Cazada por Valentine (Obsesiones estacionales nº 2) Capítulo 22 #2
49%

Capítulo 22 #2

—¿Que me vaya a la mierda? Vete tú a la mierda por intentar ocultarme esto —escupe Nick.

Me esfuerzo por escuchar; el corazón me late con fuerza en el pecho.

La puerta de la habitación se abre de golpe y Jack entra hecho una furia, el rostro convertido en una máscara de preocupación e ira.

Sus ojos me recorren, y a juzgar por su mueca, no voy a ganar ningún concurso de belleza pronto.

De hecho, el daño que ve en mi cuerpo maltratado parece encender un fuego en su interior; la mandíbula se le tensa con fuerza.

Me miro y me doy cuenta de que llevo puesta lo que debe de ser una de sus camisetas. Es tan grande que me cuelga de un hombro.

Con cautela, levanto la mano y me toco la nuca. Al instante, la cabeza me palpita y siseo entre dientes mientras mis dedos rozan lo que parece...

—¿Me han puesto puntos? —pregunto. Tengo la voz tan ronca que me sale como un graznido. Me aclaro la garganta e intento de nuevo—. ¿Me...?

—Sí —ladra Nick desde detrás de Jack.

—Rubes —exhala Jack, con la voz apenas un susurro.

Cruza la habitación en unas pocas zancadas rápidas; las tablas del suelo crujen bajo su peso. Me estremezco por su movimiento repentino y él se queda paralizado, con los ojos llenos de arrepentimiento. Extiende la mano con cautela, como si temiera hacerme añicos al tocarme.

—Lo siento —murmura, y me limpia con suavidad una lágrima que me resbala por la mejilla—. Prometo que arreglaré esto.

Sus palabras son un bálsamo para mi alma herida, y me inclino hacia él, buscando consuelo en la calidez familiar de su abrazo. Pero al hacerlo, sus dedos rozan la marca del mordisco en mi hombro, y el recuerdo del contacto de Valentine me envía un escalofrío por la columna.

Me aparto con los ojos muy abiertos por el miedo. La mirada de Jack sigue la mía y nota la marca por primera vez. Sus ojos se entrecierran; la ira le hierve justo bajo la superficie.

—¿Quién te ha hecho esto, Ruby? —exige con voz baja y peligrosa.

Nick se acerca más; sus ojos oscuros arden de furia y los músculos de la mandíbula se le tensan.

—¿Qué coño ha pasado, Ruby? —gruñe con la voz apenas contenida.

Intento sentarme y hago una mueca cuando mi... todo maltratado protesta.

—Ruby, respóndeme —exige con voz baja y peligrosa—. ¿Quién te ha hecho esto?

Dudo, dividida entre mi lealtad a Valentine y el hecho de que sé que no puedo mentirles a mis hermanos. Ambos detectarán cualquier mentira que intente colarles, ya que no he tenido tiempo de idear una buena respuesta.

—Es complicado —susurro con voz temblorosa—. Por favor, Nick. No quiero hablar de eso.

Sus ojos se entrecierran de ira. Da un paso hacia mí y me estremezco instintivamente.

—¿Complicado? —gruñe—. ¿Así es como llamas a esto? Mírate, Ruby. Estás hecha un puto desastre.

—Ya basta —gruñe Jack—. Deja de atacarla.

Intento incorporarme apoyándome en los codos, pero el dolor es demasiado y me desplomo de nuevo sobre la cama; las lágrimas me corren por el rostro.

—Por favor —suplico de nuevo, con la voz apenas audible—. No seas un Knight ahora. Sé mi hermano.

Su expresión se suaviza; la ira cede por un momento a la preocupación. Pero enseguida desaparece, sustituida por una determinación férrea.

—¿Quién lo hizo, Ruby? —pregunta de nuevo con voz baja y peligrosa—. ¿Fue Michael?

—No —susurro con voz temblorosa—. No fue Michael.

Se acerca un paso más a la cama, y me siento aún más pequeña mientras se cierne sobre mí.

—¿Entonces quién? —exige con la voz apenas contenida—. ¿Por qué no nos dices quién te hizo esto?

Una ira como jamás había sentido me recorre las venas y me da la fuerza que necesito para incorporarme. Esta vez no siento dolor alguno, solo una satisfacción morbosa al ver cómo mis dos hermanos abren los ojos de forma cómica.

—Basta —siseo—. Si os digo que no es asunto vuestro, quedaos al margen.

—Solo queremos ayudar, Rubes —dice Jack con aire avergonzado.

Niego con la cabeza y le sostengo la mirada, dejando que vea la ira que sin duda se refleja en mis ojos.

—No, no queréis. Queréis entrometeros, Jack.

Miro a Nick y añado:

—Los dos. ¿Creéis que estoy aquí porque necesitaba una excusa para irme a un spa? No. Así que ¿por qué no me dejáis sanar en paz de una puta vez?

Me cuesta un esfuerzo ridículo contenerme y no seguir divagando. Es como si, ahora que he empezado, no pudiera dejar de lanzarles acusaciones. Sé que no merecen mi ira, pero a veces la mejor defensa es un buen ataque, y me niego a que sepan que me he acostado con Valentine.

Mientras los miro, parecen encogerse, o al menos eso me parece a mí. Ambos se desprenden de su imagen mafiosa y, en lugar de esos hombres despiadados, veo a mis hermanos. Dos hombres a los que siento que no he visto en años. O, más exactamente, hace años que no veo a Nick así.

—¿De verdad no nos lo vas a contar? —implora Nick mientras me toma la mano y se sienta a mi lado.

Niego con la cabeza y me arrepiento de inmediato cuando el dolor vuelve a estallar.

—Mierda —gimo, tapándome los ojos con la mano porque hasta la escasa luz del dormitorio se me clava en el cerebro como agujas—. ¿Cómo llegué aquí?

Es Jack quien me responde, después de sentarse a mi otro lado.

—Te encontré sangrando en el suelo del baño y llamé a la doctora...

Se encoge de hombros como si no fuera para tanto, pero la verdad desgarradora es demasiado evidente en sus ojos.

—...vino a vuestra casa y te curó lo mejor que pudo. Cuando terminó, te traje aquí.

—¿Y Michael? —pregunto, presa del pánico ante la idea de que le hayan hecho algo.

—Está bien —gruñe Nick—. Al menos de momento.

Cierro los ojos e inspiro hondo, pensando en cómo dejarles claro que no pueden tocarlo. Los conozco lo bastante bien como para saber que lo que más desean es infligirle el mismo dolor a mi marido, pero no pueden.

Si quiero evitar las peores cláusulas del contrato matrimonial, Michael tiene que seguir sano.

—No os entrometáis —susurro, demasiado agotada para seguir hablando a un volumen normal—. Fue culpa mía.

—¡Y una mierda! —gruñe Jack furioso.

—Prometédmelo —exijo, fingiendo no haber oído su arrebato.

—Ruby, yo...

Interrumpo a Nick.

—Prometédmelo —repito.

No me gusta ignorar a Jack, pero técnicamente Nick es el único del que necesito la promesa. Porque si él le prohíbe a Jack tomar represalias, mi hermano no podrá hacer gran cosa. Vaya vida de mierda.

—Vale —resopla Nick—. Joder, vale, Ruby. Te prometo que nos mantendremos al margen.

—G-gracias —tartamudeo mientras se me cierran los ojos—. A los dos.

Estoy casi dormida cuando siento unos labios rozándome la frente.

—Duerme, Rubes —murmura Jack—. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.

Intento darle las gracias, pero no consigo articular las palabras.

—Sí, no te preocupes por nada —añade Nick—. Carolina y Valentine pueden encargarse de la Fundación Willow por ahora. Creo que quedan esta semana.

Mientras dejo que la oscuridad vuelva a reclamarme, lo hago con una sonrisa. He protegido a Valentine.