Cazadora Perdida (Serie Kat Drummond 6) 8. Fantasmas
26%

8. Fantasmas

Fantasmas

Cindy todavía no había llegado a casa cuando aparcamos frente a su puerta.

La llamé por teléfono y le conté lo que había pasado.

Antes de que terminara, me ofreció de inmediato su habitación de invitados.

Se lo agradecí profusamente. Teníamos llaves de repuesto para entrar en caso de emergencia.

Descargar mis escasas pertenencias no llevó mucho tiempo.

Le di las gracias a Brett después de trasladar mis cosas.

No respondió. Sentí que me invadía la preocupación y, después, la ira.

Se subió a su furgoneta y se marchó antes de que pudiera gritarle o disculparme.

¡Pero no sentía que tuviera que pedir perdón!

Tengo derecho a no mudarme con él. Y lo que dijo sobre Colin, como si le debiera algo...

Sentí que una rabia hirviente brotaba en mi interior.

Pero, sin tener ni siquiera un saco de boxeo a mano, la ira se convirtió en frustración.

Ni siquiera mi gato, que se enroscaba entre mis piernas, lograba calmarme.

Corrí al baño y cerré la puerta tras de mí.

Y grité. Sentí que Candace me observaba durante un segundo y que después regresaba a su propio dolor.

Caí de rodillas y, cuando la voz se me volvió demasiado ronca, puse la cabeza bajo el grifo de agua fría y lo abrí al máximo.

Empapada, me miré en el espejo. Dos ojos de distinto color.

Aún con cicatrices. Un mechón de pelo ausente donde una aparición me había arrancado el cuero cabelludo.

Mis ojos, tanto los de Candace como los míos, estaban hinchados.

Quería dormir. Pero no quería dormir. Estaba cansada, pero quería matar algo.

—Hemos pasado por cosas peores, Kat —dijo Treth, y no fue con su reciente tono de escarnio. Fue sincero. Preocupado.

—¿Qué coño hago, Treth?

—Lo que hacemos siempre. Encontrar una salida.

—¿Pero cuál es la salida?

No pudo responder. Me senté en el frío suelo de baldosas y me llevé la cabeza a las manos.

—Kat, ¿cuánto tiempo llevamos juntos?

No respondí de inmediato. Pero entonces farfullé: —Tres años.

—¿Tan poco? Sin embargo, parece que hemos estado juntos toda una vida.

—¿Te estás poniendo sentimental conmigo, Treth? —intenté reír. Solo logré soltar un resoplido.

—Kat, has cambiado. En todos estos años. No solo físicamente. Has mejorado. Eres mejor luchando. Mejor viendo lo que está bien y lo que está mal. Mejor viviendo esta vida.

—No parece que pienses eso todo el tiempo.

—No soy viejo, Kat. Creo que lo sabes. Y, en un momento dado, fuimos iguales.

Pero ya no. Mientras tú has ido envejeciendo, yo me he mantenido igual.

Y cuanto más tiempo estemos vinculados, más temo no ser capaz de madurar.

De madurar de verdad. Todo lo que aprendo, lo aprendo a través de ti.

Y eso significa... que no puedo ser mi propio hombre, Kat.

Y por eso creo que tu relación con el Necro...

con Candace me frustró tanto. Fue porque era una decisión que yo no habría tomado.

Y me recordó que yo ya no podía tomar decisiones.

Me quedé mirando las baldosas, donde se formaban pequeños charcos por mi pelo mojado.

—Echo de menos mi cuerpo, Kat. Y echo de menos ser mi propia persona. Y sé que es injusto que te diga esto. Porque soy un parásito que guarda resentimiento hacia su anfitrión. Pero...

—Te quiero, Treth —dije, y sentí su conmoción—. Y estamos juntos en esto. Y puede que no estemos de acuerdo. Y puede que nos cansemos el uno del otro. Pero acepté hace mucho tiempo que este era nuestro destino.

Me levanté de repente y me dirigí hacia donde había dejado mis pertenencias. Cargué mis dos proyectiles restantes en el peine de Voidshot. Brett se había dejado sus espadas. Me coloqué el tahalí. Treth no preguntó qué estaba haciendo. Creo que lo sabía. Mi abrigo ardió. Él también lo sabía.

—¿Voy a tener algo de paz, por fin? —preguntó Duer.

—Cállate, Duer.

Me sacó la lengua y voló hacia la maceta de Cindy, a la que empezó a cantarle.

Garabateé una nota para Cindy y la dejé sobre la mesa de centro. Cerré la puerta principal al salir.

Respiré hondo. Iba a ser una noche larga.