Capítulo veinte #2
—Llamó esta mañana —dijo Tanya, sonrojándose al recordar lo incómodo que había sido.
Su madre sonrió. —Lo sé. Me llamó justo después. Estaba tan feliz... No me había dado cuenta, supongo, de cuánto deseaba tener nietos, hasta que le hablé de ti.
Tanya no supo qué responder. Todavía le costaba aceptarlo, después de tantos años creyendo que no la habían querido.
—No sabía qué decirle. Apenas sé qué decirte a ti —confesó—. Todo esto parece bastante irreal, como si fuera a despertarme en cualquier momento.
Mary se quedó mirando su taza de café casi vacía.
—Durante años me odié a mí misma —dijo en voz baja—.
Por no haber tenido fuerzas para volver.
Por no haberme asegurado de que ese bastardo fuera a prisión por matar a mi bebé.
Era tan joven... y me resultaba tan imposible tener que volver a identificar el cuerpo de esa vida tan preciosa.
Luego, cuando me enteré de que lo habían matado, y de esa manera.
.. pareció casi un castigo divino. Sentí que se había hecho justicia, y después de eso fue más fácil vivir conmigo misma, con la decisión que había tomado en aquel entonces.
—Y entonces... —hizo una pausa, conteniendo las lágrimas a duras penas—.
Entonces te vi en el aeropuerto. Y cuando fui a Phoenix y descubrí que habías sobrevivido.
.. No dejo de pensar en lo diferente que habría sido todo si hubiera vuelto.
Todos los años que perdí, que podría haber tenido contigo, si hubiera sido más fuerte.
Si hubiera hecho lo correcto. Ahora, al recordarlo, parece increíble.
¿Cómo pude no volver? ¿No contárselo a alguien?
Tanya no pudo quedarse callada ante la angustia de su madre. —Estabas en shock.
—Sí, supongo. Lo único que recuerdo de aquellos días es un ciclón de emociones.
La angustia de perderte, ¡y de esa manera!
Y no podía hacer nada. Ya estaba hecho, y yo no tenía poder para cambiarlo.
Y rabia... tanta rabia, pero también incredulidad de que aquello estuviera pasando de verdad, de que alguien pudiera hacer algo tan.
.. tan indescriptible, y menos aún Randy.
Se había convertido en un monstruo. N-no creo que estuviera del todo cuerda en aquellos primeros días.
Si no le conté a nadie lo que pasó, no fue para protegerlo. ¡Jamás!
Se estremeció y dio un sorbo a su taza para serenarse. —No podía hablar de ello. No podía pronunciar las palabras. Después de todos estos años, todavía me pongo enferma solo de pensar en decir esas palabras, en lo que le pasó a mi bebé.
—Pero viniste a buscarme —dijo Tanya con dulzura—. En cuanto lo supiste, viniste.
Mary alzó los brillantes ojos verdes hacia el rostro de Tanya.
—Te sigo queriendo tanto como hace veinticuatro años.
No vine aquí con expectativas. Después de tantos años perdidos, no tengo derecho a esperar nada de ti, y no lo hago.
Pero quizás sería un buen comienzo... si estás dispuesta. .. ser simplemente... amigas.
Puso la mano sobre la mesa, con la palma hacia arriba. Tanya alargó la suya y tomó la de su madre. Se sonrieron.
—Trato hecho.
—¿Tanya?
Al volverse, vio a Lisa de pie a unos metros, alternando la mirada entre ella y Mary con vacilación.
—No sabía que tenías una hermana. —En el fondo de sus preciosos ojos azules había un destello de dolor, y Tanya se levantó de un salto.
—No la tengo. —Le hizo un gesto a su amiga para que se acercara—. Lisa, te presento a Mary McGinnis, mi... mi madre. —Se le trabó un poco la lengua.
—¿Tu...? —Lisa la miró fijamente, luego a Mary. Se le iluminó el rostro y alzó el puño en señal de triunfo—. ¡Sí!
Abrazó a Tanya con fuerza.
—Te lo dije —la regañó con voz triunfante—. ¡Te lo dije una y otra vez!
Tanya se rio y la abrazó. Sí, Lisa se lo había dicho una y otra vez: que quizás había algo que no sabía sobre el motivo de su abandono, que no debería dar por sentado tan rápido que había sido cosa de su madre. Lisa dio un paso atrás y le tendió la mano a Mary.
—Encantada de conocerla. —Lanzó una mirada a Tanya—. ¿Cuándo te enteraste?
—Me presenté en su puerta anoche —le dijo Mary, dedicándole una sonrisa a Tanya—. Fue un poco estresante para todas.
—¡Me lo imagino! —Lisa volvió a mirar a Mary y abrazó a Tanya—. Entonces vosotras dos apenas os estáis conociendo. Os dejo para que podáis poneros al día.
—Tú y Jesse vais a venir a cenar mañana, ¿verdad?
—Oh. —Lisa vaciló, como si no estuviera segura—. Supongo.
Las palabras le salieron a borbotones. —Oh, Tanya, me siento tan mal... tan culpable por lo que le pasó a Sarah.
—¡Eso es ridículo! —respondió Tanya al instante.
—Lo sé. Eso es lo que dice Jesse. Y Khalid. Y Sarah. Pero si no hubiera sido por mí, ella ni siquiera habría estado en Nueva York, y mucho menos justo allí cuando a ese chico le dio por atracar a alguien para conseguir su próxima dosis.
—Eso es absurdo. —Tanya miró a su amiga con el ceño fruncido—. Y olvidas que «ese chico» ahora está entre rejas y no va a atracar a nadie en mucho, mucho tiempo, gracias a Jesse. Mañana tienes que venir a cenar. ¡O iremos a buscarte!
Con un asentimiento poco convencido y un último apretón de manos, su amiga se dio la vuelta y desapareció entre la multitud.
Al volverse para sentarse de nuevo, Tanya no pudo evitar soltar una risita al ver la expresión atónita de Mary.
—Es la chica más guapa que he visto en mi vida —dijo Mary, casi aturdida.
—Tiene ese efecto en la gente —coincidió Tanya—.
Parece el prototipo de Blancanieves, ¿verdad?
Fue mi compañera de habitación durante toda la universidad.
Su familia murió cuando era adolescente, y como las dos estábamos solas, nos hicimos muy amigas.
Estaba en una de las clases de árabe de Khalid, así fue como conoció a Sarah, y ella nos presentó.
Y así fue como me ofrecieron el trabajo cuando necesitaban una fisioterapeuta para Bennett.
Mary le sonrió. —Dudo que esa sea la única razón.
—Pues lo es —dijo Tanya con franqueza—. Me especializo en fisioterapia infantil.
—¿Y tu chico lo sabe? —preguntó Mary con sorna.
Tanya se rio, encantada con la perspicacia de su madre.
—¡Por supuesto que no!
Mary se rio. —Debo decir que me halaga mucho que Lisa pensara que era tu hermana. Y bueno, ¿qué le pasó a tu amiga Sarah?
Al recordarlo, Tanya se estremeció.
—Un chico drogado intentó robarle el bolso a Sarah.
Cuando ella no lo soltó, la apuñaló. Fue horrible.
Estuvo en cirugía durante horas. Además está embarazada.
.. Khalid se enteró cuando se lo dijeron los cirujanos.
El bebé está bien, y ella también, pero durante un tiempo no estuvimos seguras de que fueran a estarlo. Fue horrible.
—¿Y ese Jesse atrapó al chico?
—Bueno —matizó Tanya—, en realidad el «chico» resultó tener diecinueve años.
.. llevaba años metiéndose en líos, andaba con pandillas.
.. así que no era exactamente un niño, pero eso es lo que Lisa pensó que era cuando lo vio por primera vez.
Y sí, Jesse logró atraparlo y retenerlo hasta que llegó la policía.
—¡Bien por él! —aprobó Mary.
—Mejor de lo que piensas. Jesse es ciego.
—¡Ciego!
Al ver que su madre estaba lo bastante impresionada, Tanya esbozó una sonrisa.
—Sí. Dice que lo oyó acercarse. Y si piensas que era una calle abarrotada de Nueva York justo después del mediodía, llena de gente que se agolpaba para ver qué había pasado, es casi un milagro.
—El marido de tu Sarah parecía muy protector.
Tanya reprimió un resoplido.
—Ha estado insoportable —dijo con franqueza—. Sarah no puede estornudar sin que Khalid quiera llamar a los paramédicos. Todos anduvimos de puntillas durante un tiempo, pero está mejorando. Un poco.
Un joven con delantal pasó empujando un carrito y recogió las tazas vacías. Cuando se hubo marchado, Mary se puso de pie.
—¿Quieres otro?
—Sí, por favor. Café con leche.
Su madre desapareció en la pequeña tienda, y Tanya se recostó en la silla, repasando las distintas conversaciones que habían tenido.
No estaba yendo nada mal... había temido una conversación rígida y forzada, sin que ninguna de las dos supiera qué decir.
En cambio, habían entablado conversación con bastante facilidad, sin largos silencios incómodos.
Casi como si... tuvo que sonreír al pensarlo.
.. se conocieran de antes y simplemente estuvieran retomándolo donde lo habían dejado.
—¿En qué piensas?
Mary había regresado y dejó una taza rebosante delante de Tanya.
—Gracias —cogió la taza y bebió con cuidado—. Estaba pensando... Tu madre dijo que eras hija única, ¿no?
La sonrisa afable le indicó que Mary entendía lo que la pregunta realmente era... un ruego por saber más de su familia.
—Sí. Pero mamá tenía cinco hermanos. Papá murió de un infarto hace años, pero era el mayor de siete, así que hay más tíos y primos de los que puedas imaginar —se rio con una risa cantarina—.
Los parientes cercanos compran regalos individuales en Navidad; para los demás tenemos un fondo común, ¡o acabaríamos todos en la ruina cada enero!
—¡Ya me lo imagino! —Tanya intentó hacerse una idea y no lo consiguió—. ¿Siguen viviendo todos allí, en la misma zona?
—Qué va, no. La generación mayor sí, en su mayoría: todos mis tíos... tus tíos abuelos. Sus hijos, los de mi generación, están repartidos por todo el país. Pero todos vuelven a casa para el cuatro de julio y, por supuesto, en Navidad.
—¿Y... y la familia de él? —preguntó Tanya.
Mary asintió brevemente.
—Siguen allí... su madre y su padre. Él también era hijo único. Eran muy pobres, estaba deseando marcharse, labrarse una vida mejor. Nunca los conocí bien de niña, y nunca los veo cuando voy a casa. Viven en el pueblo, claro.
—¿En el pueblo? —Tanya parpadeó, confundida. Su madre soltó una risita.
—¡Ah! Se me olvidó que aún no hemos llegado a eso. Soy de un pueblecito de Kentucky... tierra de caballos. Nuestra familia tiene un rancho allí, criamos y entrenamos Tennessee Walkers.