Casarme con el CEO (Cómo cazar un marido 4) Capítulo 14
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Capítulo 14

L os celos calentaron las venas de Santiago cuando Cecilia tomó la mano que Mauricio le ofrecía.

Debió haber llegado antes. Un sabor amargo le llenó la boca: rabia consigo mismo por no ser él quien estuviera ahí con ella, rabia por no haber tenido el valor de invitarla primero.

No sabía bailar, pero habría hecho el ridículo con tal de estar cerca de ella.

—Oye, ¿quieres vodka? —Kevin se le acercó.

—No, gracias. Solo estaba de paso —respondió, derrotado.

Mauricio era el donjuán del pueblo. Ahora que Cecilia sería libre de estar con quien quisiera, ¿ese era el tipo de hombre que elegiría?

Santiago se había permitido soñar: ahora que ella estaba a punto de ser libre, ahora que por fin tenía una oportunidad, su momento había llegado; estarían juntos, él le daría un regalo de cumpleaños, le confesaría sus sentimientos y ella aceptaría intentarlo.

Pero ella lo evitaba y sonreía a otros. Santiago sabía que Cecilia lo quería como amigo, pero ¿eso sería todo lo que tendrían?

¿Estaba destinado a desearla para siempre?

Imposible, decidió. No después de la forma en que ella lo había mirado, no después de cómo se había puesto celosa por Bianca. Cecilia debía sentir algo por él; probablemente estaba confundida por el divorcio. Pero, aunque solo sintiera la más mínima chispa de atracción por él, él no se rendiría.

La vio bailar con Mauricio. A Cecilia le encantaba la música y nunca dejaba pasar la oportunidad de ir a una fiesta.

Mauricio la acercó con una mano, la otra en la parte baja de su espalda; la hizo girar y Santiago sintió como si una daga le atravesara el pecho cuando ella sonrió y Mauricio se inclinó para besarla.

Se dio la vuelta antes de verlo y estaba a punto de irse cuando alguien disfrazado de Cupido dijo:

—Bueno, eso es completamente inapropiado. Alguien debería ayudar a la chica.

Él volteó a ver Cecilia y notó que la mano de Mauricio bajaba aún más.

Cecilia se quedó rígida. Se apartó y trastabilló; probablemente había estado bebiendo.

Santiago corrió y, antes de que Mauricio pudiera sujetarla otra vez, ya le había dado un puñetazo al bastardo en la cara.

Mauricio cayó al césped con un gemido. Cecilia se giró hacia él y sus miradas se encontraron.

—Viniste —dijo, sorprendida.

Santiago la empujó detrás de él en una postura protectora mientras Mauricio se levantaba, sujetándose la nariz; tenía la cara y la camisa manchadas de sangre. El alboroto había llamado la atención y ahora todos los doctores y sus acompañantes los observaban.

—Santiago, vámonos —pidió Cecilia.

—Vas a pagar por eso —dijo Mauricio.

—Inténtalo—respondió Santiago. No tenía miedo a tipos como ese; incluso había oído rumores de que era un cobarde y de cómo había maltratado a una exnovia—. Si vuelves a tocar a mi mujer, te destruyo.

Escuchó un jadeo colectivo. Demasiado tarde se dio cuenta de las implicaciones de esas palabras.

Kevin se interpuso frente a ellos.

—Nadie va a pelear —declaró. Era enorme, y bastó su presencia para que la tensión bajara.

Santiago se relajó y levantó las manos en señal de rendición. Mauricio, sin embargo, intentó atacar, pero Kevin lo detuvo fácilmente, sujetándolo por el cuello.

—Si prometes comportarte, te suelto —ofreció Kevin.

Lo hizo después de que Mauricio, golpeado y magullado, levantara la vista y asintiera, con los ojos llenos de resignación.

—Toma, esto te ayudará —Laura se acercó a Mauricio con hielo para la nariz, pero él lo rechazó—. Santiago, ¿estás bien? —preguntó.

—Estoy bien. ¿Y tú? —se giró para preguntarle a Cecilia, pero ella ya no estaba.