Dubái, 7 de abril de 2015
Querida Sara,
No sé por qué, pero anoche estuve recordando El diario de Ana Frank, nuestro libro favorito cuando éramos pequeñas; incluso me levanté de madrugada para sumergirme en Google y volver a leer algunos párrafos, sobre todo los de su historia de amor con Peter van Daan,
el otro niño judío escondido junto a ella en la casa de atrás.
Nuestra teoría siempre ha sido que Ana jamás se habría enamorado de Peter si no llega a ser porque la persecución nazi la obligó a compartir dos años y medio de su vida junto a él y otras seis personas escondidos en un desván.
De hecho, Ana ya conocía a Peter del colegio, y siempre le había considerado un holgazán y un quisquilloso.
Empezó a encontrarle «muy habilidoso» al poco tiempo de empezar a conocerle mejor en ese entorno de miedo y aislamiento, y acabó enamorándose de él, logrando así que su cautiverio fuera hasta cierto punto más llevadero.
Te estarás preguntando a qué viene esto, ¿verdad?
Pues viene a que no me puedo quitar a Faysal de la cabeza: ¿y si Faysal fuera mi Peter y Dubái mi desván?
, ¿habría tenido estos sentimientos tan fuertes que he empezado a experimentar hacia él si no estuviera encerrada en este país ni hubiera descubierto que mi marido lleva años engañándome con otra?
… En definitiva, que no sé si me estoy empezando a colar por el guapísimo local solo porque me siento sola; sola y traicionada.
Tengo que intentar sacármelo de la cabeza, que bastantes problemas tengo ya y bajo ningún concepto puedo permitirme crear uno más.
Voy a empezar a prepararme ya para la cena de esta noche con Alfredo: ojalá todo salga tal y como tengo previsto. Te quiero, amiga.
Lola