12 Anne Marie
Aquí está el quid de la cuestión sobre una no-cita profesional secreta.
Suena muchísimo a cita secreta. Lo cual, si lo pienso más tiempo de lo que sería prudente, suena a que estamos saliendo en secreto.
Y mi pregunta es… ¿en qué momento, cuando sales con alguien en secreto, te conviertes en una novia secreta?
Salir en secreto suena a que podría ser divertido, una especie de juego al escondite.
¿Pero ser una novia secreta? Eso no suena nada bien.
Y no olvidemos que esto es con el tipo que me dejó creer que no era más que otro tío trabajando en la exposición canina… y no el fundador de la propia exposición canina.
Tripp Lancaster. ¿Cómo he podido pasar eso por alto de forma tan estrepitosa?
Ahora tiene sentido la manera en que Rita revoloteaba cada vez que él andaba cerca.
Me imaginé que era simplemente porque es más guapo que un laberinto de maíz en octubre.
Pero no, es porque es el gran jefe de todos los jefes de la Super Amazing Massive Worldwide Dog Show.
—¡Hammond! —exclamo—. ¿Te quieres estar quieto?
Este caniche toy parece amar cada aspecto del baño excepto el agua en sí. Cada vez que le caen unas gotas encima, se sacude como si estuviera bailando el mashed potato.
Hammond cierra la boca y me mira con los ojos como platos.
—¿Te he ofendido? Lo siento.
Y entonces se tira un pedo enorme.
—¡Por favor! Eso ha sido desproporcionado para un perro tan pequeño. ¿Pero qué te están dando de comer?
Después del baño, Hammond luce su pajarita y trota lanzando las patas delanteras hacia delante mientras nos dirigimos hacia la recepción.
—Aquí tiene. —Le paso la correa a la dueña—. No he podido evitar preguntarme si no tendrá algún problemilla digestivo.
—Oh, no. —La dueña se lleva la mano a la cabeza—. Esta mañana se ha zampado mi burrito de desayuno antes de que tuviera oportunidad de detenerlo.
—¿Un burrito de desayuno entero?
—Ya lo sé. —La dueña se encoge de hombros—. Hammond tiene muelles en las patas. Ha saltado hasta lo alto de la encimera de la cocina y se lo ha ventilado en cinco segundos exactos.
—¿Tú? —le recrimino a Hammond, cuya colita rizada se menea más rápido de lo que él puede controlar—. Quizá debería preguntarle al Doctor Tom sobre eso. Estoy segura de que tiene experiencia con caniches con debilidad por la comida mexicana.
—No se preocupe —se ríe la dueña—. No es la primera vez que lo hace. El Doctor Tom conoce muy bien el sistema digestivo de Hammond.
—¡Chica nueva! —Rita se acerca a paso firme—. Dozer está causando el caos con los otros residentes de larga estancia. ¿Puedes entretenerlo un rato y darle un respiro a Nisha? Tengo que ir al pueblo para cerrar los planes de las gradas para el día de la exposición canina.
—¡Claro que sí! —salgo trotando de la recepción y oigo a Rita mascullar a mis espaldas.
—¿Es que no hay nada en la vida que a esa chica no le encante?
El campo detrás de la zona de alojamiento es un hervidero con los residentes de larga estancia, esos perros que vienen a nosotros porque sus dueños famosos andan de picos pardos por otras partes del globo y quieren que sus caninos tengan una verdadera experiencia de vacaciones.
Es digno de ver cuando el equipo los lleva al lago para nadar. ¡Eso sí que son perros felices!
Lizzie insiste en que no tengamos más de nueve a la vez, pero cuento diez colas moviéndose cuando llego al campo.
—¿Quién de vosotros es Dozer?
Un Airedale que está al fondo irrumpe entre la multitud como un elefante en una cacharrería, mandando a un Cocker Spaniel al final del grupo y derribando a un cruce de Schnauzer.
Un chihuahua da rienda suelta a su furia ladradora contra el Airedale mientras este llega a la puerta y choca contra ella…
empujándome un par de pasos hacia atrás.
—¡Pero si eres un auténtico bulldozer! Ohhh, Dozer. Ya lo pillo.
—¡Ayúdame! —Nisha corre hacia mí—. Dozer está fuera de control. Nunca se ha portado así. Es como si supiera que su dueña ha fallecido.
Se me acaba de romper el corazón por este grandullón peludo.
Le pongo la correa, pensando que el mejor plan de acción es primero separarlo de los demás —por el bien de los otros perros— y luego llevarlo a correr un buen rato al campo trasero.
Está vallado, aunque con Dozer será mejor que no le quite ojo.
Si es tan impredecible como dice Nisha, podría pasar cualquier cosa.
El campo trasero bordea el bosque, el mismo bosque donde me caí sobre la cabeza de Tripp, por así decirlo. Recordar ese momento me produce un subidón por las venas y un escalofrío por la espalda. No ha pasado ni una semana, pero parece que fuera otra vida.
Tripp Lancaster. Ese nombre se siente tan cómodo en mi lengua, como decir «velour chaise longue» o «tapioca en Tailandia». Nació con nombre de celebridad.
Desde luego, es un mundo aparte de Pine Oak Acres, Nebraska.
Espera. ¿Es Tripp Lancaster siquiera su nombre real? Un montón de famosos se cambian el nombre, como Marilyn Monroe, que en realidad era Norma Jean, o Prince. Quizá Tripp nació en realidad como Billy Bob Bumperton o Hank Erchief y tuvo que cambiarse el nombre.
Pero sale en la tele desde que era niño, así que puede que no…
—¡Hala, Dozer!
El Airedale pega un tirón, girando bruscamente a la derecha con el hocico pegado al suelo, casi dislocándome el brazo. Me lo masajeo mientras entramos en el recinto.
—Ya estamos. ¡Vuélvete loco, chaval! —Le suelto la correa, pero él se me queda mirando—. ¿Qué pasa? Tenías tantas ganas de entrar aquí, ¿pero ahora no quieres corretear?
Echa las orejas hacia atrás. ¿Qué le pasará por la cabeza? ¿Tendrá esto algo que ver con el fallecimiento de su dueña? Sé que los perros pueden estar en sintonía con eventos que ocurren en el éter, pero parece mucho para que un perro pueda entenderlo.
Gira la cabeza para mirar hacia atrás y gruñe.
—Estás más alterado de lo que pensaba, Dozer.
No vuelve a mirarme. Pone el hocico en el suelo y se pone en marcha. Quizá huela a otro animal, una ardilla o un conejo, dado que estamos justo al lado del bosque. Eso explicaría su agitación.
¡Y allá va! Corriendo por el campo, buscando algo. Es un alivio verlo soltar un poco de adrenalina.
Me apoyo en la valla de madera del extremo más alejado del campo, contemplando el bosque.
Ha sido un mes de locos. He encontrado a una señora maravillosa para la que trabajar que necesita mi ayuda a cambio de alojamiento y comida.
He encontrado este trabajo, que es un sueño hecho realidad.
He logrado separarme de mi familia, tan dominante como cariñosa, para empezar por fin a valerme por mí misma.
Y me caí delante del hombre más guapo y famoso que he conocido en mi vida.
Considerándolo todo, no es un mal comienzo para esta vida de adulta.
Unos ladridos incesantes me sacan de mi ensoñación.
—¿Dozer? ¿Qué pasa, perro?
Viene disparado hacia mí.
—¡Tranquilo, chico! ¡Que me vas a arrollar!
Levanto los brazos haciéndole una señal para que frene, pero no lo hace.
—¡Dozer! ¡Escúchame! ¡Dozer!
¡Prepárate para el impacto! Me agacho, por la lógica de que así la distancia de la caída será menor, aunque me voy a llevar todo el golpe de sus veinticinco kilos contra mí.
Se le ve el blanco de los ojos y solo tengo un segundo para preguntarme si el perro ha perdido el juicio antes de que choque directamente contra mí, lanzándome un metro y medio hacia atrás.
—¡OOF!
Eso me va a dejar moratón.
Dozer está plantado delante de mí, dándome la espalda, ¿ladrando y lanzándose hacia delante?
—¿Dozer? ¿Qué es lo que…?
Una serpiente.
—¡Dozer! Atrás, chico. ¡Vamos!
Es una serpiente de cascabel. Tuvimos una en la granja una vez. Aquello invadió mis pesadillas durante años.
Dozer vio la cascabel.
Dozer vio que la cascabel venía hacia mí.
Dozer me apartó de un golpe.
—¡Dozer! —grito, pero es demasiado tarde. La cascabel se aleja reptando. Dozer cojea hacia mí.
—¡Dozer!
Corro y me deslizo hasta sus pies. Apenas puedo distinguir una zona inflamada en su pata, justo debajo del codo.
Tengo que llevarlo a urgencias, y tiene que ser ahora.
—Vamos, Dozer. —Le engancho la correa, pero él no se mueve. Tiro, pero se queda quieto, con la mirada fija.
Debe de estar en estado de shock.
—¡Cascabel! —grito al ver a Scotty, el encargado de mantenimiento, al otro lado del campo—. ¡UNA CASCABEL!
—¡Voy! —grita Scotty mientras corre hacia aquí—. ¿Le ha mordido a Dozer?
—¡Creo que sí!
—¡Llévalo con el Doctor Tom inmediatamente! ¡Yo me encargo de ese bicho escurridizo!
Dozer me ha salvado de esa serpiente. Estaba justo a mis pies y yo no tenía ni idea. Ahora tengo que salvar yo a Dozer. Lo cojo en vilo…
Y corro.
Intelectualmente sé que me duele la espalda y siento que se me van a salir los brazos de los hombros, pero me quedan otros doscientos metros hasta el spa.
Se me pasan en un suspiro.
Entro por la puerta, corriendo hacia la sala clínica del fondo, y dejo a Dozer antes de darme cuenta de dónde estoy.
—¿Qué está pasando? —El Doctor Tom irrumpe en la sala.
—¡Mordedura de serpiente! —grito, y las lágrimas ruedan por mis mejillas—. En la pata delantera izquierda, creo.
El Doctor Tom ya está evaluando el estado de Dozer.
—¿Y la serpiente?
—Scotty se está encargando.
—¡Rita! —grita él—. ¿Dónde está Rita?
Unas gotas de sudor aparecen en su frente.
—Lo siento, Doctor Tom —digo—. Está con Lizzie en the Chateau Rose, recibiendo instrucciones para los eventos de esta noche.
—¿Está con Lizzie? Como no, todo esto tiene que pasar en el día libre de Amelia. Pues ya está. ¡Usted! —me señala a la cara—. Chica nueva. Necesito que desinfecte por completo mi sala clínica, no hay tiempo que perder. Yo prepararé mis instrumentos. ¿Me ha oído?
—¡Sí, doctor!
El Doctor Tom se detiene.
—Espere, ¿se marea con la sangre?
—Oh, no, doctor. Soy una chica de campo.
—Entonces lo hará muy bien. Ahora entre ahí y póngase a limpiar. Tenemos una vida que salvar.