Cazada por Valentine (Obsesiones estacionales nº 2) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

—No lo hagas —dice Ruby de repente, con los ojos fijos en su hermano.

—¿El qué? —pregunta él.

Ella niega con la cabeza.

—Lo que sea que estés pensando, simplemente… no lo hagas.

Mientras los hermanos mantienen lo que parece una conversación silenciosa con la mirada, miro a Carolina, que simplemente niega con la cabeza.

—La criminología suena muy interesante —observa—. ¿Cuántas clases das?

Le explico que el curso es diario.

—Es un curso muy intenso. La mayoría de los estudiantes son admitidos en función de cursos previos o experiencia laboral —me aseguro de recalcar que entrar en mi clase no es moco de pavo.

—¿En serio? —dice Carolina—. No sabía que tuvieras formación académica ni experiencia laboral, Ruby.

Cuando la mujer a mi lado resopla, siento el impulso de defender su lugar en mi clase. Pero mantengo la boca cerrada, decidido a ver cómo Ruby responde por sí misma.

—Sí, bueno… hay mucho que no sabes —le espeta.

Carolina niega con la cabeza.

—Lo siento, no quise decirlo así. Es solo curiosidad —suelta una risa nerviosa—. Pero oye, si ya pasas mucho tiempo con Valentine, tiene sentido que os encarguéis juntos del aspecto de recaudación de fondos del Proyecto Willow.

—Es una gran idea —interviene Nicklas.

Su tono deja claro que quiere calmar las aguas.

Miro el diamante en la mano izquierda de Ruby.

—¿Tendrás tiempo? —pregunto, señalando el diamante—. No me gustaría robarte demasiado tiempo a tu marido.

—Tengo tiempo —confirma—. Y me encantaría participar en la organización de la recaudación de fondos y los eventos…

—Michael entiende la importancia del trabajo que hago. No interferiría —dice Nicklas, interrumpiendo a su hermana.

Cuando llega la comida, me recuesto y separo las piernas, asegurándome de presionar una contra Ruby.

Se le entrecorta la respiración de nuevo y, por el rabillo del ojo, noto que abre mucho los ojos.

Presiono más fuerte y, justo cuando creo que ya he conseguido todas las reacciones que voy a obtener de ella, siento una ligera presión contra la mía.

Disimulando la sonrisa, hundo el tenedor en la tierna carne del filete y me lo llevo a los labios mientras mantengo la mirada cortésmente fija en Carolina.

Su risa llena el aire, ligera y despreocupada, pero capto el leve fruncimiento de su ceño cuando suelto un comentario aparentemente inocente sobre la imprevisibilidad de los inversores.

—Nunca se es demasiado prudente al trabajar con inversores —murmuro, y las palabras quedan suspendidas entre nosotros como una amenaza velada.

Mirando a Nicklas, añado:

—Hay que asegurarse de tener contratos en regla para evitar que la gente cambie de opinión más adelante.

—Dios, sí —asiente ella, pero veo la incertidumbre relampaguear en sus ojos.

Como Nicklas ya ha sugerido que pase más tiempo con Ruby, no tiene sentido sembrar estas semillas salvo por... quiero ver qué pasa.

—¿Crees que alguien va a ser tan estúpido como para arriesgarse a hacerme enfadar? —desafía él.

—Perdóname —me río mientras doy otro bocado. No aparta la mirada mientras mastico y trago—. Gajes del oficio, me temo.

—Nick —lo regaña Carolina, dándole un golpecito en el brazo.

Finalmente sonríe.

—Solo estoy bromeando —dice con una sonrisa—. Bueno, más o menos.

Oigo la advertencia en sus palabras y sé que debo contenerme. No me conviene que un hombre como él me observe demasiado de cerca.

—Los contratos son una gran idea —dice Ruby, limpiándose la boca con delicadeza con la servilleta de tela—.

Demostrará que nos lo tomamos en serio. ¿Por qué arriesgarnos a depender únicamente de nuestro...

eh, del apellido de tu familia cuando podemos demostrarles desde el principio lo en serio que vamos?

Ahí está; ahí está la Ruby Simmons que esperaba hacer salir. La que tiene opinión propia. Verla cuadrar los hombros y levantar la barbilla basta para que se me estremezca la polla.

Terminamos de comer, y en cuanto desaparece el último bocado, tres camareros se materializan para retirar los platos. La única que acepta el postre es Carolina, que pide la tarta de chocolate fundido para llevar.

Mientras el matrimonio mantiene una conversación privada, me vuelvo hacia Ruby.

—Este proyecto es el legado de Willow, ¿verdad?

—Supongo que puedes llamarlo así —confirma.

—Dime —digo con voz baja e íntima—, ¿has pensado en tu legado, Ruby? ¿En la huella que dejarás cuando este mundo fugaz siga adelante sin ti?

Su copa se detiene en el aire; esa fortaleza suya se eriza ante el asedio.

Su compostura flaquea, solo por un segundo.

Es casi imperceptible, pero en ese instante veo la duda relampaguear en sus ojos.

La pregunta la ha perturbado, la ha empujado hacia el borde de su fachada cuidadosamente construida.

Se recupera rápido, pero no lo bastante.

—Me preocupa más el presente —responde, con voz suave pero un deje defensivo—. Un legado es para quienes tienen algo que demostrar.

Sonrío mientras el depredador que llevo dentro afila sus garras.

—O algo que perder.