Casa Ravenmoor: El Pacto (Casa Ravenmoor 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Catorce meses

Lo que Damian recordaría de aquellos catorce meses no fueron los libros.

Recordaría que Rossmery leía moviendo los labios cuando el texto era difícil y que se avergonzaba muchísimo si la pillabas.

Que tenía una manera propia de decir «no» que consistía en levantar una ceja y seguir leyendo.

Que no sabía montar a caballo, que se negó tres veces a aprender y que a la cuarta aceptó a condición de que no hubiera testigos, y que se cayó dos veces y a la tercera cruzó el prado entero al trote riéndose a carcajadas de una forma que se oyó desde la casa.

Recordaría, sobre todo, la noche de febrero en que se cortó con el filo de un tomo del siglo pasado y él le sujetó la mano bajo la luz de la vela para ver la herida, y que los dos se quedaron así más tiempo del que hacía falta para ver una herida de tres milímetros,

y que ninguno de los dos dijo absolutamente nada, y que Rossmery retiró la mano primero.

Aquella noche Damian bajó a la capilla familiar, que llevaba tres años cerrada, y se sentó en el banco de delante a hablar con una mujer que no estaba.

- No sé cómo se hace esto - dijo en voz alta, y le pareció ridículo, y siguió.

No sé si esto es traicionarte o si es lo que tú me habrías dicho que hiciera.

Y lo peor, Elara, lo peor de todo, es que creo que sé perfectamente cuál de las dos cosas es y me estoy haciendo el tonto para poder seguir sintiéndome decente.

La capilla no contestó, porque las capillas no contestan.

Subió, y no dijo nada durante cuatro meses más.

Fue ella quien lo dijo, en junio, en la biblioteca, a las once de la noche, sin levantar la vista del libro.

- Damian.

- Dime.

- O me lo dices tú, o me voy yo a la capital en el coche del jueves y no volvemos a hablar de esto en la vida. - Pasó una página que no había leído. Las dos cosas me parecen razonables. Lo que no me parece razonable es este año que llevamos.

Él dejó la pluma.

- Hay algo que tienes que saber antes.

- Ya lo sé.

- No lo sabes.

- Damian. - Rossmery cerró el libro por fin y lo miró. He catalogado ochocientos volúmenes sobre entidades de frontera, he leído toda tu correspondencia falsa, llevo catorce meses viviendo en una casa que no se hiela en invierno y en la que hay una mujer joven enterrada en el jardín. - Se levantó.

- No sé los detalles. Pero no soy tonta, y me ofende bastante que a estas alturas todavía te lo parezca.

- Siéntate, por favor. - Damian se pasó las manos por la cara.

- Los detalles son lo único que importa. Y cuando los oigas, te vas a ir en el coche del jueves de todas formas, y yo mismo voy a decirle a Halton que lo prepare.

Rossmery se sentó.

Y él empezó a hablar.