Capítulo 15 Por qué nunca voy a dejar de ser una zorra
Después de todo lo que he vivido, de todas las emociones que he sentido, de todos los cuerpos que han pasado sobre el mío, de todas las veces que he regresado a casa con el sabor de otro hombre todavía en mi boca y su semen todavía escapando entre mis piernas, he llegado a una conclusión que ya no puedo ni quiero seguir negando: nunca voy a dejar de ser una zorra infiel, porque esta forma de vivir, aunque esté llena de contradicciones, de culpa y de riesgo, es la única que me hace sentir realmente viva, realmente mujer y realmente dueña de mi propio deseo, y renunciar a ella significaría renunciar a una parte esencial de quien soy, una parte que el matrimonio no ha logrado apagar sino que, por el contrario, ha encendido con más fuerza que nunca.
Ser infiel no es para mí un simple capricho ni una etapa pasajera.
Es mi naturaleza y la forma en que mi cuerpo y mi mente han encontrado equilibrio entre la estabilidad que me da mi matrimonio y el fuego salvaje que necesito para no sentirme muerta en vida.
Quiero a mi pareja y aunque a estas alturas no lo creas, es de una manera totálmente real, profunda y sincera.
Disfruto de la vida que construimos juntos, de su cariño, de su compañía, de los proyectos que compartimos y de la seguridad emocional que me brinda, pero también he entendido que el amor y el deseo no siempre viven en la misma casa, y que mi deseo necesita libertad, necesita novedad, necesita manos fuertes que no me conozcan de memoria, necesita pollas que me hagan disfrutar de verdad, que me llenen y que me follen con esa hambre que solo se tiene por lo prohibido.
Necesito sentirme deseada por hombres que no me deben nada, que me miren como carne fresca, como una mujer casada que se supone que está fuera de su alcance y que, sin embargo, se abre las piernas para ellos.
Necesito correrme gritando mientras me follan de formas que en mi casa nunca ocurren y tragar semen de desconocidos recibiendo lefadas profundas, que me usen en baños, en coches, en hoteles baratos y en cualquier lugar donde el riesgo haga que mi corazón lata con fuerza.
Necesito volver a casa sintiéndome sucia y poderosa al mismo tiempo, acostarme al lado de mi marido con el coño todavía palpitando y lleno de otro, y masturbarme en silencio recordando todo lo que hice.
Ayer, yo sé que esto está mal y que si algún día se descubre todo podría perderlo…
Realmente la culpa me acompaña casi siempre y que hay días en los que me miro al espejo y me pregunto cómo he podido convertirme en esta versión de mí misma, pero también sé que cuando estoy siendo follada por otros y cuando siento una polla diferente abriéndose paso dentro de mí, mientras yo gimo sin control corriéndome de formas que mi marido nunca ha logrado provocarme, en esos momentos me siento más auténtica que nunca. Me siento una zorra, libre y viva.
He intentado parar varias veces y siempre prometiéndome a mí misma que esto sería la última vez, que iba a ser una buena esposa, que iba a canalizar todo ese deseo hacia mi matrimonio…
Pero siempre vuelvo y termino buscando un nuevo encuentro y para al final, acabar arrodillada frente a un hombre que no es mi marido y al cual acabo abriéndole mis piernas y entregándome a el con una entrega que no le ofrezco a mi pareja.
Mi cuerpo ya sabe lo que necesita, mi mente sabe lo que quiere y aunque mi alma, está dividida, ha aceptado que esta soy yo.
No soy una víctima ni soy una mujer insatisfecha que busca afecto.
Me considero una mujer casada que ha descubierto que puede amar a su marido y al mismo tiempo necesitar follar con otros hombres.
Yo puedo ser super cariñosa, atenta y leal en la vida cotidiana, pero también puedo ser una zorra insaciable en la intimidad secreta.
Ambas versiones son reales, son mías y ya no quiero seguir eligiendo solo una.
Por eso nunca voy a dejar de ser una zorra, porque el placer que siento cuando estoy en manos de otros hombres es demasiado intenso, adictivo y demasiado mío como para renunciar a él…
Ser deseada y usada por hombres diferentes me hace sentir completa y de una forma que el matrimonio solo por si no consigue, porque aunque la culpa me queme, el fuego que siento entre mis piernas es más fuerte.
Si, yo he aceptado que soy una mujer infiel y, en el fondo, me encanta serlo…
Este es mi secreto y mi verdad y aunque el mundo me juzgue o los demás nunca lleguen a entenderlo, yo ya no me engaño más porque así, exactamente así, es como quiero vivir.