18 Anne Marie
—¡Ya voy yo! —le grito a Mrs. McKenny tras escuchar los estruendosos golpes en la puerta.
—¡Más te vale! —responde Mrs. McKenny desde el fondo—. ¡Nadie ha llamado a esa puerta buscándome a mí en los últimos doce años!
—Venga, eso no puede ser verdad, Mrs. McKenny. Tiene muchísimos amigos.
—Claro que los tengo —me contesta—, pero todos me telefonean antes de presentarse en la puerta.
—Touché —replico y abro la puerta de par en par sin pensarlo.
Tripp. Está de pie frente a mí, con toda su apostura y una mirada avergonzada en el rostro.
—Hola —dice—. Por favor, no me eches. Te debo una disculpa.
—No es necesario...
—No, de verdad, lo digo en serio. Me siento fatal.
Me entrega un ramo de flores silvestres y luego una caja de bombones. Y después, como si le hubiera salido una tercera mano, me pasa un perro de peluche gigante.
—No tenías por qué. —No puedo decirle que me alegra que esté aquí con los brazos cargados de disculpas.
—Tenía que hacerlo. —Alarga la mano y me aparta el pelo con suavidad para examinar el lugar donde estampé con elegancia mi cara contra el retrovisor del camión—. Parece que duele —susurra.
Me encojo de hombros.
—No es nada comparado con... Olvídalo. No quiero volver a meterme en esa historia.
—Por favor, deja que me disculpe —dice Tripp.
—¿Por qué exactamente? —replico con mirada expectante.
—Esto es una pregunta con trampa —entorna los ojos—, y apuesto a que solo hay una respuesta correcta.
—Mjm.
—Siento haberte reprendido.
—¿Y?
—Está bien —dice—. Supongo que eso no es suficiente. Siento haberte reprendido delante de Mr. Huxton.
—¿Y?
—Y de Miss Chardonnay.
—¿Y?
—Y de esa señora británica.
—Esa señora británica es Lizzie, mi jefa.
—Y de Lizzie —dice, esperando mi respuesta.
—¿Y?
—¿Y? —Se rasca la barbilla y frunce el entrecejo—. ¿Y siento que te... golpearas la cara?
—No, no. Eso ha sido todo culpa mía.
—Vale, entonces no estoy seguro de qué queda.
—¿Qué tal el hecho de que fuiste tú quien me dijo que jugara con Dozer? ¿Y que, además de humillarme, ni siquiera reconociste que habías perdido la cabeza por completo?
Tripp se ríe.
—Intentaba lucirme ante Mr. Huxton.
—No me digas. Una batalla de testosterona en toda regla. —¡Uy!, ¿me he pasado?
Pero Tripp suelta una carcajada, sonora y plena, de una forma que no le había oído nunca.
—Anne Marie, tienes toda la razón. Soy un imbécil. Soy un desastre. Me mueve la necesidad de demostrar mi valía, y me equivoqué. —Me mira a los ojos—. Por favor, perdóname.
Me encanta cómo se ve ahora mismo: humilde, dulce y rogando mi perdón. Me dan ganas de comérmelo aquí mismo. Pero no lo hago. En su lugar, me muerdo el labio para no decir algo de lo que me arrepienta.
—Lo sé —digo—. Te perdonaré si mañana anuncias a todo el mundo que te equivocaste.
Se le demuda el rostro y veo que realmente lo está considerando.
—Es broma —digo—. Además, Lizzie sabe que te has portado como un twinkie engreído.
—¿Un twinkie engreído?
—¡Sí! Eso es lo que has sido. Un twinkie engreído de manual.
—Acepto el leve insulto.
—¿Quién es un twinkie? —grita Mrs. McKenny desde la otra habitación.
—Soy yo —dice Tripp, poniendo los ojos en blanco y soltando una risita—. Yo soy el twinkie.
—Bueno, ¿va a pasar este twinkie a tomar el té? —Mrs. McKenny asoma por el pasillo de la entrada—. Tengo una infusión de menta fresca que te va a dejar como nuevo.
—Eso suena de maravilla, Mrs. McKenny —dice Tripp—, pero me temo que mi equipo me está esperando en the Chateau Rose. Solo he pasado para... —Se aclara la garganta— ...disculparme por ser un tonto.
—Buen chico —dice Mrs. McKenny—. Eres un buen amigo para Anne Marie y para mí. Y los buenos amigos saben cuándo tienen que tragarse el orgullo y pedir perdón.
¿Un buen amigo? ¿Eso es lo que Tripp es para mí?
Quizá eso es todo lo que Tripp debería ser para mí... un amigo. Tiene la mirada baja. No puedo saber en absoluto qué está pensando.
—Un amigo —susurra él. ¿Estamos pensando lo mismo? Después de lo que has hecho hoy por mí, Anne Marie, tú eres la que es una gran... —traga saliva— ...amiga.
Mrs. McKenny se aleja arrastrando los pies. ¿Estará sintiendo la tensión tanto como yo? No hay nada malo en ser amigos. Quizás eso es lo que debería haber sido desde el principio. Tripp y yo tenemos mucho en común... y muchísimas más cosas que nos separan por mundos de distancia.
—Se me da muy bien ser amiga —susurro, y él sonríe con dulzura. Mira hacia arriba y se muerde el labio. Está lleno de contradicciones. En un momento, seguro de sí mismo y sofisticado. Al siguiente, vulnerable e inseguro, como ahora.
—Hay tantas cosas más que quiero decirte. Sobre lo que estoy pensando para el refugio... —Se detiene durante un rato muy largo.
—Te escucho —susurro, sin saber qué más decir.
Toma una gran bocanada de aire y noto la máscara que se está poniendo. Vuelve a ser el jefe. El gran hombre al mando. Ya no es solo Tripp; es Tripp Lancaster.
—He valorado mucho tu perspectiva sobre los próximos pasos que he propuesto, pero en esta etapa, necesito comprender mejor las implicaciones de tal movimiento.
—¿Perspectiva sobre implicaciones?
—Tal vez podamos retomar algunos de estos conceptos después de la exposición canina. Un plazo de dos días debería ser suficiente para la deliberación de dichas opciones.
—¿Retomar opciones?
Tengo el cuello dolorido del cambio de ritmo. Nos abrimos el corazón. Luego se porta como un capullo conmigo en el trabajo. Luego es tan dulce y se disculpa. ¿Y ahora habla de la deliberación propuesta de opciones suficientes?
—¿Tripp?
—¿Lo considerarás? —Sus ojos están llenos de esperanza, pero yo estoy completamente perdida.
Próximos pasos propuestos... ¿se refiere a...?
—¿Estás hablando del refugio?
Traga saliva con dificultad. Cuando habla, lo hace tan bajito que tengo que inclinarme hacia delante para oírlo.
—Creo que las posibilidades son... son...
Me mira a los ojos y, bajo la farola, el resplandor le hace parecer joven e inocente, como un niño que acaba de sugerir que juguemos con su camión de juguete.
—...son buenas.
Sus labios están entreabiertos, esperando mi respuesta. Es como si tuviera su sueño como una mariposa posada en la palma de mi mano. Lo próximo que diga podría definir lo que ocurra entre él y yo, además de lo que pase con esa idea de un rancho con mil cachorros.
Me está esperando y yo busco las mejores palabras posibles para expresar algo que se siente tan grande.
—Tripp, eres el único hombre en el mundo que podría hacer realidad ese sueño.
Exhala y la sonrisa más genuina baila en sus labios.
—¿Lo dices en serio?
—Más que en serio. —Le toco la mejilla; su barba incipiente bajo mis dedos se siente como pequeñas estrellas.
—Anne Marie —susurra—, eres la única en quien podría confiar para esto. —Se inclina más cerca.
—Puedes confiar en mí para todo, Tripp. —Mi corazón late con fuerza mientras su aliento calienta el aire en la noche—. No soy como esas otras personas de las que me hablaste.
Su frente roza la mía, y el retumbar de su voz me hace temblar por dentro.
—No eres como nadie más en este mundo.
Su aliento me acaricia los labios, y su calor húmedo me provoca un escalofrío por la espalda.
—Anne Marie...
No es su aliento en mis labios, son sus labios en mis labios.
Y yo le devuelvo el beso. Le devuelvo el beso más de lo que sabía que sabía besar.
Porque estoy bastante segura de que me estoy enamorando.