Casada e Infiel (Mis infidelidades más oscuras nº 1) Capítulo 14 Mis encuentros más sucios y cómo me hicieron sentir
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Capítulo 14 Mis encuentros más sucios y cómo me hicieron sentir

De todos los encuentros que he tenido desde que abrí las puertas de mi infidelidad como mujer casada, hay algunos que se destacan por su crudeza, por su suciedad y por la intensidad con la que me hicieron sentir viva, degradada, deseada, usada y completamente fuera de control, momentos en los que crucé líneas que nunca imaginé que sería capaz de cruzar y en los que descubrí facetas de mi propio deseo que me asustaron y me excitaron al mismo tiempo, porque cuanto más sucio y más prohibido era el encuentro, más fuerte era la respuesta de mi cuerpo y más profundo el placer que sentía, mezclado siempre con esa vergüenza ardiente que ya se ha vuelto parte inseparable de mi placer.

Estos encuentros no fueron solo sexo, sino que fueron experiencias que me marcaron, me empujaron hacia rincones más oscuros de mi sexualidad y que, a pesar de la culpa que me generaron después, siguen apareciendo en mis fantasías cuando me toco o cuando estoy acostada al lado de mi marido.

Uno de los más sucios y fuertes ocurrió en un motel de carretera con un hombre al que apenas conocía.

Apenas entramos en la habitación, que olía a tabaco y humedad, me ordenó que me quitara toda la ropa excepto la alianza de casada.

Me hizo arrodillarme sobre la alfombra sucia y me folló la boca con tanta fuerza y durante tanto tiempo que mi mandíbula quedó dolorida durante horas.

El me metía la polla hasta el fondo de la garganta, sosteniéndome la cabeza con las dos manos mientras me llamaba zorra casada, puta barata y esposa degenerada.

Las arcadas eran constantes, la saliva me chorreaba por el pecho y caía al suelo, y sin embargo yo no quería que parara.

Cuando se corrió, lo hizo directamente en mi boca y me obligó a mantenerla abierta para que viera cómo su semen espeso cubría mi lengua antes de tragármelo todo.

Después me tiró sobre la cama, me levantó las piernas y me comió el culo con la lengua de una forma tan sucia y tan intensa que me corrí solo con eso, temblando y gimiendo como una loca.

Me folló después el coño y el culo alternadamente, corriéndose dentro de los dos sitios, y cuando terminó me dejó allí tirada, con semen escapando de mi ano y de mi vagina, mientras yo me sentía completamente destruida y completamente satisfecha al mismo tiempo.

Otro encuentro especialmente sucio fue con dos hombres en el asiento trasero de un coche en un parque oscuro en el que me tuvieron durante casi dos horas usándome como un juguete.

Uno me follaba la boca mientras el otro me la metía por atrás, luego se turnaban entre ellos y se cambiaban de posición.

Se corrían dentro de mí, me la sacaban y me la metían directamente en la boca para que se las limpiara, me daban palmadas fuertes y me insultaban constantemente…

Recuerdo que en un momento en el que tenía una polla en la boca y la otra en el coño, yo sentía cómo sus manos me apretaban las tetas con fuerza.

Me corrí varias veces de forma tan violenta que terminé mojando todo el asiento del coche y cuando terminaron, me dejaron allí totalmente lefada y teniendo que conducir de vuelta a casa en ese estado, sintiendo cómo se secaba sobre mi piel y cómo chorreaba entre mis muslos.

La sensación de suciedad era abrumadora, pero también fue extrañamente liberadora para mí…

Hubo una noche en un hotel barato de esos por horas donde permití que un hombre me atara las manos al cabecero, me vendara los ojos y me usase durante más de tres horas seguidas.

Yo directamente esque no veía nada, solo sentía.

Sentía su polla entrando y saliendo de mi boca y de mi coño y sintiendo cómo me corría dentro una y otra vez.

Notaba sus dedos, su lengua y sus manos explorando cada centímetro de mi cuerpo.

En un momento tuve tres orgasmos seguidos tan intensos que terminé llorando debajo de la venda y cuando por fin me quitó la venda, vi que mi cuerpo estaba lleno de marcas rojas, que mi cara estaba hinchada de tanto chupar y que el colchón estaba empapado de fluidos.

Me sentí completamente sucia y degradada pero, al mismo tiempo, más deseada y más sexual que nunca en mi vida…

Estos encuentros sucios me hicieron sentir muchas cosas a la vez ya que me hicieron sentir poderosa porque era capaz de despertar ese nivel de lujuria en los hombres, me hicieron sentir humillada porque me entregaba a actos que una “buena esposa” jamás haría y me hicieron sentir libre porque por unos momentos no existía nada más que el placer crudo y animal.

Pero sobre todo me hicieron sentir adicta, porque después de probar esa suciedad, el sexo más “normal” ya no me llenaba de la misma forma.

Volver a casa después de esos encuentros era siempre una experiencia extraña y contradictoria: me duchaba intentando borrar las marcas físicas, pero era imposible borrar las marcas mentales, luego me acostaba al lado de mi marido sintiéndome sucia por dentro, y esa suciedad me excitaba tanto que muchas veces tenía que masturbarme en silencio mientras él dormía.

Cada uno de esos encuentros sucios me ha enseñado algo sobre mí misma porque he descubierto que me excita la degradación siempre que venga acompañada de un deseo real y fuerte, me pone un montón sentirme usada como un objeto sexual y disfruto mucho tragar semen de desconocidos, que me follen, que me corran en la cara, que me dejen marcada y llena de lefa, y aunque después de cada uno de esos encuentros paso por períodos de culpa intensa, donde me miro al espejo y me pregunto cómo he podido llegar tan lejos, siempre termino volviendo a buscar más, porque esa suciedad se ha vuelto parte esencial de mi placer.

No solo soy una mujer que tiene aventuras con otros hombres, sino que me he convertido en una mujer que busca cada vez experiencias más sucias, más intensas y más prohibidas pero que cada vez que las encuentro, me siento más yo misma que nunca.