Casa Ravenmoor: El Pacto (Casa Ravenmoor 1) Capítulo 23
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Capítulo 23

Lo que Nyx nunca prometió

Fue a los tres días, con la casa todavía llena de gente y las cuatro niñas repartidas entre criadas y vecinas, y no se molestó en esperar a que anocheciera.

Cruzó los campos a plena luz con el abrigo del funeral aún puesto y se plantó en la línea de árboles retorcidos gritando un nombre que no era un nombre.

- ¡NYX!

Los árboles no se movieron. Nunca se movían.

- ¡Sal! ¡Sal de ahí y mírame a la cara!

- No hace falta que grites.

La silueta estaba apoyada en el tronco de siempre, y Damian habría jurado que no estaba un segundo antes. Te oigo desde que saliste de la casa. Te oigo desde hace veinte años, Lord Ravenmoor. Es parte del trato.

- Dijiste que no controlabas eso.

- Y no lo controlo.

- ¡Dos!

Damian dio tres pasos hacia ella y se detuvo, temblando entero. ¡Dos mujeres! ¡La misma casa, el mismo dormitorio, la segunda hija las dos veces! ¡No me digas que no lo controlas, no te atrevas!

Nyx guardó silencio un momento.

- Te creo capaz de pegarme - dijo, con algo parecido a la curiosidad. Sería la primera vez en cuatrocientos años. Me da cierta pena decirte que no serviría de nada.

- Devuélvemela.

- No.

- Cámbiala por mí. Ahora mismo. Aquí. Tómame a mí y devuélvela, y quédate con la casa, con las tierras, con todo…

- Damian.

Era la primera vez, en veinte años, que le llamaba por su nombre de pila, y aquello le cortó más que cualquier negativa. Tu vida no vale nada en este trato. No es crueldad; es contabilidad. Nunca la pedí porque no me sirve, y tampoco le sirve a lo que hay detrás de mí.

El viento movió las hojas de los árboles normales, los de este lado, y no movió las de los otros.

- ¿Detrás de ti? - Damian levantó la cabeza muy despacio. La otra vez te pregunté quién decidía esto si no eras tú, y no me contestaste. Contéstame ahora.

- No.

- ¿Por qué no?

- Porque hay una diferencia entre lo que no quiero decirte y lo que no puedo, y llevas veinte años sin aprender a distinguirlas.

La silueta se apartó del tronco. Te diré lo único que me está permitido, y te lo diré una sola vez, así que escúchame bien: yo no maté a tu mujer. Ninguna de las dos. Nunca prometí que salieran ilesas, es cierto, y esa mezquindad me la merezco. Pero yo no las maté.

- Entonces, ¿qué las mató?

Nyx tardó tanto en responder que Damian creyó que ya se había ido.

- El equilibrio - dijo al fin. Se ha sacado mucha vida de este lado para sostener tus tierras, Lord Ravenmoor.

Los campos que no se hielan. El ganado que no enferma.

Las cosechas que ganan a las de tus vecinos todos los años, sin excepción, desde hace veinte.

¿De dónde creías tú que salía todo eso? ¿De la nada?

Damian sintió que el suelo se le movía.

- Todo se paga - dijo Nyx. Y cuando el que firma no ofrece bastante, se cobra de donde hay. Vete a casa. Tienes cuatro hijas y ninguna madre, y estás perdiendo la tarde conmigo.