Dubái, 17 de noviembre de 2014
Querida Sara,
Me estoy dando cuenta de que tener tanto tiempo libre puede ser algo muy pernicioso, porque no dejas de darle vueltas a la cabeza una y otra vez a las mismas cosas y al final no puedes evitar exagerar lo que en circunstancias normales podría ser una simple tontería.
Te cuento esto porque durante la cena con Alfredo en el hotel Armani él me soltó una frase: «Ha sido una idea estupenda venirnos a Dubái para arreglar lo nuestro», a la que apenas presté atención en ese momento.
«Pero si nosotros no teníamos nada que arreglar, cariño: solo éramos dos personas muy ocupadas entre el trabajo y los niños, y teníamos poco tiempo para vernos, eso es todo».
Y ahí quedó la conversación, enseguida cambié de tema.
Sin embargo, llevo dos días dándole vueltas a esas tres palabras, «arreglar lo nuestro», preguntándome si se estaba refiriendo a algo más que a la falta de tiempo para pasarlo en pareja, si de verdad mi marido creía que nuestro matrimonio estaba estropeado.
Pero no, sé que no, que Alfredo y yo estamos y hemos estado siempre muy enamorados y que, si bien es cierto que en los últimos años apenas hemos podido disfrutar de escapadas románticas de fin de semana o cenas íntimas a la luz de las velas,
nuestra unión es de las que superan cualquier obstáculo y es para siempre, de eso no tengo ninguna duda, estoy completamente segura de su amor incondicional hacia mí.
Obviamente, el problema es mío por haber interpretado mal lo que quería decirme, pero es probable que si no tuviera tantas horas libres ni siquiera habría vuelto a pensar en esa frase.
En definitiva, que he decidido que voy a apuntarme a un gimnasio por las mañanas: las clases de árabe no bastan para mantener mi mente ocupada.
¿Ves cómo el aburrimiento es malo? Si estuvieras aquí conmigo nunca me aburriría y no me comería la cabeza con tonterías.
Te quiero mucho.
Lola