Casada con el villano que me matará Capítulo 105 — La aceptación
87%

Capítulo 105 — La aceptación

El decimoctavo día después de la abdicación de la antigua Casa Real se celebró ante el Consejo la primera reunión completa de selección del gobernante.

Quedaban doce días para que terminara el plazo de treinta días de Cassian.

La reunión no siguió el antiguo procedimiento de deliberación real.

Los miembros directos de la antigua Casa Real habían quedado excluidos del proceso de selección.

Nadie podía reclamar la herencia solo por su sangre.

La comisión provisional de selección estaba integrada por representantes de nueve grandes casas, seis jueces de la ciudad, cuatro testigos militares y cuatro representantes comerciales y bancarios.

Helena podía ofrecer opiniones administrativas sobre el antiguo Palacio.

No tenía voto. El templo solo se encargaba de verificar los juramentos públicos y los registros históricos. No podía nominar a ningún candidato.

Miles de personas se reunieron fuera del Consejo.

Nadie podía llevar armas a la plaza. Guardias de las puertas, soldados retirados, comerciantes de cereales, conductores, trabajadores portuarios y representantes de distintos distritos estaban en grupos separados.

No todos apoyaban la misma propuesta. Solo coincidían en una cosa: No habría más decisiones secretas.

La primera propuesta volvió a ser de Severn.

Alaric estaba en el centro del salón. A su lado estaba Julian Alden, de doce años.

El niño llevaba una casaca ceremonial azul oscuro, adaptada al estilo de la antigua Casa Real.

No tenía corona. Pero los pesados bordados de oro ya le vencían los hombros.

Alaric propuso: Julian hereda el trono. Una regencia de cinco miembros gobierna el Imperio durante seis años.

Severn administra el gobierno central y la coordinación militar.

Hurst administra las finanzas. Los jueces de la ciudad designan a un miembro para supervisar la ley y los procedimientos.

Belmont ocupa el puesto comercial del Sur.

Ella administra el suministro civil y el gobierno interno del Palacio.

Cassian conserva el Norte y jura lealtad a Julian.

El representante de Belmont respondió de inmediato.

—Belmont no ha aceptado un puesto en esta regencia. Tampoco autorizamos a Severn a proponer condiciones en nuestro nombre.

El representante de Hurst habló después.

—Hurst tampoco ha aceptado la regencia de Severn. Presentamos una propuesta independiente de consejo financiero. No un puesto financiero bajo la Corona de Julian.

—Todos los nombramientos se confirmarán formalmente después de aprobarse la propuesta —respondió Alaric.

El secretario anotó junto al plan: Ni el puesto financiero propuesto ni el puesto comercial del Sur han sido aceptados por las casas previstas. Un juez de la ciudad formuló la primera pregunta.

—¿Quién paga las deudas militares ya contraídas?

—La nueva Casa Real emitirá bonos a largo plazo —respondió Alaric.

Un representante bancario continuó.

—¿Qué ingresos los garantizan?

—Los futuros impuestos centrales.

—¿Cuántos territorios reconocen actualmente a Julian?

Alaric hizo una pausa.

—El número aumentará después de su ascensión formal.

La segunda pregunta:

—¿Quién garantiza que los caminos civiles no vuelvan a ser requisados?

—La regencia.

—¿Y si los cinco miembros discrepan?

—Decide la mayoría.

—Si un ejército ya ha entrado en el camino, ¿cuánto tardará la votación?

No hubo una respuesta clara. La tercera pregunta:

—¿Quién asume las deudas de la antigua Casa Real?

—La nueva Casa Real asumirá todas las deudas razonables después de revisarlas.

—¿Quién decide qué es razonable? —preguntó el representante de Hurst.

—La regencia.

La cuarta pregunta:

—¿Quién puede hacer que los ejércitos ya movilizados dejen de ocupar los territorios de los demás?

Alaric miró hacia el asiento que debía haber ocupado Cassian. Estaba vacío.

—El duque Cassian puede continuar como comandante militar supremo.

El juez preguntó enseguida:

—¿Y si se niega a jurar lealtad a Julian?

El salón quedó en silencio. Alaric no respondió. La propuesta de Severn necesitaba a Cassian. Pero no contenía nada capaz de hacer que Cassian obedeciera al niño. El juez continuó con la quinta pregunta.

—¿Reconocerá el nuevo gobernante que el sello, la autoridad de firma civil, la propiedad privada y las atribuciones administrativas internas de Ella Valerius no pueden transferirse automáticamente por matrimonio, enfermedad o incapacidad temporal?

—Puede conservar un puesto administrativo —respondió Alaric—. Pero el derecho definitivo de interpretación debe pertenecer a la regencia.

Ella escribió en el registro público: No reconoce la condición.

La segunda propuesta fue de Hurst. Su consejo de regencia financiera podía explicar cómo se reestructurarían las deudas antiguas.

Podía aportar cifras concretas para restablecer el crédito central en tres años.

Hurst estaba dispuesto a reconocer la autoridad independiente de firma y la propiedad privada de Ella.

Pero todo proyecto que implicara impuestos centrales, almacenes públicos o deuda imperial sería sometido a auditorías financieras periódicas.

Ella no se opuso a las auditorías. Escribió en el registro: Puede ser auditado.

Una auditoría no puede suspender automáticamente el sello ni revocar la autoridad de firma.

La propuesta de Hurst seguía sin poder explicar quién ejecutaría una orden militar después de que el consejo la emitiera.

Tampoco podía garantizar que los ejércitos de trece regiones obedecieran a un comandante elegido mediante votos de banqueros y representantes familiares.

La tercera propuesta fue del duque Grant del Oeste.

Era un noble adulto. Mandaba a ocho mil soldados del Oeste.

Y estaba dispuesto a ocupar personalmente el trono.

Sus respuestas fueron más directas que las de los demás.

—Si el ejército se niega a obedecer, se lo obliga.

Cassian no estaba presente. Un testigo militar preguntó:

—¿Pretende usar ocho mil hombres para obligar a obedecer simultáneamente al Norte, el río Gris, las guarniciones de la capital y la caballería del Sur?

—La guerra decidirá —respondió Grant.

Tampoco eludió la quinta pregunta.

—Un rey debe tener autoridad para revocar cualquier poder subordinado. Ningún sello puede permanecer independiente de la Corona.

Ella escribió en el registro: Se opone explícitamente.

Fuera del Consejo se oyó un breve alboroto.

El secretario registró íntegramente ambas respuestas de Grant.

Antes de que terminara la presentación de su propuesta, dos regiones mineras del Oeste habían retirado el apoyo provisional que le habían ofrecido.

La cuarta propuesta fue la asamblea administrativa de un año de Helena.

Estaba dispuesta a reconocer las atribuciones actuales de Ella.

También aceptaba que el sello no pudiera transferirse automáticamente por matrimonio o enfermedad.

Pero su plan solo podía mantener los archivos, los tribunales y los antiguos funcionarios palaciegos.

No tenía ejército. Ni dinero suficiente para asumir todas las deudas antiguas.

Después de presentar las principales propuestas, aún no había en el Consejo nadie capaz de responder a las cinco preguntas.

Los jueces de la ciudad ordenaron abrir las peticiones conjuntas recibidas aquel día.

Doce ciudades solicitaban que Cassian entrara en la selección del gobernante.

Siete campamentos militares exigían que siguiera siendo comandante militar supremo tras establecerse el nuevo orden.

Tres bancos declararon: Cualquier plan que no cuente con la garantía material del ejército de Valerius no puede recibir crédito para nueva deuda central.

La opinión escrita de Belmont era más directa: Sin el ejército de Cassian, ningún acuerdo puede salir de la capital.

Sin el sistema civil de Ella, ningún ejército puede permanecer mucho tiempo en ella. Alaric se levantó.

—Estas peticiones se redactaron mientras el ejército del Norte ocupaba la capital. No hay garantías de que se hayan presentado libremente.

—¿Bajo la ocupación de quién se encontraron las banderas de socorro en el almacén de Severn? —preguntó un juez.

Alaric no dijo más. Tras suspenderse la sesión matinal, cuatro representantes de la selección se trasladaron formalmente al puesto militar de la puerta norte. Pidieron a Cassian que acudiera al Consejo. Cassian rechazó la primera invitación.

—No presenté ninguna propuesta.

—El Imperio presentó una por usted —respondió un representante.

—No la autoricé.

—Puede rechazarla en persona.

Cassian los miró.

—Ya dije que me retiraré al cabo de treinta días.

—Precisamente por eso todos deben saber si retirarse es su única opción —dijo un juez.

Cassian no fue inmediatamente al Consejo. Regresó primero a la residencia ducal. Ella esperaba en el estudio del ala este. Sobre la mesa no quedaban documentos de otras familias. Solo dos acuerdos en blanco. Uno contenía sus condiciones. El otro estaba reservado para él. Cassian cerró la puerta.

—Sabías que vendrían a buscarme.

—Sí.

—Por eso preparaste esto.

—No pienso dejar que decidas mi posición delante de todos sin avisarme.