Casada con un cowboy (Cowboys de Wild River 1) Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

—Esto no me gusta nada —me dice Mason cuando la llamada termina.

—Coincidimos otra vez.

—Esto empieza a ser preocupante —añade mientras se guarda el teléfono en el bolsillo posterior del vaquero.

—Muchísimo.

Por desgracia, antes de llegar al despacho necesitamos tomar un café para despejarnos un poco, el problema es que para tomar un café en Wild River solo hay un lugar … Cinco minutos después empujo la puerta del Wild River Café. La campanilla suena y el local entero gira la cabeza para mirarnos.

—No.

La palabra sale de mi boca antes de pensarla.

—Oh, sí —me contesta Rose que aparece detrás del mostrador con una sonrisa radiante.

A su lado, Bonnie prácticamente brilla. Walter ocupa una mesa junto a la ventana y Hank está sentado frente a él.

Parece que hayan quedado los cuatro para esperar a que lleguemos, por lo que tengo la sensación de que este intento de tomar un café, más que un desayuno acaba de convertirse en una emboscada.

—Voy a marcharme —le susurro a Mason.

—No vas a marcharte —me prohíbe cogiéndome del brazo para que no me mueva del sitio.

Rose ya está caminando hacia nosotros.

—Buenos días, recién casados.

—Rose.

—Cariño —le responde ella con una gran sonrisa.

—No hagas eso.

—¿El qué? —pregunta Rose arrugando el entrecejo.

—Llamarnos recién casados —le aclara Mason.

—Pero es lo que sois —le contesta ella mirándonos al uno y al otro de forma alterna.

—Solo temporalmente.

—Qué optimista.

Bonnie aparece junto a ella.

—Tengo muchas preguntas.

—No vas a hacer ninguna —me apresuro a atajar.

—Pues tengo muchísimas.

—Bonnie —le llama la atención Mason.

—¿Quién propuso qué?

—Bonnie —. Ahora soy yo quien le llama la atención.

—¿Hubo discurso? —Bonnie continúa en su intento de saber cómo sucedió todo.

—Bonnie —le vuelve a llamar la atención Mason.

—¿Os besasteis antes o después?

—BONNIE —le grito.

Varias personas del local empiezan a reírse justo en el momento en el que yo querría desintegrarme y Mason parece debatirse entre la huida y el homicidio.

—Os dije que esto acabaría mal —dice Walter y da un sorbo a su café.

—Nadie te escuchó —le responde Rose.

—Nadie me escucha nunca —refunfuña Walter.

—Porque te quejas constantemente —añade Bonnie.

—Porque suelo tener razón.

Hank interviene inmediatamente.

—Yo sigo pensando que fue romántico.

—Para ti cualquier cosa es romántica —le dice Rose.

—Eso no es verdad —le contesta Hank.

—Pero si lloraste viendo un anuncio de pienso para perros —afirma Bonnie.

—Porque el perro encontró a su familia —le responde Hank con convencimiento.

Walter levanta los ojos al cielo y yo también.

—Sentaos —nos indica Rose señalando una mesa.

—No tenemos tiempo —le digo negando con la cabeza.

—Ya os he preparado desayuno —nos cuenta.

—Rose —le llama la atención Mason.

—Ya está pagado —nos advierte.

—Rose —insiste Mason.

—Y he hecho tortitas —añade Rose.

Mason me mira, yo lo miro a él y ambos sabemos que estamos derrotados, así que nos sentamos y Rose deposita dos platos frente a nosotros.

—Comed —nos ordena con una sonrisa de oreja a oreja.

—No tengo hambre —le respondo.

—Mentira —insiste ella.

No hay forma humana de ganar esta conversación, así que durante varios minutos intentamos desayunar mientras Bonnie intenta sonsacarnos información, Hank aporta teorías ridículas y Walter se dedica a comentar que todo era perfectamente previsible.

Rose parece disfrutarlo todo mucho más de lo que debería.

—¿Sabéis qué es lo peor?

Bonnie apoya los codos sobre la mesa.

—No, ni quiero saberlo. —digo de forma tajante.

—Que hacéis muy buena pareja.

Casi me atraganto y Mason también.

—No —me apresuro a negar.

—Sí.

—Estamos intentando anularlo —les informo.

—Claro —dice Rose alzando una ceja.

—Lo digo en serio —insisto.

—Yo también —contesta Rose dejando una taza de café sobre la mesa—. Sea como sea, William se estaría riendo muchísimo.

Esa frase consigue algo que ninguna otra ha logrado durante toda la mañana: que nos callemos, porque tiene razón. Porque puedo imaginarme perfectamente a mi abuelo disfrutando como el que más de todo esto.

Mason baja la mirada hacia su café y yo hago lo mismo. Después de unos segundos me pongo en pie.

—Tenemos que irnos —les digo.

—Nathan os espera —añade Mason.

—Entonces no lo hagáis esperar —responde Rose asintiendo.

Pagamos, ignoramos las despedidas, sobrevivimos a tres felicitaciones más y conseguimos escapar por fin del café.

El despacho de Nathan ocupa la segunda planta de un edificio de ladrillo rojo junto a la plaza. Cuando estamos frente a la puerta, Mason llama con los nudillos.

—Adelante —escuchamos una voz desde el otro lado y entramos.

Nathan está sentado tras su escritorio rodeado de carpetas y al vernos no sonríe, algo que me preocupa inmediatamente, porque Nathan siempre sonríe.

—Bien —empieza a decir dejando los documentos sobre la mesa—. Supongo que queréis saber cómo anular vuestro matrimonio.

—Exactamente —digo yo.

—Cuanto antes —añade Mason.

Nathan nos observa durante unos segundos y después entrelaza las manos sobre la mesa frente a él y la expresión que aparece en su cara hace que mi estómago se hunda.

—Lilly.

—¿Sí?

—No haría planes para marcharme todavía.