Capítulo 34 #3
Con un asentimiento brusco, acepta, y su hombre de confianza arranca con suavidad mientras Nick se sienta conmigo en la parte de atrás.
—Entonces, ¿cuál es la verdadera razón por la que vienes conmigo? —pregunta con tono cortante, dejándome claro que sabe que tramo algo.
Me yergo y le sostengo la mirada.
—Necesito que distraigas a Jack.
—¿Por qué?
—Porque necesito tiempo a solas con Michael —digo. La voz me tiembla al mencionar el nombre de mi marido, pero no es por miedo. Qué va, es pura ira y odio—. Lo necesito muerto. Ahora. Esta noche. Pero no puedo conseguir que vuelva a casa si tú y Jack estáis allí.
La expresión de Nick no revela nada.
—Ya veo.
Espero varios segundos, pero no dice nada más.
—¿Lo harás? —pregunto con desesperación en la voz.
—Depende —dice con naturalidad—. ¿Tiene esto algo que ver con Valentine?
—Sí. No... en realidad no. No puedo seguir con Michael, no después de lo que hizo. Pero no quiero que lo mate nadie más.
Las palabras me salen atropelladas, sin elegancia.
Nick asiente despacio, pensativo.
—De acuerdo, lo haré.
—¿Lo harás?
Resopla.
—No parezcas tan sorprendida, Ruby. Eres mi hermana y haré cualquier cosa por ti. Si quieres ser tú quien mate a Michael, no te lo impediré. Dios sabe que te lo has ganado con creces.
Se me llenan los ojos de lágrimas e intento contenerlas parpadeando.
—¿Cómo piensas matarlo? —pregunta en tono casual.
—Con veneno —respondo, y paso a explicarle lo del frasco que tengo escondido en la cocina.
—¿Qué tipo de veneno es?
—Mmm, no estoy segura —digo, vacilante. Sinceramente, no tengo ni idea. Se lo robé a Papá hace años, y tiene una calavera en el frasco. ¿Qué más hay que saber?
—No puedes usar cualquier cosa, Ruby. Sobre todo si no sabes qué es. Marco te conseguirá lo que necesitas —afirma Nick—. Y se quedará contigo. Sin que lo veas, por supuesto. Pero no voy a dejarte sola con Michael...
Antes de que pueda terminar de hablar, le echo los brazos al cuello y lo abrazo por segunda vez en el día.
—Gracias —consigo decir con voz ahogada—. Muchas gracias.
Algunas mujeres aman las flores. Otras, las joyas. He amado ambas cosas, y muchos otros bienes materiales. Sin embargo, nada se compara con saber que tu hermano mayor no solo aprueba el asesinato que quieres cometer, sino que además lo hace posible.
Nick pasa el resto del trayecto poniendo a Marco al corriente y pidiéndole que contacte con Sergei, uno de los tres, para conseguirme el veneno.
Mientras los dos discuten qué veneno sería mejor, intervengo:
—Tiene que ser de acción lenta. No demasiado lento. Vamos, que lo deje tirado. Pero no quiero que muera demasiado rápido.
Mi hermano sonríe con orgullo.
—Puede que no seas una Knight de apellido, pero desde luego eres una Knight de sangre, hermanita —dice con cariño.
Llegamos a mi casa, una gran casa adosada de piedra rojiza. Los escalones de la entrada están resbaladizos por el hielo, y tomo nota mental de echarles sal más tarde. Bajamos del coche y busco las llaves en el fondo del bolso.
En cuanto abro la puerta, Nick da un paso adelante.
—Bien, vamos a registrar la casa —dice, lanzándole una mirada a Jack—. Ruby, quédate aquí con Marco.
Estoy a punto de decir que Marco sigue en el coche, pero cuando me doy la vuelta, está ahí, esperando como una sombra. Madre mía, ese hombre es como un maldito ninja.
Esperamos en silencio mientras registran la casa, asegurándose de que Michael no esté escondido en algún armario. No me molesto en decirles que sé que no está aquí; nunca se tomarían en serio mi intuición.
Marco levanta la vista del teléfono.
—Todo en orden —dice sin más, y asiento con la cabeza.
Mis hermanos vuelven y confirman lo que ya sabía: Michael no está aquí.
—Bueno, odio tener que hacer esto —dice Nick—. Pero Jack y yo tenemos que irnos. ¿Estarás bien si dejo a Marco aquí?
Antes de que pueda responder, Jack farfulla:
—¿Qué coño? No podemos dejarla así como así...
—Hay asuntos que atender —insiste Nick—. Estará bien con Marco.
Nos despedimos, y me esfuerzo por no parecer culpable mientras Jack me escudriña como si supiera que le oculto algo.
—Mañana —me recuerda—. Me prometiste respuestas mañana, y pienso cobrármelas, Rubes.
—Por supuesto —miento con soltura—. ¿Por qué no paso por tu casa mañana?
Niega con la cabeza.
—Estaré aquí para desayunar.
—De acuerdo —acepto con la voz temblorosa, a punto de dejarme llevar por las emociones—. Te quiero, Jack.
Antes de que pueda responder, lo atraigo hacia mí y lo abrazo con fuerza.
—Yo también te quiero, Rubes —murmura, y me da un beso en la coronilla.
Al soltarlo, me acerco a Nick. Es casi cómico lo sorprendido que parece.
—Venga, dame un abrazo antes de irte.
Me abraza más fuerte que nunca mientras me susurra al oído:
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres?
La forma en que lo dice me hace preguntarme si sabe lo que está pasando, lo que estoy planeando. Cuando me suelta, sacudo la cabeza ante mi paranoia. No, es imposible que lo sepa.
Sin decir nada más, mis hermanos se marchan. Los veo subir al SUV de Jack y me quedo fuera, diciéndoles adiós con la mano, hasta que desaparecen de mi vista. Entonces entro con Marco pisándome los talones.