Casada e Infiel (Mis infidelidades más oscuras nº 1) Capítulo 5 Manos fuertes y miradas que me dominan
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Capítulo 5 Manos fuertes y miradas que me dominan

Lo que más me excita de todo esto y lo que realmente me desarma por completo, es cuando un hombre me mira con esa intensidad dominante y me toca con manos fuertes, manos que no piden permiso, manos que toman, que aprietan, que controlan y que me hacen sentir pequeña, deseada y completamente a su merced, aunque yo sea una mujer casada que supuestamente debería ser intocable.

Después de varios encuentros, descubrí que yo no solo busco sexo, directamente lo que busco es esa sensación de entrega total, esa rendición que solo ocurre cuando un hombre sabe exactamente cómo dominarme sin que yo tenga que pedirlo, cuando su mirada me desnuda antes siquiera de que me quite la ropa y sus manos me agarran como si mi cuerpo le perteneciera en ese preciso momento.

Esa combinación de mirada y tacto se ha convertido en una de las cosas que más me humedecen y que más me hacen perder el control.

Recuerdo una noche en particular que todavía me hace temblar cuando pienso en ella, pues yo había quedado con un hombre al que conocí por internet unas semanas antes, se llamaba Diego, era alto, de hombros anchos, voz grave y una forma de escribir que ya me había dejado claro que le gustaba llevar el control.

Cuando entré en la habitación del hotel, él ya estaba allí, de pie, esperándome.

No dijo nada al principio, pues solo me miró de arriba abajo, deteniéndose en mi escote, en mis piernas y especialmente en la mano donde brillaba mi alianza.

Esa mirada larga, oscura y posesiva fue suficiente para que sintiera un calor intenso entre las piernas.

Me acerqué lentamente y, antes de que pudiera decir una palabra, él dio un paso adelante, me agarró firmemente por la cintura con una mano y con la otra me sujetó la nuca, atrayéndome hacia él para besarme con fuerza.

No fue un beso tierno sino un beso que reclamaba, que exigía, que me dejaba claro quién mandaba.

Sus manos eran grandes, fuertes y sentí cómo sus dedos se hundían en la carne de mi cintura, cómo me apretaba contra su cuerpo duro mientras su lengua invadía mi boca sin piedad.

Gemí dentro de su beso, porque esa forma de sujetarme me hacía sentir completamente deseada y dominada al mismo tiempo.

Me empujó contra la pared sin soltarme, levantó mis brazos por encima de mi cabeza y los sujetó con una sola mano mientras con la otra bajaba por mi cuello, apretaba uno de mis pechos con fuerza y seguía bajando hasta meterla bajo mi falda.

Cuando sus dedos gruesos apartaron mis bragas y tocaron mi coño ya empapado, soltó un gruñido de aprobación que me erizó toda la piel.

“Estás casada y ya estás chorreando para mí”, me dijo al oído con esa voz ronca que me volvió loca, mientras yo, solo pude gemir como respuesta.

Me desnudó con esa mezcla de urgencia y control que tanto me gusta sin que me dejase hacer casi nada.

Me quitó la ropa como si tuviera derecho a ello, me giró contra la pared, me abrió las piernas y me metió dos dedos de golpe mientras su otra mano me agarraba el pelo y tiraba de mi cabeza hacia atrás.

Sentía su pecho pegado a mi espalda, su aliento en mi cuello y esas manos fuertes que no me daban tregua.

Me folló primero con los dedos, rápido y profundo, mientras me susurraba al oído todo lo que pensaba hacerme, todo lo que le excitaba saber que yo era una esposa infiel.

Me corrí de pie, temblando violentamente, con sus dedos dentro de mí y su mano apretando mi pelo. Mis piernas casi no me sostenían.

Luego me llevó hasta la cama, me tiró boca arriba y se tomó su tiempo para mirarme.

Esa mirada era lo más poderoso de todo, me miraba como si estuviera evaluando su propiedad, como si estuviera decidiendo cómo iba a usarme.

Se subió encima de mí, me abrió las piernas con sus rodillas y me penetró de un solo empujón fuerte y profundo.

Grité porque su polla era gruesa y entraba con fuerza, llenándome por completo.

Sus manos no dejaban de tocarme: una me apretaba el cuello con la presión justa para hacerme sentir dominada, la otra me agarraba la cadera, marcando el ritmo de sus embestidas.

Me follaba con golpes largos y potentes, mirándome a los ojos todo el tiempo mientras yo no podía apartar la mirada ya que en esos momentos, me sentía totalmente expuesta y completamente suya.

Me puso en todas las posiciones que quiso.

Me giró, me levantó las piernas sobre sus hombros, me puso a cuatro patas y me folló agarrándome fuerte de las caderas, dándome nalgadas que resonaban en la habitación.

Cada vez que sentía sus manos fuertes sujetándome, cada vez que su mirada se clavaba en mí, mi excitación subía todavía más.

Me corrí varias veces esa noche, de formas distintas, con una intensidad que rara vez alcanzo y cada orgasmo que tenía, venía acompañado de una sensación deliciosa de rendición y de dejarme llevar por alguien que sabía dominarme.

Cuando finalmente se corrió dentro de mí, sujetándome con fuerza contra la cama y gruñendo en mi oído, sentí que todo mi cuerpo se rendía.

Su semen caliente llenándome mientras sus manos todavía me apretaban las muñecas contra el colchón fue una de las sensaciones más fuertes que he experimentado.

Después, cuando estábamos tumbados y su mano seguía recorriendo mi cuerpo con posesión, acariciando mi alianza con el dedo, me di cuenta de algo importante: lo que realmente necesito no es solo que me follen.

Necesito sentirme dominada, necesito manos fuertes que me controlen, miradas que me sometan y esa sensación de ser completamente poseída por un hombre que no es mi marido.

Mi marido me toca con cariño, con amor, con delicadeza, pero yo, en lo más profundo de mi ser, ansío ser tomada con fuerza, ser dominada y de ser usada.

Necesito esa rudeza, esa autoridad, esa forma de ser agarrada que me hace sentir hembra en estado puro y cada vez que encuentro a un hombre que sabe hacerlo, que sabe mirarme y tocarme de esa forma, me entrego sin reservas, aunque después tenga que volver a casa y fingir que soy solo la esposa dulce y fiel.

Esa noche entendí que mis infidelidades no son solo búsqueda de placer físico, sino que son búsqueda de dominación, de manos fuertes y miradas que me hagan sentir completamente mujer.