Casa Ravenmoor: El Pacto (Casa Ravenmoor 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

Seraphine

Elara Ravenmoor, nacida Baltimore, murió esa madrugada de finales de invierno, pocas horas después de dar a luz a su segunda hija.

Damian no recordaría con claridad los días que siguieron.

Recordaría fragmentos: Halton organizando el funeral con una eficiencia silenciosa porque Damian era incapaz de organizar nada; el padre de Elara, con el rostro deshecho de dolor, sosteniendo a sus dos nietas por turnos como si aferrarse a ellas pudiera de alguna forma devolverle a su hija;

la tía Prudence llegando de nuevo sin avisar, esta vez sin ironía alguna en su expresión, quedándose semanas enteras solo para asegurarse de que Damian comiera algo cada día.

Isadora, apenas mayor de un año, no entendía por qué su madre ya no estaba, y lloraba por las noches buscándola de una forma que a Damian le partía algo dentro cada vez que la escuchaba.

Seraphine, recién nacida, no conocería jamás el rostro de la mujer que la había traído al mundo, más allá de lo que Damian pudiera contarle con palabras, años después, sobre una madre que había existido de verdad y que la había querido desde el primer instante en que la sostuvo entre sus brazos.

- Esto es mi culpa - le dijo Damian a la tía Prudence, una noche, semanas después del funeral, con las dos niñas por fin dormidas y la casa en el silencio pesado que había reemplazado la felicidad de los años anteriores. Todo esto. Si nunca hubiera ido al Velo

- Entonces habrías perdido esta casa de todos modos, y probablemente a Elara también, porque un hombre desesperado y arruinado rara vez logra cortejar a nadie con éxito.

La tía Prudence no suavizaba nunca sus palabras, pero esa noche había algo casi gentil en su dureza. No sabemos qué habría pasado, Damian. Solo sabemos lo que pasó. Y lo único que puedes hacer ahora es lo que le prometiste a Elara: cuidar a esas niñas, y no dejar que la culpa te aleje de ellas.

- ¿Cómo hago eso, cuando cada vez que las miro pienso en lo que les espera? ¿En que algún día, a los veintiún años, algo del otro lado del Velo va a venir a reclamarlas, igual que algo se llevó a su madre?

La tía Prudence guardó silencio un largo momento antes de responder.

- Entonces tienes veintiún años, Damian.

Para cada una de ellas. Veintiún años para amarlas tanto, para darles tanta fuerza y tanto conocimiento sobre el mundo, que cuando llegue ese día, no importa lo que las espere del otro lado del Velo, ellas puedan enfrentarlo sabiendo exactamente quiénes son y cuánto valen.

Eso es lo único que está en tus manos ahora. Úsalo bien.

Damian no encontró consuelo completo en esas palabras esa noche, no encontraría consuelo completo en nada, durante mucho tiempo, tal vez nunca del todo, pero algo en ellas se le quedó grabado, y en los años que siguieron, se convertiría en la brújula silenciosa de todo lo que hizo como padre.

Se juró, esa noche, mirando a sus dos hijas dormidas en la misma cuna donde Isadora había dormido sola apenas un año atrás, que jamás volvería a mentirles como le había mentido a Elara.

Que jamás las dejaría enfrentar solas ninguna verdad, por dura que fuera.

Que las amaría con la clase de amor total y sin reservas que Elara había merecido y que él, por miedo, le había dado incompleto.

No sabía, esa noche, si sería suficiente. Pero era, en ese momento, todo lo que tenía para ofrecer.