Casada con un cowboy (Cowboys de Wild River 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Mason

Lo primero que veo al abrir los ojos es el pelo de Lilly sobre mi hombro y lo segundo su mano apoyada sobre mi pecho como si hubiera pasado la noche allí.

Durante unos segundos no me muevo, no por no despertarla, sino porque me gusta observarla así.

Está dormida profundamente y ahora no hay ni rastro de su sarcasmo, ni de esa armadura que se pone para protegerse del mundo, ni su necesidad constante de discutir conmigo.

Ahora solo está Lilly, la mujer que regresó a Wild River para enterrar a su abuelo y acabó casada conmigo por accidente.

También es la mujer que ha convertido seis meses de convivencia obligatoria en el periodo más caótico de mi vida, pero que ahora mismo está abrazada a mí como si eso fuera la cosa más natural del mundo.

La observo durante unos segundos más y acabo pensando algo bastante absurdo: podría quedarme aquí toda la mañana. Sé que tengo trabajo esperándome, reuniones pendientes y medio rancho que supervisar, pero nada de eso me parece urgente mientras Lilly sigue dormida sobre mi pecho.

Justo en este instante, se mueve un poco, apoya más peso sobre mí y murmura algo que no llego a entender y sonrío sin querer. Perfecto… Después de todos estos años, parece que basta un gesto así para que vuelva a sentirme como un adolescente.

—¿Mason? —me pregunta con la voz adormilada.

—Sí —sususrro.

Lilly abre un ojo y después el otro, aunque tarda unos segundos en orientarse.

—Me estás mirando.

—Correcto.

—Eso es inquietante.

—Tú llevas un buen rato usando mi pecho como almohada.

—Eso es distinto.

—¿Ah sí?

—Claro.

Sonrío y ella también y de nuevo tengo esa sensación de que algo fundamental ha cambiado entre nosotros, porque ya no buscamos motivos para discutir sino para quedarnos uno junto al otro.

—¿Qué hora es? —me pregunta y se incorpora apoyándose sobre un codo.

—Demasiado temprano.

—Eso no es una hora.

—Es la única respuesta que estoy dispuesto a ofrecer.

—Qué suerte tengo —dice después de soltar un resoplido.

—Muchísima.

—Tu modestia sigue siendo inspiradora.

—Trabajo duro para mantenerla.

Lilly rueda los ojos y yo me doy cuenta de que me gustaría despertarme así mañana y pasado mañana y dentro de un mes y dentro de un año. Por primera vez desde que comenzó toda esta locura, no imagino un futuro inmediato sino uno largo y siempre con Lilly a mi lado.

La rutina suele ser una solución bastante eficaz para casi cualquier problema. Trabajo, responsabilidades y una lista interminable de asuntos que resolver me mantienen la cabeza ocupada y evitan que piense más de la cuenta. Pero por desgracia, hoy no parece funcionar.

Llevo un buen rato en el despacho con varios informes del ganado delante hasta que me doy cuenta de que llevo minutos observando la misma página sin procesar una sola palabra. Justo entonces, Thomas entra en el despacho.

—¿Todo bien? —me pregunta mi hermano.

—Perfectamente —miento.

—Eso suele significar que no.

—Estoy trabajando.

Thomas mira los papeles que tengo delante y después me mira a mí.

—Tienes la carpeta al revés.

Miro la carpeta y compruebo que tiene razón… Perfecto.

—Ha sido una prueba para ver si te dabas cuenta —bromeo.

—Naturalmente —asiente siguiéndome la broma.

—La has superado.

—Gracias.

Thomas se marcha sin añadir nada más y lo agradezco, porque lo último que necesito hoy es tener a otro Steele analizando mi estado mental. Para eso ya tengo a mi madre y eso es más que suficiente.

Por desgracia, un poco después, me encuentro con Nathan junto a los corrales principales hablando con uno de los encargados. En cuanto me ve, sonríe, algo que nunca es buen asunto, porque él solo sonríe así cuando detecta debilidades ajenas.

—Buenos días —me saluda Nathan en cuanto me ve acercarme.

—No —respondo sin reducir el paso.

—Todavía no he dicho nada —protesta llevándose una mano al pecho.

—Precisamente por eso, por si acaso—replico y Nathan sonríe al instante—. ¿Qué quieres? —pregunto deteniéndome frente a él.

—Información.

—No —niego con la cabeza.

—Entonces entretenimiento.

—Tampoco.

Nathan me observa unos segundos y después se cruza de brazos.

—Has dormido fatal o has dormido extraordinariamente bien.

—Vete —le ladro prácticamente, porque la precisión de su frase me resulta irritante.

—Interesante —comenta Nathan.

—Tengo trabajo.

—Y yo soy abogado. Ambos sabemos que eso no significa nada —responde señalándome con un dedo.

Resoplo y Nathan sonríe todavía más.

—Así que era la segunda opción… Has dormido extraordinariamente bien, ¿eh?

—No sé de qué hablas —le suelto negando con la cabeza.

—Claro que lo sabes —contesta sin perder la sonrisa.

—Nathan.

—¿Sí? —pregunta con expresión inocente.

—Voy a tirarte al abrevadero.

—Eso no resolverá tu situación sentimental.

—No tengo ninguna situación sentimental.

Nathan se echa a reír sin disimulo y sin la menor intención de ayudarme.

—Eres adorable cuando mientes.

—Lárgate —le ordeno.

—Jamás.

Por fin deja de reírse y su expresión se vuelve un poco más seria, aunque solo un poco.

—Te gusta de verdad.

No es una pregunta y por eso no respondo. A pesar de eso, élasiente lentamente, como si acabara de confirmar una sospecha que llevaba semanas persiguiendo y eso me pone todavía más nervioso.

—Esto va a ser divertidísimo —anuncia.

—Será para ti…

—Exactamente —admite Nathan sin el menor remordimiento, porque para mí tiene pinta de convertirse en un desastre.

Una hora más tarde descubro que Nathan no piensa abandonar el asunto y lo descubro cuando llego al Wild River Café para reunirme con James y revisar unos documentos relacionados con una explotación cercana al río.

Cuando llego, Nathan, naturalmente, ya está allí, James también y Luke está en una mesa junto a la ventana con una taza de café entre las manos y la expresión resignada de un hombre que probablemente ha pasado la mañana persiguiendo a Ava.

—No —. La palabra sale de mi boca antes incluso de sentarme.

—Ni siquiera hemos dicho nada —dice James alzando una ceja.

—Os conozco.

—Eso parece un problema tuyo —responde Nathan.

—Yo tampoco quiero estar aquí —añade Luke dando un sorbo de su café.

—Mentira —le digo.

—Sí, bueno. Quiero estar aquí, pero no quiero estar en medio de lo que está a punto de ocurrir —aclara Luke.

Nathan y James sonríen y Luke suspira mientras empiezo a plantearme volver al rancho andando.

—Entonces —dice Nathan apoyándose contra el respaldo—. ¿Cómo va el matrimonio?

—Nathan.

—¿Qué?

—No.

—Respuesta registrada.

—La verdad es que yo también tengo curiosidad —interviene James.

—Tú tampoco ayudas —le digo a él ahora.

—Nunca ha sido mi función —me responde el sheriff guiñándome un ojo.

—Eso es cierto —añade Luke asintiendo con la cabeza.

Los tres parecen divertirse muchísimo, pero yo no.

—¿Habéis terminado? —les pregunto.

—Todavía no —responde Nathan.

—Qué sorpresa —chasqueo la lengua.

—Ava anunció oficialmente vuestra relación esta mañana —comenta Nathan mientras deja la taza sobre la mesa.

—Ava anuncia muchas cosas —respondo apoyándome en el respaldo de la silla.

—También anunció que iba a domesticar un oso —añade James.

—El oso parecía receptivo —afirma Luke después de dar un sorbo a su café.

—Gracias por tu aportación —le digo.

—Solo intento ayudar —responde Luke y se encoje de hombros.

—Pues no lo haces —le confirmo.

James me observa durante unos segundos con expresión pensativa.

—Está enamorado —sentencia finalmente y lo dice tan deprisa que incluso Nathan gira la cabeza para mirarlo.

—James… —empiezo a decirle.

—¿Qué? —pregunta él encogiéndose de hombros.

—No puedes decirlo así sin preparación previa —protesta Nathan.

—Claro que puedo.

—Hay normas —añade Nathan.

—No, no las hay.

—Tiene razón. Está enamorado —dice Luke volviendo a levantar su taza.

—Gracias, Luke —le digo apretando los labios.

—De nada.

—No te daba las gracias de verdad —le aclaro.

—Lo sé —asiente con una sonrisa pícara.

La conversación empieza a parecer una emboscada organizada.

—Todos sois insoportables —les suelto a los tres.

—Eso también suele ocurrir cuando tres personas tienen razón y una intenta negarlo —comenta Nathan señalándome con un dedo.

—No estoy negando nada.

Los tres me miran, aunque nadie habla, solo me miran fijamente.

—Os odio.

—También es una fase habitual —responde James.

—¿Tú cómo lo sabes? —le pregunto.

—Porque te conozco desde que llevabas aparatos en los dientes —dice James con una sonrisa.

Nathan se echa a reír, Luke también y yo empiezo a plantearme seriamente cambiar de amigos.

—Escucha —dice Nathan recuperando algo de seriedad y apoyando los antebrazos sobre la mesa—. No nos estamos burlando porque sí.

—Claro que lo estáis haciendo —le corrijo.

—Bueno, también —admite Nathan.

—Gracias por la sinceridad —me giro para decirle y Nathan ignora mi observación.

—Pero llevas semanas hablando de Lilly.

—No es verdad.

—Sí lo es —interviene James inmediatamente.

—Todo el tiempo —añade Luke.

—Porque vive en mi casa —les recuerdo.

—Eso no ayuda mucho a tu defensa —replica Nathan y yo resoplo, aunque él continúa antes de que pueda responder nada—. Cuando llegó, hablabas de ella porque te irritaba.

—Eso es cierto —asiento con la cabeza.

—Luego empezaste a hablar de ella porque discutíais.

—También es cierto —asiento de nuevo.

—Ahora hablas de ella porque te gusta escucharla.

La frase consigue que me quede callado, porque recuerdo demasiadas conversaciones recientes y el problema es que Nathan tiene razón. Me gusta escucharla, me gusta verla reír, me gusta descubrir cosas nuevas sobre ella… Maldita sea.

—No digas nada —dice James levantando una mano.

—No pensaba hacerlo.

—Mientes fatal —responde James.

—Todos sois lo peor.

—Y aun así sigues viniendo a desayunar con nosotros —añade Luke dejando su taza sobre la mesa.