Casa Ravenmoor: El Pacto (Casa Ravenmoor 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

Odalys

Odalys Ravenmoor nació en una madrugada de julio, sin complicaciones, sin urgencias, sin que la partera tuviera que cambiar el tono de voz ni una sola vez.

Damian esperó en el pasillo con la espalda contra la pared, y cuando le dijeron que podía entrar y vio a Rossmery incorporada contra las almohadas, agotada, sudada y viva, con una niña de pelo negrísimo en los brazos, se le doblaron las piernas y tuvo que sentarse en el suelo, allí mismo,

delante de la partera y de dos criadas.

- Levántate, hombre, que me la vas a asustar -dijo Rossmery, y se echó a reír, y la risa se le rompió en la mitad y terminó en otra cosa.

Se llamó Odalys por la abuela de Rossmery, que había sido, según su nieta, «una mujer insoportable y absolutamente imprescindible».

Aquella noche, con la casa dormida y la niña en la cuna, Rossmery le dijo la frase que Damian llevaría clavada el resto de su vida.

- Una.

- No digas eso.

- Voy a decirlo yo antes de que lo pienses tú, porque si lo piensas tú y te lo callas se nos va a poner entre medias y no vamos a poder ni mirarnos.

Se giró en la almohada para tenerlo de frente.

- Una, Damian. Tenemos una. Y mientras solo haya una, yo estoy aquí.

El aritmética era obscena y los dos la entendieron a la primera.

- Entonces no tengamos más.

- Ah. - Rossmery sonrió en la oscuridad. Ese es el otro asunto del que quería hablarte.

Damian tardó en entender. Cuando entendió, se incorporó de golpe.

- No.

- Escúchame.

- He dicho que no. Rossmery, escúchame tú a mí. Podemos parar. Podemos dormir separados, si hace falta; hay matrimonios enteros que funcionan así, y a mí me da exactamente igual, ¿me oyes?, me da igual, con tal de que dentro de tres años sigas discutiendo conmigo por las noches…

- Damian.

- …y no pienso, no pienso, no pienso hacerlo otra vez, no voy a…

- Damian.

Rossmery le puso una mano en el pecho y esperó a que la respiración le bajara.

- ¿Y si el pacto no es lo que crees?

Él la miró.

- Llevo seis años leyendo, y hay una cosa que no te he dicho porque no estaba segura y sigo sin estarlo.

Se sentó en la cama. Nyx te dijo: cada hija mujer que engendres deberá ser reclamada al cumplir veintiún años. Eso es lo que compró. ¿Sí?

- Sí.

- Entonces, ¿por qué se muere la madre?

Rossmery dejó la pregunta caer entre los dos y esperó.

- Eso no lo compró. Eso ni siquiera lo controla; te lo dijo ella misma, en esa habitación, y tú me lo repetiste palabra por palabra. Damian, en seis años de textos no he encontrado un solo pacto en el que muera alguien que no firmó. Ni uno. - Bajó la voz.

- O la mató otra cosa. O la mató el parto, como a tres de cada cien. O hay alguien más en este trato del que ni tú ni yo sabemos nada.

El reloj del pasillo dio las tres.

- Y no voy a averiguarlo - dijo Rossmery quedándome muy quietecita el resto de mi vida.