Capítulo 13
La segunda sangre
Descubrieron que Elara estaba embarazada de nuevo casi un año después de esa noche, en una mañana de invierno que debería haber sido motivo de alegría pura, y que en cambio llegó cargada de un miedo que ninguno de los dos lograba nombrar en voz alta frente al otro.
- Podría ser un niño - dijo Damian, más como súplica que como afirmación, la noche que ella le contó la noticia. Nyx dijo que los varones no le interesan.
- ¿Y si no lo es?
Damian no tuvo respuesta para eso. Los meses siguientes los pasó buscando, con una desesperación silenciosa que ocultaba de Elara tanto como podía, cualquier forma de romper o modificar el trato que había hecho.
Escribió a estudiosos de textos antiguos en la capital, bajo nombres falsos, preguntando sobre pactos con entidades del Velo.
Visitó, en más de una ocasión, a la tía Prudence en su casa junto a la costa, buscando cualquier fragmento de conocimiento que su familia hubiera guardado sobre tratos similares.
- Los pactos como el tuyo no se rompen, Damian - le dijo la tía Prudence, la última vez que la visitó, con una compasión que no suavizaba la dureza de la verdad.
Se cumplen, o se pagan de otra forma, generalmente peor.
Lo único que puedes hacer ahora es prepararte para lo que venga, y proteger a tus hijas lo mejor que puedas dentro de los términos que ya aceptaste.
Volvió al Velo una noche, sin decírselo a Elara, dispuesto a suplicar si era necesario.
Nyx lo esperaba, como siempre, con esa paciencia que ya no le parecía amable sino depredadora.
- Has vuelto a buscar una salida - dijo Nyx, antes de que Damian pudiera hablar. Todos lo intentan, en algún momento. Ninguno lo logra.
- Te lo suplico.
Las palabras le costaron todo el orgullo que le quedaba. Mi esposa está embarazada de nuevo. Si es otra niña…
- Entonces será otra niña unida al pacto. Como acordamos. - La voz de Nyx no tenía crueldad en ella, lo cual, de alguna forma, la hacía peor. No te prometí bondad, Lord Ravenmoor. Te prometí prosperidad a cambio de un precio específico. Ambos cumplimos nuestra parte hasta ahora.
- ¿Y si te ofrezco algo más? ¿Cualquier otra cosa?
Nyx ladeó la cabeza, con algo parecido a la curiosidad genuina cruzando su rostro sin rasgos claros.
- ¿Qué podrías ofrecerme, exactamente, que valiera más que lo que ya está acordado?
Damian no tuvo respuesta para eso, porque en el fondo, sabía que no tenía nada más que ofrecer.
Su título no significaba nada para una entidad del Velo.
Su fortuna, restaurada gracias al mismo trato que intentaba romper, tampoco.
Y su propia vida, que hubiera entregado sin dudar si eso hubiera bastado, Nyx nunca la había pedido, ni parecía interesada en pedirla ahora.
- Vete a casa, Lord Ravenmoor - dijo Nyx, casi con algo parecido a la lástima.
Cuida a tu esposa. Prepárate para lo que venga.
Y deja de intentar romper algo que no puede romperse, porque cada vez que lo intentas, me pregunto si debería recordarte cuán generosa he sido hasta ahora comparada con lo que podría haber pedido.
Fue la primera vez que Damian sintió, con una certeza fría, que Nyx podía ser mucho más terrible de lo que había sido hasta entonces, y que su aparente paciencia no era bondad sino, simplemente, que el trato hasta ese momento le había resultado conveniente tal como estaba.
Volvió a casa esa noche sin ninguna salida, sin ninguna esperanza nueva, y encontró a Elara despierta, esperándolo en la puerta con una expresión que le dijo, sin palabras, que ella sabía exactamente a dónde había ido.
- No puedes romperlo - dijo ella, no como pregunta.
- No.
Elara asintió, despacio, y se llevó una mano al vientre todavía apenas curvado.
- Entonces tenemos que dejar de buscar una salida que no existe, Damian, y empezar a prepararnos de verdad. Por Isadora. Y por quien venga después.