Sí, Treth. Lo sé. —¿A qué venía eso, de repente?

—Y sigo sintiendo que la amo... pero creo que he pasado página.

—Oh, Treth. Eso es bueno.

—Puede que Colin ya no esté aquí, pero tú puedes volver a enamorarte...

Sentí que me invadía una amargura y una melancolía. Ahora mismo, pensar en salir con alguien que no fuera Colin parecía imposible .

—No lo sé, Treth.

—Yo sí. —Su voz era intensa. Segura. Su intensidad se rompió al sentir que sonreía—. Y si Brett aparentemente se parece a mí, entonces no puede ser tan malo.

Si Treth tuviera costillas, le habría dado un codazo.