Caso amor a primera caída (De amor y perros nº 6) 23 Tripp
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23 Tripp

Esa expresión en su rostro. Se me rompe el corazón al verla, como si acabara de coger el jarrón de cristal más frágil del amor y lo hubiera estrellado contra el suelo.

Mi propio corazón me está gritando, exigiendo una explicación. Pero si solo escuchara a mi corazón, habría fracasado en la vida hace mucho tiempo. Mi corazón me trajo a este negocio, pero es mi cabeza la que ha evitado que me fuera a pique desde el principio.

Si hubiera escuchado a mi corazón, me habría desmoronado ante las cámaras y habría sido el hazmerreír de todos. Una vieja gloria, un antiguo niño estrella de los programas de telerrealidad.

En lugar de eso, lo he convertido en un fenómeno mundial; y no ha sido gracias a mi corazón. Mi cabeza es lo único que me ha salvado.

—Pareces muy convencido de que te vas.

—Estar convencido es la única forma que conozco de ser.

—¿Pero nunca te preguntas qué podría haber sido?

Niego con la cabeza.

—Lo que podría haber sido es para los soñadores. Yo ya superé eso hace mucho tiempo.

—Qué triste —dice ella, alargando la mano y tocándome el brazo. El calor de su mano me inunda—. Es mucho a lo que renunciar por un trabajo.

—Esto no es un trabajo —la corrijo—. Es una marca.

Y el sustento de más de cien personas depende de mí.

Por no hablar de todos los perros a los que he ayudado a lo largo de los años.

El GGDS y el programa de televisión van de la mano.

El apoyo financiero de la exposición canina me permite hacerme cargo de esos casos de caridad.

—Pero tu sueño de un refugio...

—¡Nunca debería haberte contado eso! —grito más fuerte de lo que pretendía—. No eran más que tonterías de críos. De vez en cuando, cuando estoy perdiendo el tiempo, pienso en ello. Como la gente que sueña con tener yates y mansiones por todo el mundo.

—Pero si tú ya tienes todo eso.

Es verdad. Tengo todo lo que la mayoría de la gente sueña. Pero solo lo tengo para mí. No tengo a nadie con quien compartirlo. Porque ¿quién querría esta vida? Ni siquiera yo la quiero. De estado en estado, de país en país... Miro sus ojos azules y veo la inocencia del chico que un día fui.

Pero ella tiene a otro. Alguien que la conoce y la cuida. Siempre hemos jugado en ligas diferentes.

Se merece algo mejor.

—Exacto, Anne Marie. Tengo mansiones y yates. Coches, muchísimos coches. Así que ya puedes imaginarte todo el mantenimiento que eso requiere. Es un estilo de vida que conlleva un gran coste. Quizás incluso mayor de lo que imaginas.

Sus ojos no son acusadores, solo están tristes.

Tengo que ser fuerte, por los dos.

—Así que ya ves, Anne Marie, este tiempo ha sido maravilloso. Y tú eres una chica tan maja...

—¿Una chica tan maja?

—...así que de verdad es mejor que esto no se nos vaya de las manos. Yo voy a donde mi estilo de vida me lleva. Me encantaría seguir charlando, pero la exposición es mañana. Ya sabes cómo va esto.

Sueno como un culebrón de mediodía con un guion pésimo. Pero Anne Marie parece creérselo. Y eso es lo único que importa.

Se da la vuelta tan rápido que el pelo le vuela por detrás.

—Sí, muy bien. Gracias, Sr. Lancaster. Disculpe, debo volver al trabajo.

Así que he conseguido lo que quería. He echado por tierra cualquier esperanza que Anne Marie tuviera respecto a nosotros dos. Debería sentirme bien por ello, ¿verdad?

Excepto que yo mismo no me he creído ni una sola palabra. Lo que más deseo no se puede comprar.

Me palpita la cabeza.

—Disculpe, Sr. Lancaster —dice una voz con acento británico suavemente detrás de mí. Lizzie, la gerente de the Dog's Paw, espera con las manos entrelazadas frente a ella—. Solo quería comprobar si necesita algo más de nosotros.

Vuelvo a mirar a Anne Marie, pero se aleja tan rápido como puede. Siento un peso en el pecho, aunque esto parezca lo correcto.

—Es una chica especial. —Lizzie se coloca a mi lado.

—Lo es —susurro mientras Anne Marie desaparece de mi vista—. Lástima que vengamos de mundos tan diferentes.

—¿Ah, sí? —arquea las cejas—. Hubo un tiempo en mi propia vida en el que yo también habría creído eso.

Pero... —sus ojos sonríen—, pero entonces encontré a alguien que necesitaba la vida que yo tenía tanto como a mí me asombraba la suya.

Y nuestras vidas son mucho más plenas gracias a ello.

—Se aclara la garganta—. Pero me estoy extralimitando.

Perdone, Sr. Lancaster. —Inclina la cabeza y retrocede.

—Espere —la llamo—. ¿Eso es verdad?

—Verdad verdadera.

—¿Y si Anne Marie y yo somos dos piezas de un puzle, tan diferentes, pero que juntas forman algo... más?

—Si me lo permite —Lizzie se muerde el labio—. No quiero dar nada por sentado, pero...

—Por favor. —La miro de frente—. Puedo soportarlo.

—No he podido evitar notar que no parece estar particularmente «enamorado de este estilo de vida», como usted ha dicho...

—¿Ha oído eso? —Me aclaro la garganta—. No sé de qué me habla —me río, pero me suena falso incluso a mí—. No puedo quejarme de nada. La vida es estupenda. Soy muy afortunado por tener todo lo que siempre podría haber deseado.

Ella inclina la cabeza y levanta una ceja.

—Parece que el caballero protesta demasiado.

—Me iré en unos días. ¿Quién sabe cuándo volveré?

—Intento convencerme a mí mismo más que a ella—.

Ella apenas acaba de salir del nido. Yo ya he pasado por esto antes.

Nunca llega lejos. Nuestras expectativas son demasiado diferentes.

Y las mujeres que han pasado por mi vida siempre dicen que no quieren que esté tanto tiempo de viaje.

—Probablemente porque parece usted bastante desgraciado cuando está de viaje, Sr. Lancaster.

—No hay nada más que pueda hacer. Esto es todo lo que tengo. —Ni siquiera intento ocultar la súplica en mi voz.

—¿Nada más que pueda hacer? No puede creerse eso, Sr. Lancaster.

Veo cómo trata a los perros. Y especialmente a Dozer.

Tiene usted un don. Quizás no ha estado usando ese don como debería.

Algunos incluso dirían que ha sido manipulado desde una edad temprana, que su don ha sido mal utilizado por personas a su alrededor que deseaban beneficiarse de él.

¿Cómo sabe esto? ¿Tan obvio resulta?

—Pero ahora ya es un hombre —continúa ella—. No es el niño estrella que fue una vez. Usted decide su propio destino... y no tiene por qué hacerlo solo.

Es como si la sangre hubiera dejado de correr por mis venas. Lizzie habla de pensamientos que yo había descartado por considerarlos tonterías como si fueran posibilidades reales.

No sé qué hacer, así que me río nerviosamente.

—Bueno, esto ha sido divertido. Gracias por el psicoanálisis. —El sarcasmo chorrea de mis labios y odio cómo suena—. Pero sé perfectamente lo que estoy haciendo. Me ha ido bastante bien hasta ahora, ¿no cree?

Yo no me creo a mí mismo. Y a ella no la engaño ni un poco.

—Lo que usted diga, Sr. Lancaster. Estoy segura de que lo tiene todo controlado. —Cruza los brazos y se aleja pavoneándose por el pasillo.

—Hago lo que puedo —le grito, con una voz más sincera de lo que esperaba.

Ella se detiene y me mira.

—Pues eso sí que me lo creo. Piénselo, Sr. Lancaster. Solo piénselo.

—¡Tripp! ¡Tripp! —chilla Rebecca detrás de mí.

Parece que no voy a tener tiempo para pensar en absoluto.

Rebecca corre a mi lado, sin aliento.

—Es una emergencia. El circuito de agility. Se ha montado en modo invertido.

—¿Modo invertido? Querrás decir que está...

—¡Está al revés! Y no veo cómo podemos cambiarlo ahora. Los asientos de los jueces se han diseñado específicamente como tú indicaste, de modo que los momentos de exposición queden justo delante. Pero ahora están detrás.

—Pues cambiemos el lugar donde se sientan los jueces.

Ella resopla.

—¿No te acuerdas de cómo querías que se montara esto?

—Junto al lago.

—¿Y quieres que los jueces se sienten dentro del lago?

Suspiro, viendo el error en mis planes.

—No, no quiero.

—Y eso no es lo peor. —A Rebecca se le saltan las lágrimas—. Inka ha tenido que retirarse.

Esto no hace más que empeorar.

—¡No, Inka no!

—¡Se ha retirado! —exclama Rebecca agarrándose el pelo—. Sabes que esa es la única razón por la que Moulana Amir iba a venir. ¡Le encanta ver a Inka en agility!

Moulana Amir es nuestro mayor apoyo financiero y también proviene de una larga estirpe con dinero de cadenas hoteleras.

—¿Sabe Moulana lo de Inka? —Cruzo los dedos, aunque ya sé la respuesta.

—¿Estás de broma? Está por todo Dogs of Insta y con el hashtag pup-talk. Moulana se ha echado atrás. —Rebecca se acerca a mí sosteniendo su carpeta frente a mi cara—. Huxton es nuestra única esperanza ahora.

—Tienes razón —digo, poniéndome las manos en las caderas—. Y por eso mismo voy a montar el circuito de agility yo mismo.

Ella jadea.

—¡Pero te llevará toda la noche!

—Rebecca, haré lo que sea necesario para conseguir que Huxton se una al proyecto.

Marcho en dirección al lago, porque cuanto antes empiece, más probabilidades tendré de terminar antes del amanecer.

—¡Entonces yo también voy!

—No —levanto la mano para detenerla—, ya tienes suficiente lío. Y necesito hacer esto ahora mismo. O conseguimos a Huxton o estamos acabados. Y tengo un circuito de agility que montar, así que déjame ponerme con ello.

—Tripp. —Rebecca me agarra del brazo—. Esto es por el refugio, ¿verdad?

No estoy de humor para oír lo ridículo que es.

—Olvídalo.

—Me equivoqué. Es una idea maravillosa.

Me quedo helado. Esta no es la Rebecca que conozco. No soy capaz de mirarla a los ojos.

No quiero que me vea llorar.

—Lo digo en serio —continúa ella, con una voz inesperadamente suave y amable—. Llevas mucho tiempo en esto. Me he arrepentido de haberme reído de la idea desde el momento en que lo hice. Te mereces tener lo que te hace feliz. ¿Y Tripp?

Parpadeo para contener las lágrimas y la miro.

—No se trata de esta exposición. Ni de las cámaras de televisión tampoco. Supongo que ya sabes lo que quieres. Y después de estos años trabajando juntos...

Se inclina hacia mí.

—...sé que te da miedo el cambio. Y cierta chica te ha hecho ver las cosas de forma diferente desde que llegaste aquí.

Abro la boca para protestar pero ella levanta un dedo.

—Lo sé, Tripp Lancaster. La pregunta es cuándo vas a reconocerlo tú mismo. Ahora, vamos a arreglar ese circuito de agility.

Pasa por mi lado y no mira atrás.

Pero todo mi mundo se está tambaleando. Después de todo lo que le dije a Anne Marie... y además está el hombre al que ella dijo que todavía ama...

Con refugio o sin él, ¿hay siquiera un lugar para mí en su vida?