Casada con un cowboy (Cowboys de Wild River 1) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—No he dicho nada —se defiende ella levantando las manos.

—Lo has pensado con mucho volumen —le responde Mason desde el otro lado de la mesa.

—Eso es un talento —afirma Bonnie sin el menor rastro de arrepentimiento.

En ese momento, Rose aparece desde el almacén cargando con una caja.

—Lilly, cariño, ¿puedes revisar esto también? —pregunta Rose dejando la caja sobre la mesa.

Acepto la caja sin pensarlo. Solo unos minutos después, mientras reviso nombres y organizo papeles sobre la mesa, me doy cuenta de que nadie me está tratando como una visitante.

Una mujer mayor me da las gracias por ayudar, otra me pregunta una duda sobre las donaciones y todas actúan como si fuera normal que estuviera aquí, como si nunca me hubiera marchado y la idea me deja pensativa durante un momento.

—¿Todo bien? —pregunta Mason.

—Sí —respondo enseguida.

Él me observa unos segundos, pero no insiste y se lo agradezco.

Regreso al Rancho Steele a media tarde, mientras Mason se queda en el pueblo hablando con Nathan sobre las tierras y yo vuelvo con Thomas, que ha pasado por el café a recoger unas cajas que Rose necesitaba sacar del almacén.

El trayecto es tranquilo, porque Thomas no habla mucho, pero tampoco resulta incómodo.

Hay personas que sienten la necesidad de llenar todos los silencios, pero Thomas no es una de ellas.

—Margaret dice que te estás adaptando bien —me comenta sin apartar la vista de la carretera.

—Margaret dice muchas cosas —respondo apoyando la cabeza en el respaldo.

—La mayoría son ciertas.

—Eso es precisamente lo preocupante.

Thomas sonríe.

—Mason parece más tranquilo desde que llegaste.

La frase me pilla por sorpresa.

—Creo que te equivocas.

—Puede ser —me contesta, aunque su tono me deja claro que no lo cree.

—¿Siempre sois así los Steele? —pregunto.

—¿Así cómo? —Thomas gira el volante para tomar una curva.

—Soltáis una frase inquietante y luego actuáis como si no hubiera pasado nada.

—Es una costumbre familiar —añade con una sonrisa.

—Ya veo.

Cuando llegamos, la casa principal está tranquila.

Margaret ha salido a visitar a una amiga y Thomas desaparece enseguida para ocuparse de un asunto del rancho.

Yo subo a mi habitación, porque estoy cansada, pero también siento algo más difícil de poner en palabras.

Siento algo parecido a haber pasado todo el día dentro de una vida que no era la mía y descubrir que, de algún modo, empiezo a encontrarme cómoda en ella.

Sin querer pensar más en eso, me doy una ducha, me cambio de ropa y guardo la cinta azul del festival que sigue sobre el escritorio.

Después, abro el portátil y durante un rato reviso correos sin importancia.

La mayoría son publicidad, informes, mensajes internos…

Cosas que pertenecen a la vida que dejé en Seattle.

Entonces aparece un correo nuevo y me quedo inmóvil, porque el remitente es el departamento de Desarrollo Internacional.

Siento como el corazón me empieza a latir más deprisa, porque sé exactamente lo que es ese correo, de hecho, llevo meses esperando esta respuesta.

Leo las primeras líneas y después continúo hasta el final.

La oferta definitiva está frente a mí. Me ofrecen la dirección del departamento con proyección internacional y equipo propio, es decir, más responsabilidad, pero también, más sueldo.

Todo aquello por lo que he trabajado durante años y el motivo por el que me marché de Wild River hace años.

Debería sentirme feliz y estar celebrándolo, pero no lo hago. Solo me quedo mirando la pantalla sin moverme. Porque ese correo no lo siento como una victoria, sino una pregunta, la más grande que me ha tocado responder nunca, el problema es que no tengo ni idea de cuál es la respuesta.

Hace unas semanas habría aceptado sin pensarlo.

Hace unos días habría utilizado esta oferta como prueba de que mi vida estaba en otro lugar, pero hoy me he despertado en una cabaña con Mason.

He vuelto al Rancho Steele y me he alegrado al verlo.

La pequeña Ava me ha llamado novia de Mason y él no la ha corregido.

Después, he pasado la mañana ayudando a Rose y, por primera vez desde que regresé, me he sentido parte de algo.

Ahora Wild River ya no me parece solo el lugar del que me fui y eso cambia muchas cosas.

La puerta de la habitación se abre unos minutos después. Levanto la vista y veo a Mason parado en el umbral, pero no sonríe, porque supongo que debe ver mi cara.

—¿Qué pasa? —pregunta Mason.

Miro la pantalla y después lo miro a él.

—En Seattle me han hecho una oferta.

Mason no se mueve.

—¿La que estabas esperando? —pregunta al cabo de unos segundos.

Asiento, aunque no consigo decir nada más.

—Eso es bueno —me dice bajando la vista hacia el portátil.

Mi frase debería sonar convencida, pero no lo hace. Quizá porque yo tampoco lo estoy.

—Sí —respondo al fin—. Es bueno.

Pero mi voz tampoco suena feliz. Mason entra en la habitación y se detiene a unos pasos de mí. No se acerca más, ni hace nada para decidir por mí. Hace unas semanas habría confundido eso con distancia, ahora, en cambio, sé que es respeto.

—¿Cuándo tienes que responder? —me pregunta.

Vuelvo a mirar el correo.

—Pronto.

—Vale —asiente y solo dice eso, no me pide que me quede, ni que me marche, ni utiliza lo que ocurrió entre nosotros para inclinar la balanza.

Me deja elegir, exactamente lo que siempre he querido y, aun así, noto un nudo en el pecho.

Miro otra vez la pantalla y la oferta sigue ahí. Perfecta e impresionante, es decir, todo aquello por lo que me marché y que siempre quise conseguir.

Mason permanece en silencio, mientras Seattle espera dentro del correo y Wild River al otro lado de la ventana. Pero yo, por primera vez en años, no tengo ni idea de qué camino quiero tomar.