Capítulo 23 #2
Intentar explicar qué me intriga de Ruby no es tarea fácil, sobre todo cuando ni yo mismo lo tengo claro. —Es un rompecabezas, un enigma que me atrae resolver. Es una contradicción andante. La princesa de la Mafia Knight, pero tan frágil y completamente desprotegida...
—Le tienes cariño, ¿verdad? —me interrumpe Eve de golpe.
Sus palabras golpean más fuerte de lo que esperaba. ¿Cariño? No. Esa no es la palabra. Es un trabajo. Un objetivo. Alguien a quien mataré pronto. Pero el pensamiento no me resulta tan fácil de aceptar como debería. —Estás forzando las cosas, Eve.
—¿Ah, sí? —su voz es más suave, pero sigue cargada de desafío—. Nunca habías sido así. Nunca habías dejado que tu curiosidad durara tanto. Para ti no es solo un objetivo, Valentine. Es algo más.
—Quizás —concedo.
Eve se endereza y descruza las piernas lentamente. —¿Cómo vas a matarla? ¿Cuándo vas a matarla? ¿Harás un espectáculo?
Sé perfectamente lo que me está preguntando en realidad, no, lo que me está acusando, y entrecierro los ojos. —Crees que no puedo terminar el trabajo —afirmo.
—Creo que te estás cuestionando si quieres hacerlo —dice con voz calmada, firme, como si afirmara un hecho en lugar de lanzar una acusación—.
Siempre te ha impulsado la curiosidad, la necesidad de entender a tus objetivos.
Pero esta... Ruby se te ha metido bajo la piel de una manera que otros no. Y eso es peligroso para ti.
—Cuidado, Eve —advierto en voz baja, pero ella no retrocede.
—No soy yo quien necesita tener cuidado —responde con suavidad—. La mencionaste en diciembre, pero no dijiste su nombre. No hacía falta. Lo noté en cómo hablabas de ella: la curiosidad, la fascinación. Pero esto ya no es solo curiosidad, ¿verdad?
Sus palabras quedan suspendidas en el aire, pesadas e ineludibles. Y por una vez, no tengo réplica, ninguna salida rápida que ofrecerle. Eve me ve con demasiada claridad, me conoce demasiado bien. Por eso es peligrosa. No respondo. No necesito hacerlo. El silencio basta.
—Estás en una encrucijada, Valentine —continúa Eve con voz suave pero firme—. No puedes seguir fingiendo que esto es solo otro trabajo. Ya estás demasiado involucrado, lo admitas o no. Y por eso estás aquí...
Cierro los puños al oír sus palabras. —Estoy aquí porque tenemos una sesión fija cada mes.
Pone los ojos en blanco. —Fingiré que no he oído eso. Valentine, sé que debe estar destrozándote tener sentimientos por tu objetivo. Te lo estás cuestionando todo, ¿verdad? Porque por primera vez, te importa el resultado.
Aprieto la mandíbula mientras el peso de sus palabras cala hondo. Tiene razón, maldita sea. Me importa, y ese es el problema.
Eve se inclina ligeramente hacia delante y entorna los ojos. —No solo estás fascinado por Ruby, Valentine. Te has encariñado con ella.
Trago saliva. Me niego a admitirlo en voz alta, pero mi silencio es respuesta suficiente.
¿Encariñado? No. Eso implicaría algo que no estoy preparado para afrontar.
Sin embargo, su recuerdo —el aroma persistente de su perfume, la forma en que sus ojos verdes se clavan en los míos cuando está enfadada, o peor, vulnerable— me persigue de una manera que no debería.
Por no hablar de que anoche le di lo que quería. Claro, era lo que ambos queríamos. Pero mi intención era ver cuánto tiempo podía resistirme, y ella me hizo ceder.
—No tienes que decirlo —continúa Eve con voz casi dulce ahora—. Pero sabes que es verdad. Esto ya no va solo de control. Has cruzado una línea con ella, y ahora estás cuestionando tus propias reglas.
Sacudo la cabeza; la negación llega demasiado tarde. —Te equivocas —murmuro, aunque la convicción de mis palabras flaquea.
Los labios de Eve se curvan en una sonrisa cómplice. —Si eso fuera cierto, no estarías aquí sentado, debatiéndote sobre si puedes matarla o no. Ya no es cuestión de si lo merece, Valentine. Es cuestión de si puedes soportar perderla.
Sus palabras me golpean como un puñetazo en el estómago, derribando mis defensas. ¿Perder a Ruby? No quiero que eso ocurra. Pero entonces significa que Eve tiene razón: no puedo matar a Ruby... y además, no quiero hacerlo.
Me recuesto en la silla y el cuero cruje suavemente bajo mi peso. —Crees que estoy enamorado de ella —afirmo sin rodeos, aunque la idea me resulta extraña al pronunciarla.
Eve ladea ligeramente la cabeza sin dejar de observarme con esa misma mirada analítica. —¿Tú crees que estás enamorado de ella?
Se me escapa una risa amarga. —El amor es una debilidad, Eve. Y yo no me permito debilidades.
—No —coincide ella con voz suave pero firme—. No te las permites. Pero los sentimientos son impredecibles. No siguen tus reglas, Valentine. Son desordenados, caóticos. Y te guste o no, ahora estás metido de lleno en esto. Con Ruby.
La miro fijamente mientras la verdad se hunde en mí, royéndome como una herida abierta. Eve me observa de cerca, esperando a que caiga en la cuenta, a que me admita lo que he estado intentando negar.
Ruby no es solo un trabajo. No es solo otra muerte en mi lista. Es algo completamente diferente. Algo que no puedo ignorar. Y esa certeza es mucho más peligrosa que cualquier objetivo al que me haya enfrentado.
Sin embargo, aun sabiendo todo eso, no estoy preparado para renunciar a mi juego. Cambiarlo, quizás. Pero no abandonarlo por completo.