CAPÍTULO 15 #3
—Tengo una reunión con los abogados a las nueve —dijo.
—Yo con un posible inversor a las diez.
Su mirada se dirigió hacia mí.
—¿Un inversor?
—Necesito sustituir los contratos cancelados.
—Puedo…
—No.
Álex cerró la boca.
—De acuerdo.
Aquello era exactamente lo que había exigido.
Que no decidiera por mí.
Que no utilizara su dinero.
Que respetara la separación.
¿Por qué resultaba tan insoportable cuando lo hacía bien?
Bebí café.
—Sobre anoche… —comenzó.
El calor me subió inmediatamente al rostro.
—No ocurrió nada.
Sus ojos se fijaron en los míos.
—Claudia.
—Llegaré tarde.
Dejé la taza y salí de la cocina.
No intentó detenerme.
* * *
La reunión con el inversor se celebró en un hotel discreto del centro.
Se llamaba Martín Olivares y dirigía un fondo especializado en pequeñas empresas creativas. Había contactado después de la rueda de prensa, afirmando que admiraba la forma en que había defendido mi independencia.
La conversación duró casi una hora.
No ofreció dinero inmediato, pero sí una línea de financiación razonable a cambio de una participación minoritaria.
Era una posibilidad real.
Una que no dependía de Álex.
Estábamos revisando las condiciones cuando mi teléfono vibró.
Un mensaje de Hugo.
Tenemos que hablar sobre Valdés. Sé qué buscaba cuando investigó tu empresa.
Lo ignoré.
Llegó otro.
Tengo correos anteriores a la cancelación de la gala.
Mi estómago se tensó.
Guardé el teléfono.
Terminé la reunión y me despedí de Martín en el vestíbulo.
Hugo esperaba fuera.
Apoyado contra un coche, con gafas de sol y aquella expresión segura que siempre había confundido con encanto antes de conocer a un hombre verdaderamente peligroso.
—Te he dicho que no me contactaras.
—Eso se lo dijiste a Mateo.
—También sirve para ti.
—Entonces no querrás ver esto.
Levantó una memoria USB.
—¿De dónde la has sacado?
—De una persona que trabajó con el equipo de comunicación del Grupo Valdés.
—¿Mateo?
—No todo gira alrededor de los hermanos Valdés.
—Todo lo que haces últimamente sí.
Hugo guardó la memoria en el bolsillo.
—Álex investigó tu agencia antes de cancelar la gala.
—Eso ya lo sé.
—No solo hizo una valoración.
—¿Qué hizo?
—Pidió informes sobre todos tus empleados, tus clientes y las personas con acceso al sistema del evento.
—Porque había una filtración.
—Los pidió tres semanas antes de que se detectara.
La calle pareció inclinarse.
—Eso no es posible.
—Los correos tienen fecha.
—Pueden estar manipulados.
—Entonces compruébalos.
Volvió a sacar la memoria.
No la cogí.
—¿Qué quieres a cambio?
—Nada.
—Nunca haces nada gratis.
Hugo sonrió sin alegría.
—Quizá no me guste ver cómo ese hombre te convierte en parte de su colección.
—No soy parte de ninguna colección.
—Entonces demuéstralo.
—¿Trabajas para Mateo?
—Trabajé con él. No para él.
—¿Qué significa eso?
—Me pagó por información sobre tus deudas y nuestra relación.
—Ya lo sabía.
—No le dije todo.
—Qué noble.
—Claudia, Álex no canceló la gala cuando descubrió la filtración.
La memoria permanecía entre sus dedos.
—La investigación ya existía antes. Sabía que algo iba a ocurrir.
Finalmente cogí el dispositivo.
—¿Por qué me lo das ahora?
—Porque Mateo piensa utilizarlo en la junta.
—¿Y tú has decidido traicionarlo?
—He decidido no hundirme con él.
Hugo abrió la puerta del coche.
—Revisa el correo del veintidós de abril. Lo envió la oficina de Álex dos semanas antes de la cancelación.
Se marchó.
Me quedé en la acera con la memoria cerrada dentro del puño.
Regresé a la agencia.
Vera y yo utilizamos un ordenador sin conexión para abrir los archivos.
Había decenas de correos.
Informes.
Listas.
Accesos.
Y uno fechado antes de que el Grupo Valdés hubiera comunicado cualquier problema de seguridad.
El remitente era Samuel.
El destinatario, Álex.
Hemos completado la revisión solicitada sobre Montes Eventos. La propietaria no parece conocer la vulnerabilidad. Recomendamos mantener el contrato activo hasta identificar el origen y evitar que descubra la investigación.
Debajo aparecía la respuesta de Álex.
Continúen. Claudia Montes no debe saber nada hasta que tengamos al responsable.
Leí el mensaje otra vez.
Después una tercera.
Álex había investigado mi empresa antes de la cancelación.
Había detectado una vulnerabilidad y había mantenido el evento activo sin avisarme.
Me había permitido seguir contratando proveedores, adelantando pagos y arriesgando todo mientras él utilizaba mi agencia como parte de una investigación secreta.
La cancelación no había sido una reacción repentina.
Álex sabía que mi empresa estaba en peligro.
Y había decidido no decírmelo.
Cerré el correo.
—Claudia —dijo Vera—. Puede haber una explicación.
—Siempre hay una explicación.
—Habla con él.
Miré la alianza de mi dedo.
Había pasado semanas preguntando.
Álex había tenido decenas de oportunidades.
En su despacho.
En la villa.
En nuestra cama.
Después de prometer que confiaba en mí.
Y había seguido eligiendo el silencio.
—No —dije.
Me quité el anillo.
Esta vez no volví a ponérmelo.
—Ya no quiero escuchar otra explicación que llegue demasiado tarde.