11 Tripp #2
Es una toma perfecta, desde luego. De Anne Marie.
Tiene a mis tres chicos y les está haciendo dar vueltas por un circuito de agility que ha montado en el césped.
Se da palmaditas en los muslos mientras llama a Bigulton para que lo recorra; Bigulton se llama así porque es el más pequeño de mi manada.
Y Bigulton muestra todo lo que puede hacer: saltar, escurrirse, correr en círculos alrededor de los conos hasta que llega a los pies de Anne Marie.
Se tumba de espaldas mientras Anne Marie le da un buen rascado.
Me da un vuelco el corazón. No es solo que Bigulton fuera mi rescate personal después de haber sido tan maltratado que sus ojos habían perdido el brillo.
No, es porque Anne Marie es una princesa.
Del tipo de Cenicienta. Por fuera, es una chica de campo que acaba de empezar a encontrar su sitio en el resto del mundo.
Pero por dentro, ya puedo decir que su corazón es más de oro de lo que pensaba.
Rebecca golpea su carpeta.
—Ya es suficiente, Tripp. Vamos, volvamos dentro y terminemos el resto del rodaje.
—Estoy ocupado —susurro.
—¿Estás ocupado? ¿Ahí parado mirando a tus perros?
—¡He dicho que estoy ocupado! —No era mi intención gritar, pero lo he hecho.
Rebecca resopla y gira sobre sus talones, entrando de nuevo.
—Estaré allí en un minuto —le digo con firmeza al equipo de rodaje—. Id a montarlo todo y iré cuando esté listo. ¿Entendido?
El cámara asiente y entra corriendo.
Solo quiero un minuto más de esta magia, de observar a mis perros mientras corretean alrededor de los pies de Anne Marie. Casi puedo sentir la brisa de sus colas meneándose desde aquí.
No puedo dejar que Anne Marie siga enfadada conmigo. Tengo que encontrar una manera de ganarme su perdón.
Mientras entro en el salón de baile se me ocurre.
—Rebecca —ladro—. Tráeme a mis perros. Quiero que el equipo de rodaje haga una prueba con ellos. Asegúrate de captar su lado bueno para cuando hagamos el programa en directo el día de la función. Asegúrate de que la chica venga con ellos por si necesito su ayuda.
—Sí, sir —resopla Rebecca y se marcha. Ya se le pasará. Sabe que así son mis estados de ánimo.
Anne Marie espera al fondo mientras el equipo de rodaje hace lo suyo con los chicos. Intento no dar a entender que la estoy mirando, pero ella me pilla y nuestras miradas se cruzan. Sonrío tímidamente. Ella parpadea y luego cruza los brazos.
Es tan condenadamente mona.
Camino en su dirección, aclarándome la garganta y adoptando un aire profesional. Obviamente todavía está molesta conmigo, así que voy a tener que apelar a un lado diferente de ella.
—Anne Marie.
—No quiero hablar contigo —dice rápidamente y mira hacia otro lado.
—No te pido perdón, entiendo tu enfado. Solo quería decir que eres increíble con los chicos. Quiero decir, con mis perros. Los llamo mis chicos. Te vi ahí fuera con ellos. La mayoría de la gente no consigue que Bigulton recorra un circuito de agility. Normalmente solo yo. Tienes el toque mágico.
La comisura de su boca se curva.
—¿Eso crees? —dice en voz baja—. Quiero decir... gracias.
Levanto las manos.
—Te dejaré sola ahora para que puedas seguir enfadada.
Ella suspira.
—No estoy enfadada. Solo sorprendida. Y decepcionada.
—Lo entiendo perfectamente. —Aquí está mi oportunidad—. Y el caso es... —Esto es un riesgo, pero merece la pena— tienes que dejar que te invite a salir. Mañana por la noche.
—¿Perdón?
—Escúchame. No es lo que piensas.
Ella ladea la cabeza.
Respiro hondo.
—Eres exactamente el tipo de persona que necesito para la exposición, y necesito hablar contigo sobre ello durante la cena.
—¿A mí?
—Sí, a ti. —Parece tan sorprendida que casi me río y rompo el personaje—. Eres la persona perfecta porque no estás nada familiarizada con todo lo que va a pasar en los próximos días.
—Si acaso, creo que eso es un fallo profesional —dice y da una patadita al suelo—. Debería saber más sobre ti... —Se interrumpe y me mira con los ojos como platos—. Quiero decir, por razones profesionales. Porque este es mi trabajo. Quiero decir...
Una risa escapa de mis labios a mi pesar.
—Pero Anne Marie, es perfecto que no lo sepas.
Y esto es estrictamente con el propósito de recopilar información.
Considéralo desarrollo profesional. —Sueno desesperado.
No puedo dejar que vea que estoy dando palos de ciego—.
Así que déjame que te invite mañana, después de que hayas hecho lo que tengas que hacer con Mrs. McKenny. Por favor, di que sí.
—Esto suena a truco —dice ella, entrecerrando los ojos.
—Ningún truco. Solo un buen intercambio de ideas a la vieja usanza sobre el fenómeno de las exposiciones caninas. —¿Fenómeno de las exposiciones caninas? Suena ridículo.
Frunce los labios, pensándoselo.
—Vale —dice—. Lo haré. Solo por razones profesionales —añade rápidamente.
—Por supuesto, profesionales. Y la cuestión es...
—¿Sí? —pregunta ella, nerviosa.
—Tendremos que mantenerlo en secreto, ¿vale? No quiero que más multitudes nos interrumpan. Solo tú y yo.
—¿Solo tú y yo?
—Solo tú y yo.
—¿Profesional?
—Profesional.
—Vale —dice ella, mientras los perros corren hacia nosotros—. Entonces recógeme a las ocho para nuestra cita profesional secreta.
—Hecho. —El adolescente que llevo dentro salta de alegría.
—Pero, Tripp Lancaster…
De alguna manera, cuando dice mi nombre de esa forma, ya no suena a título. Suena a promesa.
—¿Sí?
—Será mejor que dejes el Ferrari en casa. Podría delatar el secreto.
Sus ojos ríen y me desafían, todo a la vez. Sale pavoneándose, con el pelo rebotando tras ella.
Creo que he encontrado la horma de mi zapato.