Casada con el villano que me matará Capítulo 14 — Se marchaba
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Capítulo 14 — Se marchaba

Ella se dio cuenta de que Cassian se preparaba para dejar la capital cuando los corredores se llenaron de botas.

Los caballeros no dejaban de pasar por el vestíbulo.

Bajaban arcones de armas y uniformes, y en los establos había ruido desde el amanecer.

Ella comía tarta de limón en el comedor pequeño.

—¿Hay problemas en el Norte?

Benedict asintió.

—Unos mercenarios cortaron una de las rutas de grano de la frontera. También ha habido enfrentamientos en dos territorios dependientes.

—¿Cassian irá?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Mañana por la mañana.

Ella tomó otro bocado.

—¿Seguiré controlando las cuentas de la casa?

—Sí.

—¿Y los carruajes y los guardias?

—Como hasta ahora.

—¿Puedo celebrar reuniones?

—La lista de invitados debe registrarse con antelación.

—Bien.

Benedict vaciló.

—¿No desea preguntar cuándo regresará Su Gracia?

—¿Lo sabe él?

—No.

—Entonces no sirve de nada preguntar.

Llevaban menos de tres semanas casados. Ella no podía decir sinceramente que fuera a echarlo de menos.

Cuando Cassian estaba en casa, quería saber adónde había ido, con quién se había visto y cuándo pensaba regresar.

Su ausencia quizá fuera un alivio. Durante un tiempo, no tendría que temer equivocarse de camino y terminar delante de su espada.

Estaba viva. Tenía dinero, habitaciones propias, autoridad en la casa y una provisión interminable de dulces.

Su marido se iba a la guerra. Comparado con morir, no parecía especialmente desafortunado.

Cassian la encontró con una modista aquella noche.

—Sabes que me marcho.

—Sí.

—No viniste a verme.

—¿Para qué?

—Para preguntar adónde voy.

—Al Norte.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sabes.

—¿Algo más?

Ella lo pensó.

—¿Buen viaje?

No sonó especialmente sincero. Cassian se detuvo delante de ella.

—No te importa.

—Llevamos unas semanas casados. ¿Esperabas que ya no pudiera vivir sin ti?

Él no pareció ofendido.

—Mientras esté fuera, no saldrás de la capital.

—Bien.

—Y llevarás ocho guardias cada vez que entres en el palacio.

Ella frunció el ceño.

—Ocho ya son demasiados.

—Doce.

—Entonces ocho de repente me parecen perfectos.

—Rowan viene conmigo al Norte. Mira se queda.

—¿Para protegerme?

—Para vigilarte.

—Al menos eres sincero.

Cassian continuó como si ella no lo hubiera interrumpido.

—Los informes de la casa llegarán cada mes. Mira me enviará aparte el de seguridad.

—¿Para decirte si he huido?

—Sí.

Ella sonrió.

—Aquí vivo muy bien. ¿Por qué iba a huir?

Cassian le sujetó la barbilla.

—Mantente lejos de la puerta roja.

—¿Cómo te enterarás desde cientos de kilómetros de distancia?

—Mira me lo dirá.

—Así que para ti proteger y vigilar son realmente lo mismo.

—Lo son.

Miró hacia la puerta.

—Benedict. Tráelo.