Cartas desde Dubái Dubái, 14 de marzo de 2015
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Dubái, 14 de marzo de 2015

Querida Sara,

Ya han pasado dos semanas desde que envié mi currículum y no me ha llamado nadie. No lo entiendo: pensaba que me iban a llover las ofertas de trabajo, que mi teléfono no iba a parar de sonar… Pero no ha sonado ni siquiera una vez.

He llamado a Alice desesperada por la falta de respuesta y me ha explicado que mi perfil es de alto directivo y que en Emiratos Árabes esos puestos de trabajo los suelen ocupar hombres a los que se ficha en otros países (Europa y Estados Unidos, normalmente) a través de Heads Hunters,

y se les ofrece un paquete muy tentador, como el que le pusieron a Alfredo encima de la mesa, que incluye casa, coche, colegio para los niños, seguro médico, afiliación a un club de playa de algún hotel, etc. Las empresas siempre prefieren contratar a hombres casados,

porque tienen estudiado que el hecho de trasladar a toda la familia es una garantía de que van a permanecer más tiempo en el puesto de trabajo: es un paso difícil de dar pero, una vez que se toma la decisión de hacer las maletas y mudarse,

la vuelta atrás es complicada si hay más personas involucradas en ella.

Así que, según Alice, el hecho de que yo sea mujer y de que no haya necesidad de expatriarme es algo que juega en mi contra.

Su consejo ha sido que comience a llamar a todas las empresas a las que me he dirigido; e incluso me ha dado permiso para que dé su nombre como referencia a dos o tres personas que la conocen de haber trabajado juntas en alguna ocasión: eso es lo que voy a empezar a hacer mañana mismo.

Te reconozco que este silencio ha supuesto un fuerte varapalo a mi orgullo profesional, yo que siempre he estado tan segura de mí misma en lo que al tema laboral se refiere, y, por otra parte, me ha deprimido bastante,

porque ya tengo claro que no puedo vivir aquí el resto de mi vida simplemente recibiendo clases de árabe, yendo al gimnasio o tomando el sol en la playa.

Sé que acabaría volviéndome completamente loca, así que tengo que conseguir un trabajo como sea, y al parecer no me va a resultar tan fácil como había pensado.

Pero por el momento me voy de compras, que pasado mañana es nuestra ladies night y para una vez que salgo con mis amigas quiero estar muy guapa ese día.

Te quiero, preciosa, ojalá pudieras venir con nosotras a cenar y echar unos bailes, como en los viejos tiempos.

Un beso muy grande,

Lola

PS. Me da un poco de vergüenza confesarlo, aunque sea a ti, que eres mi alma gemela y nunca te he ocultado nada, pero creo que estoy empezando a beber demasiado: como siga así voy a acabar convirtiéndome en una ama de casa alcohólica como muchas de las que he visto aquí en Dubái (mi amiga Céline,

sin ir más lejos, aunque ella no lo quiera reconocer).

En cuanto recojo a los niños por la tarde en el colegio ya estoy pensando en llegar pronto a casa para abrir mi botella de vino, que suelo terminar ese mismo día.

Estoy empezando a asustarme y sé que no puedo seguir así, que le tengo que poner freno a esto porque si no voy a acabar muy mal, sobre todo en un país de religión musulmana en el que rige la sharia y en el que el tema del alcohol está tan mal visto, y mucho más siendo mujer.

No sé qué me pasa, no sé cómo he podido llegar a esto.