Casarme con el CEO (Cómo cazar un marido 4) Capítulo 12
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Capítulo 12

—¡S orpresaaa! —gritó su hermana Laura saltando detrás del sofá verde de Cecilia.

—¿Qué es esto? —preguntó Cecilia. El susto fue tal que dejó caer las llaves y la bolsa al suelo.

—Es una fiesta sorpresa por tu divorcio —dijo emocionada su prima Rebecca—. Traje todos los buenos pasteles de la cafetería.

Cecilia se dio cuenta entonces de que su sala estaba llena de mujeres.

—¡Tenemos de todo! —explicó Ariana—. Alcohol y comida grasosa.

—Y fósforos para quemar todas sus fotos —añadió Maga con un guiño.

—No olviden la tonelada de helado —dijo Florencia.

—Y pañuelos por si quieres llorar. Estamos aquí para ti —agregó Laura.

—Gracias —respondió Cecilia. Si tan solo supieran que había llorado hasta quedarse dormida durante un mes entero, hasta que un día ya no le quedaron lágrimas..., igual que su matrimonio se había secado. Aun así, la intención de las chicas le calentó el corazón—. ¿Vemos una película juntas?

—¡Claro! Cualquier cosa para la agasajada —concedió Laura mientras encendía la televisión.

Todas se acomodaron entre el sofá y la mullida alfombra del piso.

—Njinga no pudo venir, pero mandó esto —anunció Maga mostrando tres botellas de Moscato—. Es el mejor que tienen en el restaurante.

—Qué detalle tan lindo. Le daré las gracias el lunes —dijo Cecilia mientras servía las copas.

Brindaron, comieron pizza y prácticamente ignoraron la película de invasión alienígena que pasaba en la pantalla.

—¡No confíes en él! —gritó Cecilia, lanzándole un cojín a la televisión cuando apareció una escena romántica.

—No te preocupes, hermana. Bruno se va a arrepentir algún día —dijo Laura consolándola—. Y tú le escupirás en la cara y le dirás lo mucho que siempre lo odié.

—¿De verdad? —preguntó Cecilia sorprendida—. Nunca me dijiste eso.

Laura asintió.

—No quería entrometerme. Tenías que darte cuenta sola de que era un mal esposo.

Cecilia pensó que tenía razón. Últimamente sentía como si se le hubiera levantado un velo de los ojos y ahora veía su matrimonio, tan imperfecto, con claridad.

—Por suerte Eli hizo el trabajo por mí —concluyó Laura.

—¿Sabes qué? —intervino Rebecca mientras les rellenaba las copas—. Escuché que Eli no sabía que ustedes todavía no habían firmado el divorcio. Está furiosa con él. Apostaría a que van a terminar.

—Bien merecido por meterse con hombres mayores —opinó Ariana.

—Todavía no tiene el cerebro completamente desarrollado —dijo Laura.

—Y seguramente está intentando llenar el vacío de un padre ausente —añadió Ariana, un poco más juzgona de lo normal, sobre todo desde que el bebé no la dejaba dormir.

—Y apuesto a que él va a volver y a intentar reconciliarse contigo —vaticinó Laura.

—Este Moscato está increíble —comentó Florencia, ajena a la conversación, levantándose del sofá—. Mi mamá tiene un gusto excelente para las bebidas. Tengo ganas de bailar. ¿Bailamos todas? ¿O hacemos una guerra de almohadas como en las películas?

—¿Cómo puedes ser tan segura de ti misma y ponerte pálida frente a Santiago? —preguntó Cecilia.

—El señor Santiago da miedo, supongo —respondió Florencia.

Las demás asintieron.

—Y bueno… yo tengo que preguntar algo —dijo Maga—. No es que necesites un hombre para estar bien, porque tú puedes sola…

—¡Sí! Girl power! —exclamó Laura, ya un poco pasada de copas.

—Pero… ¿qué pasa entre mi tío y tú? —preguntó Maga.

—¡Nada! —respondió Cecilia tan rápido que nadie le creyó.

—Él no te mira como si fuera nada —insistió Maga—. Llámame metiche, no me importa. Pero me gustaría que fueras mi tía.

—No hay nada. No me mira de ninguna forma especial —repitió Cecilia, aunque la verdad era que la mirada de Santiago le quitaba el aliento.

—¡Cuéntamelo todo! —exigió Laura—. ¿Por qué no me avisaron de esto?

—Porque no me está mirando —dijo Cecilia, terca. Sería demasiado complicado admitir que Santiago pudiera sentir algo por ella: acababa de divorciarse y no debería estar pensando en él.

—Te mira como si quisiera hacerte una estatua y pulirla con lágrimas de amor —dijo Maga.

—Eso es… toda una descripción especial y extraña —murmuró Cecilia.

—Ahora que lo pienso, tiene razón —añadió Ariana.

—Solo tendrías que avisar a Recursos Humanos si salen juntos, pero puedes hacerlo —comentó Rebecca.

—¡Sí! Deberías salir con él, enamorarte y crear un imperio automotriz —dijo Ariana.

—Tiene todo el sentido —agregó Laura—. Puedo verlos terminando juntos.

—Eso es una locura —decidió Cecilia. Pero, muy en el fondo, una pequeña parte de ella esperaba que fuera verdad.